Tradición de la iglesia primitiva

Otra evidencia del nacimiento virginal es su larga tradición en la iglesia primitiva. Aunque esta tradición en sí misma no establece el nacimiento virginal como un hecho, es el tipo de evidencia que podríamos esperar si la doctrina fuera cierta.

Un punto de arranque es el Credo de los apóstoles. La forma que utilizamos ahora se produjo en la Galia en los siglos V o VI, pero procede de mucho antes. En realidad se basa en una antigua confesión bautismal romana. El nacimiento virginal se confirma tanto en la versión más antigua como en la posterior. Poco después de mediados del siglo II, la forma antigua ya estaba en uso, no sólo en Roma, sino también por Tertuliano en África del Norte y por Ireneo en la Galia y Asia Menor. La presencia de la doctrina del nacimiento virginal en una confesión primitiva de la importante iglesia de Roma es muy significativa, especialmente dado que ese credo no incorporaría ninguna doctrina nueva.

Otro testimonio primitivo importante es el de Ignacio, obispo de la Antioquia siria, que fue martirizado no más tarde del año 117. Argumentando en contra de los docetistas, realizó un resumen de las principales creencias sobre Cristo. Adolf von Harnack llamaba al resumen de Ignacio un kerygma de Cristo. Incluía una referencia a la virginidad de María como uno de los “misterios sobre los que se va a hablar.” Varias observaciones hacen esta referencia muy impresionante:

(1) Como Ignacio está escribiendo en contra del Docetismo, la expresión “nacido de mujer” (como en Gá. 4:4) serviría mejor a su propósito que la de “nacido de una virgen”.

(2) No lo escribió un novicio, sino el obispo de la madre iglesia de la cristiandad gentil.

(3) Se escribió no más tarde de 117. Como ha observado J. Gresham Machen: “cuando encontramos [a Ignacio] confirmando el nacimiento virginal no como una novedad, sino como uno de los hechos aceptados sobre Cristo, queda claro que la creencia en el nacimiento virginal debía estar extendido mucho antes del final del siglo primero.”

Por supuesto, también hay evidencias tempranas de negación del nacimiento virginal. Algunas de ellas, naturalmente, procedían de paganos. Sin embargo, más significativas eran las objeciones de los judíos, que estaban en mejor posición para tener conocimiento de los hechos y que podrían reflejar una imagen más precisa de la tradición. Algunos que decían ser cristianos creyentes también plantearon objeciones. Entre los distintos tipos de opositores a la doctrina se encontraban Celso, Cerinto, Carpócrates y los ebionitas. Es significativo que no encontremos ningún ortodoxo (esto es, que mantenga todas las demás doctrinas básicas de la fe cristiana) que niegue el nacimiento virginal. Machen resume adecuadamente el testimonio negativo del siglo segundo: “Las negaciones al nacimiento virginal que aparecieron en ese siglo es mucho más probable que se basaran en presuposiciones filosóficas o dogmáticas que en una tradición histórica genuina.”

En contraste, la existencia de un testimonio positivo fuerte del segundo siglo junto con los otros tipos de evidencias ya citadas, argumentan con fuerza a favor de la historicidad y la realidad del nacimiento virginal. Aunque parezca ambigua y no resulte aplastante, la evidencia es suficiente para apoyar la creencia en el testimonio bíblico sobre este tema importante.

 

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