El sistema de sacrificios del Antiguo Testamento

La muerte redentora de Cristo debe verse también teniendo en cuenta el contexto del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Antes de la muerte redentora de Cristo era necesario ofrecer sacrificios con regularidad para compensar los pecados que se habían cometido. Estos sacrificios eran necesarios no para que ejercieran una obra reformadora en el pecador o en otros para que no se pecara más, sino para expiar el pecado, que de forma inherente merecía castigo. Se había producido una ofensa contra la ley de Dios y por tanto contra Dios mismo, y esto había que repararlo.

La palabra hebrea más utilizada en el Antiguo Testamento para los diferentes tipos de expiación es 'kaphary sus derivados. La palabra significa literalmente “cubrir.” Uno se libraba del castigo interponiendo algo entre el pecado cometido y Dios. Así Dios veía el sacrificio expiatorio en lugar del pecado. La ocultación del pecado significaba que la pena ya no tenía que exigirse al pecador.

Se debería señalar que la expiación tenía un efecto objetivo. Los sacrificios se ofrecían para apaciguar a Dios. A los amigos de Job, por ejemplo, se les instruyó para ofrecer sacrificios para que Dios no los tratara según sus imprudencias. Dios se había enojado mucho porque ellos no habían dicho la verdad sobre él (Job 42:8). Es más, se ofreció un sacrificio como sustituto del pecador. Este sacrificio llevaba la culpa del pecador. Para que fuera efectivo, tenía que haber cierta conexión, algún punto en común, entre la víctima y el pecador por quien se había ofrecido ese sacrificio.

Otros factores eran necesarios para que la expiación surtiera el efecto deseado. El animal sacrificado debía carecer de fallos, de defectos. Aquel por el que se realizaba la expiación tenía que presentar el animal y poner sus manos sobre él: “lo ofrecerá a la puerta del Tabernáculo de reunión... Pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y le será aceptado como expiación” (Lv. 1:3-4). Presentar el animal y poner las manos sobre él constituía una confesión del pecado por parte del pecador. El poner las manos simbolizaba una transferencia de la culpa del pecador a la víctima. Después, el ofrecimiento o la expiación era aceptado por el sacerdote.

Aunque las porciones legales del Antiguo Testamento tipifican con considerable claridad el carácter sustitutivo y de sacrificio de la muerte de Cristo, los mensajes proféticos van incluso más allá. Establecen la conexión entre los sacrificios del Antiguo Testamento y la muerte de Cristo. Isaías 53 es el más claro de todos. Después de describir la persona del Mesías y de señalar la naturaleza y extensión de la iniquidad de los pecadores, el profeta hace alusión al sacrificio de Cristo: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (v. 6). La iniquidad de los pecadores es transferida al siervo sufriente al igual que en los ritos del Antiguo Testamento los pecados eran transferidos al animal sacrificado. La imposición de manos era una anticipación de la aceptación activa del creyente de la obra expiatoria de Cristo.

 

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