El destino de Satanás y de los demonios

La Biblia deja claro que se está produciendo una lucha seria e intensa entre Cristo y sus seguidores por una parte y Satanás y sus fuerzas por la otra. Evidencias de esta lucha incluyen la tentación de Jesús (Mt. 4:1-11), los encuentros de Jesús con los demonios y muchos otros pasajes (e.g. Lc. 22:31-34; Gá. 5:16-17; Ef. 6:10-20). La tentación de Jesús representó una victoria preliminar sobre Satanás. Otras anticipaciones de la victoria final las podemos encontrar en Lucas 10:18; Juan 12:31; 14:30; 16:11; Romanos 16:20; Hebreos 2:14-15; 1 Juan 2:13; 3:8; 5:18. Apocalipsis 12 describe una guerra en el cielo entre Miguel y sus ángeles por una parte y Satanás y los suyos por la otra; una guerra que termina con Satanás expulsado del cielo hacia la tierra y después atacando a Cristo y a su iglesia. En Apocalipsis 20 leemos que Satanás será encerrado por mil años (v. 2) y después liberado por un tiempo antes de ser arrojado a un lago de fuego y azufre para siempre (v. 10). Jesús señala que ese será también el destino de los ángeles de Satanás (Mt. 25:41).

La batalla decisiva en la guerra entre el bien y el mal fue disputada y ganada por Cristo con la crucifixión y la resurrección. Satanás ha sido vencido y aunque continúa luchando desesperadamente, su destino ha sido sellado. Los cristianos tienen que sentirse reconfortados al saber que no tienen por qué ser vencidos en ninguno de sus encuentros específicos con Satanás (1 Co. 10:13; 1 Jn. 4:4).