Introducción al canon bíblico

La palabra griega 'kanon', probablemente es de origen hebreo ('cáneh'); significa un instrumento de medición (ver Ez. 40:3-5). Pasó más tarde a significar regla, norma de doctrina o conducta (Gá. 6:16; Fil. 3:16). En el siglo II, los cristianos empleaban el vocablo "canónico" para designar los escritos apostólicos, a fin de distinguirlos de otra literatura religiosa pero no inspirada. Con el transcurso del tiempo, este término fue utilizado para referirse a la lista cerrada oficialmente de los libros considerados como Escritura Sagrada.

¿Por qué era necesario formar el canon? Si los creyentes no tuvieran una colección fija de documentos cuya autenticidad y valor espiritual fueran vindicados por la historia, el testimonio del Espíritu Santo y el reconocimiento de la comunidad cristiana, no podrían distinguir entre los libros inspirados y los que son meramente religiosos, entre los de doctrina pura y otros con conceptos adulterados. Es imprescindible saber que los escritos están inspirados para poder confiar implícitamente en ellos como la norma de fe y práctica.

Sobre todo, la salvación misma de los seres humanos depende de que posean la doctrina correcta: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn. 8:32). El canon, según la metáfora de Lutero, es la cuna en que yace el evangelio. Alguien observa: "Sin adherencia al canon, el cual -en el sentido más amplio- es testigo de la historia de Jesús, la fe en Cristo ... llegaría a ser una ilusión".

En esta sección, estudiaremos acerca de la formación del canon. Surgen algunas preguntas relevantes: ¿Cómo sabemos que la Biblia contiene solamente libros inspirados por el Espíritu Santo? ¿De qué manera fueron reconocidos como tales? ¿Quiénes decidieron cuáles obras literarias serían incluidas? ¿Qué criterio influía en sus decisiones? ¿Cuándo fueron los libros considerados autoritativos? Es fundamental que sepamos las respuestas a estas preguntas para que podamos confiar en la autoridad de las Sagradas Escrituras.

Señalamos que no hay uno, sino dos cánones: el hebreo y el cristiano. En nuestra Biblia, el primero consiste en 39 libros y constituye el Antiguo Testamento; el segundo consiste en 27 libros y se llama el Nuevo Testamento.

Muchos libros son mencionados en la misma Biblia, pero no por ello forman parte del canon. Algunos ejemplos son: El libro de las batallas (Nú 21:14), el libro de Jaser (Jos 10:13), el libro de Gad (1 Cró 29:29), el libro de Jehú (2 Cró 20:34), etc. Para que un libro pueda considerarse como canónico debe antes ajustarse a ciertas normas y reglas. Resumidamente, un libro autorizado como sagrado tiene que, como mínimo, contestar afirmativamente las siguientes preguntas:

1. ¿Es autoritativo? Autoridad es la marca de la inspiración porque procede del que dice poseerla (Mr 1:22; Hch 4:13). Los libros canónicos están salpicados con la frase de autoridad “Así dice el Señor” (Is 22:14; Jer 2:19; Hch 7:49, 15:18; Ro 12:19, 14:11; 1 Co 14:21; He 8:8-10; Ap 1:8; entre otros muchos).

2. ¿Es apostólico? La Biblia enseña muy claramente que Dios solo habla por medio de hombres santos (Gá 1:1, 11-12; He 1:1; 2 P 1:20). Es la manera en que Dios ejerce su autoridad a través de la humanidad, delegándola personalmente.

3. ¿Es autentico? Ningún libro que diga ser inspirado por Dios puede ser un fraude o una falacia. Al contrario, ese libro debe hablar la verdad sobre Dios y el hombre y, sobre todo, Cristo debe ser la figura principal (Jn 5:39; Hch 17:11; 1 Jn 4:1; 2 P 2:1-3).

4. ¿Es dinámico y activo? Es decir, ¿Tiene capacidad para cambiar vidas? ¿Es un libro que puede convencer, persuadir, demostrar, atraer a una persona incrédula y hacerle ver de la necesidad de Dios en su vida? (Ef 6:17; 2 Ti 3:15-17; He 4:12; 1 P 1:23).

5. ¿Es aceptado y aprobado? Para ser un libro autorizado, éste debe ser un libro recibido y reconocido por el pueblo de Dios. Ha debido de circular y ser usado en el culto de las iglesias (1 Ts 2:13; 2 P 3:15-16). Además de esto, no hay que olvidar que en el proceso de la canonización de la Biblia siempre intervino la guía y dirección del Espíritu Santo, dando testimonio de la verdad (Jn 16:13; 1 Ts 1:5; 1 Jn 4:6, 5:6).