Propiciación
En nuestra discusión del material paulino sobre la expiación, hemos señalado la controversia sobre si la muerte de Cristo fue propiciatoria. Debemos señalar que el concepto de propiciación no está limitado a los escritos de Pablo. En el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, se hacía la ofrenda ante el Señor y tenía efecto también ante él: “el sacerdote la hará arder en el altar sobre la ofrenda quemada a Jehová. Así hará el sacerdote expiación por el pecado que haya cometido [el pecador], y será perdonado” (Lv. 4:35). A la vista de la ira de Dios contra el pecado, la declaración de que se le presentarían ofrendas y del perdón que vendría a continuación, parece deducirse que este versículo apunta hacia una pacificación de Dios.
Por tanto, la propiciación de Cristo es el sacrificio perfecto de Jesucristo en la cruz que satisface la justicia de Dios y aparta su ira contra los pecados de la humanidad. A través de este acto, Cristo paga la deuda de los pecados, neutralizando la barrera que el pecado crea entre Dios y las personas, haciendo posible la reconciliación y el perdón de los pecadores.
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