Punto de vista cristiano de la humanidad

En los apartados anteriores hemos visto diferentes conceptos de la naturaleza de la humanidad, ninguno de los cuales es satisfactorio como idea de cómo se debe vivir. Algunos, como la idea del hombre como animal, puede servir como teoría abstracta, pero ni siquiera el biólogo cree que su hijo recién nacido sea simplemente un mamífero cualquiera. Otras ideas fracasan porque cuando satisfacen las necesidades que desde su punto de vista son fundamentales para los humanos (por ejemplo las necesidades económicas y sexuales) existe todavía una sensación de vacío e insatisfacción. Otros puntos de vista como el mecanicista, son despersonalizadores y por lo tanto frustrantes. Se puede considerar que estas son formas satisfactorias de entender la humanidad sólo dejando de lado aspectos de su propia experiencia. El punto de vista cristiano, en contraste, es una alternativa compatible con toda nuestra experiencia.

La idea cristiana sobre la humanidad, es que un ser humano es una criatura de Dios, hecho a imagen de Dios. Esto significa, lo siguiente:

1. La humanidad se ha originado no a través de un proceso de evolución accidental, sino por un acto consciente y decidido de Dios. La razón de la existencia humana reside en la intención del Ser Supremo.

2. La imagen de Dios es intrínseca e indispensable a la humanidad. Podemos observar que sea lo que sea que separe a los humanos del resto de la creación, sólo ellos son capaces de tener una relación personal consciente con el Creador y de responderle; pueden conocer a Dios y entender lo que desea de ellos, pueden amar, adorar y obedecer a su Hacedor. Estas respuestas pueden cumplir de forma más completa la intención del Hacedor para con los humanos.

3. El humano también tiene una dimensión eterna. El punto definido de inicio en el tiempo fue su creación por un Dios eterno, que dio a los humanos un futuro eterno. Por lo tanto, cuando preguntamos qué es lo bueno para los humanos, no debemos contestar sólo en términos del bienestar temporal o el confort físico. Se debe alcanzar otra dimensión (y en muchos sentidos más importante). En consecuencia, no favorecemos a los humanos cuando les protegemos de pensar en los temas del destino eterno.

Sin embargo, seguramente, el humano como parte de la creación física y del reino animal, tiene las mismas necesidades que los otros miembros de estos grupos. Nuestro bienestar físico es importante. Como le preocupa a Dios, también debería preocuparnos a nosotros. También somos seres unificados; por lo tanto el dolor y el hambre afecta a nuestra habilidad para concentrarnos en la vida espiritual. Y somos seres sociales, colocados en la sociedad para funcionar mediante relaciones.

No podemos descubrir nuestro significado real considerándonos a nosotros y a nuestra propia felicidad como los valores más altos, ni encontrar la felicidad, la realización o satisfacción buscándola directamente. Nuestro valor nos ha sido conferido por un ser más alto. Es de ahí de donde viene la satisfacción, derivada del compromiso con Dios. Es entonces cuando nos damos cuenta de la verdad que hay en las palabras de Jesús: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Mr. 8:35).

Muchas de las preguntas que la cultura contemporánea hace de forma directa o implícita son contestadas por el punto de vista que el cristianismo tiene de la humanidad. Además, este punto de vista da un sentido de identidad a los individuos. La imagen del humano como una máquina conduce al sentimiento de que somos piezas que pasan inadvertidas y carecen de importancia. Sin embargo, la Biblia indica que Dios nos valora y nos conoce a cada uno de nosotros: nuestros cabellos están contados (Mt. 10:28-31). Jesús habla del pastor que, aunque tiene noventa y nueve ovejas a salvo en el redil, se va a buscar a la que está perdida (Lc. 15:3-7). Así es como Dios considera a cada ser humano.

Lo que estamos afirmando aquí es que el punto de vista cristiano sobre los hombres es más pertinente para ellos que cualquier otro punto de vista. Esta imagen de la humanidad explica todo el conjunto de los fenómenos humanos de una forma más completa y con menos distorsión que cualquier otro. Y este enfoque de la vida, mucho más que cualquier otro, nos permite funcionar de maneras más satisfactorias a largo plazo.

El salmista preguntó: "¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra. Lo hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies." (Sal. 8:4-6).

 

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