Un modelo de inspiración

Visto todo lo expuesto en los apartados anteriores, será necesario encontrar alguna manera de integrar todas las consideraciones. Manteniendo la metodología expuesta anteriormente tomaremos en consideración principalmente el material didáctico. Esto significa concluir que la inspiración se extiende incluso hasta la elección de las palabras (esto es, inspiración verbal). Sin embargo, determinaremos el significado exacto de esa elección de palabras examinando los fenómenos.

Observemos que concluyendo que la inspiración es verbal no hemos empleado el argumento abstracto basado en la naturaleza de Dios. Esa es la opinión de que como Dios todo lo sabe, es todopoderoso y preciso y ha inspirado la Biblia, esta debe ser totalmente su palabra, incluso hasta en la elección de la terminología particular. Más bien, nuestro argumento a favor de la inspiración verbal se basa en el material didáctico, el punto de vista de las Escrituras mantenido y enseñado por Jesús y los escritores bíblicos, no sobre una inferencia abstracta de la naturaleza de Dios.

Un punto importante es observar que el problema palabras versus ideas es artificial. En realidad no pueden separarse. Una idea particular o un concepto no puede ser representado por todas las palabras disponibles en un idioma. Sólo un número limitado de palabras serán eficaces para ello. Cuanto más precisa sea una idea, más reducido será el número de palabras que puedan expresarla. Al final en cierto modo sólo lo hará una palabra, si es realmente precisa la relación entre la palabra y la idea. Aquí no nos estamos refiriendo a lo específico (esto es, lo detallado) que sea el concepto; más bien estamos hablando del grado de claridad y agudeza de la idea. Nos referimos al primero como el grado de especificidad o detalle, y al segundo como el grado de precisión o enfoque. Cuando el grado de precisión (o claridad o agudeza en la mente) se incrementa, hay un decrecimiento correspondiente en el número de palabras que servirán para expresar el significado.

Estamos sugiriendo que puede que lo que haga el Espíritu sea dirigir los pensamientos del escritor bíblico. La dirección efectuada por el Espíritu, sin embargo, es bastante precisa. Siendo Dios omnisciente, no es gratuito asumir que sus pensamientos sean precisos, más que los nuestros. En consecuencia, dentro del vocabulario del escritor, una palabra comunicará de forma más apta el pensamiento que Dios está expresando (aunque esa palabra en sí misma puede que sea inadecuada). Creando el pensamiento y estimulando el entendimiento del autor bíblico, el Espíritu le conducirán en efecto a utilizar una palabra en lugar de cualquier otra.

Aunque Dios dirige al escritor para que utilice palabras particulares (precisión) para expresar una idea, la idea misma puede ser bastante general o bastante específica. Esto es lo que el lingüista Kenneth Pike ha llamado la dimensión de la magnificación. No se puede esperar que la Biblia despliegue siempre la magnificación máxima o un gran detallismo. Más bien, expresará justo el grado de detalles o la especificidad que Dios pretende, y, en ese nivel de magnificación, justo pretende ese concepto. Esto explica que a veces las Escrituras no sean tan detalladas como podríamos esperar o desear. De hecho, ha habido ocasiones en las que el Espíritu Santo, para servir al propósito de una situación nueva, ha impulsado al autor de las Escrituras a reexpresar un concepto en un nivel más específico que el de su forma original.

En nuestra opinión aquí la inspiración implicaba que Dios dirigía los pensamientos de los escritores, para que fueran precisamente los pensamientos que deseaba expresar. A veces estas ideas eran muy específicas y otras eran más generales. Cuando eran más generales, Dios quería ese grado particular de especificidad recogida, y no más. A veces una especificidad mayor podría causar distracción. Otras veces la especificidad era importante. El concepto de propiciación, por ejemplo, es un concepto muy específico.

