Evaluación de los puntos de vista

Ahora vamos a evaluar los tres puntos de vista generales sobre la imagen de Dios vistos anteriormente. Empezaremos con los menos tradicionales, los conceptos de imagen como relación y como función.

El punto de vista relacional ha aprovechado correctamente la verdad de que sólo el hombre, de entre todas las criaturas, conoce y se relaciona conscientemente con Dios. Las imágenes de Adán y Eva en el huerto del Edén sugieren que Dios y ellos normalmente estaban en comunión. Los humanos no fueron creados como meras obras de arte, estatuas para mostrar la creatividad y la sabiduría de Dios, sino para cumplir la intención especial que Dios tiene para ellos. Es significativo que tanto en la ley del Antiguo Testamento (los Diez Mandamientos en Éxodo 20) como en la declaración de Jesús de los dos grandes mandamientos (Mt. 22:36-40; Mr. 12:28-31; Lc. 10:26-27), el propósito de la voluntad de Dios para con los humanos tenga que ver con las relaciones con Dios y con otros humanos.

Sin embargo, hay ciertos problemas con la idea de que la imagen de Dios sea un asunto puramente relacional. Uno de ellos es la universalidad de la imagen. ¿En qué sentido se puede decir que los que están viviendo en total indiferencia hacia Dios, o incluso en una rebelión hostil contra él, son (o están en) la imagen de Dios? Brunner ha intentado contestar a esto indicando que siempre hay una relación, que uno está siempre “ante Dios.” Pero esto parece tener poco significado. La distinción de Brunner entre los elementos materiales y formales de la imagen, junto con su insistencia de que incluso el elemento formal es relacional más que estructural, parece carecer de base bíblica y ser bastante forzada.

Otro problema que aparece es cuando preguntamos qué tienen los humanos que les permite tener esta relación que ninguna otra criatura puede tener. Aunque Barth y Brunner se resisten a plantear la cuestión, debe hacerse. Desde luego hay algunos factores previos para que la relación se produzca. Al criticar la posición de Brunner, John Baillie señaló que no hay forma sin contenido. Se puede decir que Brunner en efecto contestó a esta crítica cuando declaró que el contenido actual es diferente del contenido original. Desde el punto de vista de Brunner existe contenido (aunque ha cambiado), y por lo tanto puede haber forma. Sin embargo, esto no parece evitar la dificultad, porque Baillie está preguntando qué hace posible la imagen formal, mientras que la declaración de Brunner de que hay un cambio en el contenido es en realidad una referencia a la realización del sentido material de la imagen.

Debemos concluir que las presuposiciones totalmente anti-sustanciales de Barth y Brunner, que sugerimos que partían del existencialismo, les llevaron por el camino equivocado. Esto conduce a la posición de que lo que hace especial al humano debe ser algo formal más que sustantivo. Pero la base exacta de la constitución formal del hombre como ser capaz de relacionarse nunca se ha perfilado.

Cuando pasamos al punto de vista funcional, de nuevo vemos un aprovechamiento perspicaz de uno de los principales elementos en la representación bíblica de la imagen de Dios, esto es, que el acto de Dios de crear al hombre va seguido inmediatamente del mandato de dominar. Sin duda hay, cuando menos, una conexión cercana entre la imagen y el ejercicio del dominio. También hay seguramente un paralelismo entre Génesis 1 y el Salmo 8 (por ejemplo en la descripción del ámbito sobre el cual deben tener potestad los humanos). Sin embargo también existen dificultades en este punto de vista.

Una dificultad está en la conexión entre el Salmo 8 y Génesis 1. Los términos imagen y semejanza no aparecen en el Salmo 8. Si ese salmo depende de Génesis 1, donde encontramos referencias específicas a la imagen, y si el ejercer dominio sobre las criaturas que se menciona en los versículos 7-8 del salmo constituye de verdad la imagen de Dios, entonces sería de esperar que en este pasaje apareciera también alguna referencia específica a la imagen.

Además, Génesis 1 no contiene ninguna relación clara de la imagen de Dios con el ejercicio del dominio. Al contrario, hay indicaciones de que son distinguibles. Se dice que Dios creó al hombre a su imagen; después le dio la orden de ejercer la potestad. En otras palabras, se habla de que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios antes de que se le ordene que ejerza la potestad. En el versículo 26 el uso de dos expresiones exhortativas: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” y “tenga potestad,” parecen distinguir los dos conceptos. Walter Eichrodt señala que se da una bendición al crear al hombre, pero que es necesaria una segunda bendición antes de poder ejercer potestad sobre las criaturas. El punto de vista funcional parece haber tomado una consecuencia de la imagen y haberla igualado a la imagen misma.

Ahora debemos considerar atentamente el punto de vista sustantivo o estructural. Es significativo que el mismo texto de las Escrituras nunca identifique qué cualidades dentro del humano podrían ser la imagen. Es justificada la crítica de que, en intentos erróneos de identificar ese tipo de cualidades, una serie de defensores del punto de vista estructural hayan sugerido conceptos no bíblicos (por ejemplo, el antiguo concepto griego de razón). Además, el punto de vista estructural a menudo se ve reducido a un aspecto de la naturaleza humana y, en particular, a la dimensión intelectual. Esto a su vez implica que la imagen de Dios varía según los diferentes seres humanos. Cuanto más intelectual es una persona, más presente en ella está la imagen de Dios. Y luego está el problema adicional de determinar exactamente qué paso cuando Adán y Eva cayeron en pecado. No parece que la caída afectase a la inteligencia o a la razón en general. Es más, algunos no creyentes son más inteligentes y perceptivos que algunos de los cristianos más santificados.