Sacrificio

Ya hemos señalado varias referencias a la muerte de Cristo como un sacrificio. Estas aparecen en el Antiguo Testamento (específicamente en Is. 53), en las enseñanzas de Cristo y en las narraciones del Evangelio, y en Pablo. Ahora suplementaremos nuestro entendimiento de este concepto señalando lo que dice en particular el libro de Hebreos sobre este tema. En Hebreos 9:6-15 la obra de Cristo se vincula al Día de la expiación del Antiguo Testamento. Se describe a Cristo como sumo sacerdote que entró en el Lugar santísimo para ofrecer el sacrificio. Pero el sacrificio que Cristo ofreció no fue el de la sangre de machos cabríos o becerros, sino su propia sangre (v. 12). De esa manera aseguró “la redención eterna.” Se traza un contraste muy vívido entre el sacrificio de animales, que tiene un efecto únicamente limitado, y el de Cristo, cuya muerte tiene efecto eterno. Mientras que los sacrificios mosaicos tenían que ser ofrecidos de forma repetida, la muerte de Cristo fue un sacrificio de una vez y para siempre por los pecados de la humanidad (v. 8).

Un pensamiento similar se expresa en Hebreos 10:5-18. Una vez más la idea es que en lugar de ofrendas quemadas, se sacrificó el cuerpo de Cristo (v. 5). Fue una ofrenda realizada una vez y para siempre (v. 10). En lugar de la ofrenda diaria del sacerdote (v. 11), Cristo ofreció “una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados” (v. 12). En el capitulo 13, el escritor vincula la muerte de Cristo con la ofrenda por el pecado del Antiguo Testamento. Cristo murió para santificar a la gente a través de su sangre. Por lo tanto se nos exhorta a que salgamos y vayamos hacia él y soportemos los mismos abusos que él soportó (vv. 10-13).

Lo que es especial en el sacrificio de Cristo, y muy importante a tener en cuenta, es que Cristo es a la vez la víctima y el sacerdote que ofrece el sacrificio. Lo que eran dos partes en el sistema levítico de sacrificios se combinan en una sola en Cristo. La mediación de Cristo que empezó con su muerte, continúa incluso ahora en su intercesión sacerdotal por nosotros.

 

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