Para determinar el grado de especificidad, es útil poder hacer una exégesis cuidadosa en los idiomas bíblicos originales. Conocer el grado de especificidad es importante porque en muchos casos tiene que ver con el tipo de autoridad que se debería adscribir a un pasaje. A veces los escritores del Nuevo Testamento aplicaban una verdad bíblica de una forma nueva. La interpretaban y elaboraban; esto es, la hacían más específica. Otras veces la retenían y aplicaban exactamente de la misma manera. En el primer caso, la forma de la enseñanza del Antiguo Testamento no era de autoridad normativa para el creyente del Nuevo Testamento; en el último caso, sí lo era. Sin embargo, en ambos casos el relato fue históricamente autoritativo; esto es, se podría determinar por él lo que se dijo y se hizo y lo que era normativo en la situación original.

Hemos concluido que la inspiración era verbal, extendiéndose incluso a la elección de las palabras. Sin embargo, no era meramente verbal, ya que a veces las ideas pueden ser más precisas que las palabras disponibles. Ese fue, probablemente, el caso con la visión de Juan en Patmos, que produjo el libro del Apocalipsis.

En este punto se plantea generalmente la objeción de que si la inspiración se extiende hasta la elección de las palabras se convierte necesariamente en dictado. Contestar a este cargo nos obligará a teorizar sobre el proceso de la inspiración. Aquí debemos señalar que los autores de las Escrituras, al menos en los casos en los que conocemos su identidad, no eran nuevos en la fe. Habían conocido a Dios, aprendido de él y practicado la vida espiritual durante algún tiempo. Por lo tanto Dios había estado obrando en sus vidas durante algún tiempo, preparándoles a través de una amplia variedad de experiencias familiares, sociales, educativas y religiosas, para la tarea que iban a realizar. De hecho, Pablo sugiere que él fue escogido incluso antes de nacer (“que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia” Gá. 1:15). Durante toda la vida Dios estuvo obrando para dar forma y desarrollar al autor individual. Así, por ejemplo, la experiencia del pescador Pedro y del médico Lucas fueron creando la clase de personalidad y cosmovisión que emplearían más tarde para escribir las Escrituras.

A veces se asume que el vocabulario que es distintivo en un escritor es el elemento humano de las Escrituras, una limitación dentro de la cual Dios debe necesariamente obrar dando la Biblia. Sin embargo, por lo que acabamos de ver sabemos que el vocabulario de los autores de las Escrituras no era exclusivamente un factor humano. El vocabulario de Lucas es el resultado de su educación y todo el alcance de su experiencia; en todo esto Dios había estado obrando preparándole para su tarea. Equipado con esta cantera de palabras planeadas por Dios, el autor después escribió. Por lo tanto, aunque la inspiración en el sentido estricto de la palabra se puede adjudicar a la influencia del Espíritu Santo en el momento mismo de la escritura, supone un largo proceso de la obra providencial de Dios en el autor. Entonces, en el momento de la escritura, Dios dirige el pensamiento del autor. Como Dios tiene acceso al proceso de pensamiento del humano, y, en el caso del creyente, habita en el individuo por medio del Espíritu Santo, esto no es difícil, en particular cuando el individuo ora en busca de la iluminación y está receptivo. El proceso no es muy diferente a la telepatía, aunque más interno y personal.

Pero ¿es posible que este tipo de control mental sea una especie de dictado? Recuerde que el autor de las Escrituras ha conocido a Dios durante mucho tiempo, se ha sumergido en la verdad ya revelada y ha cultivado una vida de devoción. Para alguien en esta situación es posible, sólo con la sugerencia de una dirección nueva, “pensar los pensamientos de Dios.” Edmund Husserl, el fenomenólogo, tenía un discípulo y ayudante fiel, Eugen Fink. Fink escribió una interpretación de la filosofía de Husserl a la que su maestro dio la aprobación. Se dice que cuando Husserl leyó el artículo de Fink exclamó: “¡Es como si lo hubiera escrito yo mismo!” Así que un autor de las Escrituras, dadas las circunstancias, podría escribir el mensaje de Dios tal y como Dios quería que se escribiera sin recurrir al dictado.

Por supuesto, hay porciones de la Biblia donde parece que el Señor realmente dice: "Escribe..." Esto es particularmente cierto en el material profético y apocalíptico, pero el proceso descrito antes no era el patrón normal y normativo, el material profético y apocalíptico no es más inspirado que el resto de la Biblia. Es más, aunque ya hemos señalado que hay, en contraste directo con los pasajes que muestran evidencias de dictado, algunos materiales de las Escrituras que no se revelan especialmente (por ej. Los datos históricos disponibles fácilmente), ese material bíblico no carece de inspiración divina. No hay una correlación especial, pues, entre género literario e inspiración; esto es, un género no es más inspirado que otro. Aunque a veces discriminamos porciones de las Escrituras basándonos en su diferente potencial para edificarnos en varios tipos de situaciones, eso no significa que reflejen diferentes grados de inspiración. Mientras que los Salmos pueden ser más satisfactorios personalmente e inspiradores que las Crónicas, esto no significa que estén más inspirados.

Aunque la inspiración expresa una cualidad especial para escribir, esa cualidad no siempre es fácil de reconocer y valorar. Por otra parte, los materiales devocionales y el sermón del monte tienen una cualidad que tiende a sobresalir y que se puede identificar con bastante facilidad. En parte, esto se debe al objeto de estudio. Sin embargo, en otros casos, como las narraciones históricas, la cualidad especial que expresa la inspiración puede ser un tema de corrección narrativa, y eso no se puede valorar fácil o directamente. No obstante, el lector sensible probablemente detectará dentro del conjunto de la Biblia una cualidad que apunte a la inspiración sin lugar a dudas.

El hecho de que podríamos ser incapaces de identificar la cualidad de la inspiración en un pasaje en particular no debería alterar nuestra interpretación de ese pasaje. No debemos considerar que tiene menos autoridad. La inspiración verbal no requiere una interpretación literal de pasajes que son de naturaleza inequívocamente simbólica, como “los que esperan en Jehová...levantarán alas como las águilas” (Is. 40:31). Esto requiere tomarse muy en serio la tarea de la interpretación, y hacer un esfuerzo inteligente y sensato por descubrir el mensaje preciso que Dios deseaba expresar.

La inspiración aquí se concibe como algo aplicable al escritor y al escrito. En el primer sentido, el escritor es el objeto de la inspiración. Sin embargo, cuando el escritor redacta las Escrituras la calidad de la inspiración pasa también al escrito. Es inspirado por derivación. Esto es como la definición de revelación como el acto de revelar y el contenido revelado. Hemos observado que la inspiración presupone un periodo extenso de la obra de Dios en el escritor. Esto no sólo implica la preparación del escritor, también la preparación del material para este uso. Aunque la inspiración en el sentido estricto probablemente no se aplica a la conservación y transmisión de este materia, la providencia que guía este proceso no debería pasarse por alto.

En este apartado hemos tomado en consideración la cuestión del método y hemos elegido elaborar nuestro punto de vista de la inspiración de la Biblia enfatizando las enseñanzas de la Biblia respecto a su propia inspiración, aunque dando un lugar importante, pero secundario, a los fenómenos de las Escrituras. Hemos intentado elaborar un modelo en el que haya lugar para ambas consideraciones. Algunos otros temas planteados al principio se tratarán en la sección sobre la inerranciaComo la Biblia ha sido inspirada, podemos confiar en tener la instrucción divina. El hecho de que no viviéramos cuando sucedieron las revelaciones y 

las enseñanzas por primera vez no nos empobrece espiritual y teológicamente. Tenemos un guía seguro. Y estamos motivados a estudiarlo de forma intensa, ya que su mensaje es realmente la palabra de Dios para nosotros.