Docetismo
Vemos tal negación de la humanidad de Jesús ya en la situación a la que se opone con tanta fuerza la primera carta de Juan. Además de un grupo de cristianos específicos conocidos como Docetistas, una negación básica de la humanidad de Jesús impregnaba muchos otros movimientos dentro de la cristiandad, incluidos el Gnosticismo y el Marcionismo. De muchas maneras, fue la primera herejía completa, con la posible excepción del legalismo judaizante que Pablo tuvo que combatir en Galacia. Era lo diametralmente opuesto al Ebionismo. Mientras que ese movimiento negaba la realidad de la deidad de Cristo, el Docetismo negaba su humanidad.
Los primeros grupos que negaron la humanidad de Jesús, aparecieron por primera vez en una carta del obispo Serapión de Antioquía (197-203), quien descubrió esta doctrina en el Evangelio de Pedro, uno de los evangelios apócrifos hallado en Egipto en 1886, aunque más tarde lo condenó como una falsificación. La controversia, parece haber surgido de las disputas teológicas sobre el significado, figurado o literal, de una frase del Evangelio de Juan: “la Palabra se hizo Carne” (Juan 1:14).
El Docetismo es en esencia una cristología muy influenciada por las suposiciones griegas básicas tanto de las variedades platónicas como de las aristotelianas. Platón enseñaba la idea de las gradaciones de la realidad. El espíritu, mente o pensamiento es lo más alto. La materia o lo material es menos real. Con esta distinción de la gradación ontológica de la realidad, parecen venir también las gradaciones éticas. Por tanto, se piensa en la materia como algo moralmente malo. Aristóteles resaltaba la idea de la divina impasibilidad, según la cual, Dios no podía cambiar, sufrir o incluso verse afectado por nada de lo que sucediese en el mundo. Estas dos corrientes de pensamiento tienen diferencias significativas, pero las dos mantienen que el mundo visible, físico, material es en cierta manera malo de forma inherente. Las dos enfatizan la trascendencia y la absoluta diferencia de Dios y su independencia frente al mundo material.
El Docetismo toma su nombre del verbo griego 'dokeo', que significa “parecer o aparentar.” Su tesis central es que Jesús solo parecía ser humano. Dios no podía haberse hecho materia porque toda la materia es mala, y él es totalmente puro y santo. No es posible que el Dios trascendente se uniese a esa influencia corrupta. Siendo impasible e inalterable, Dios no podía haber sufrido las modificaciones en su naturaleza que seguramente sería necesario que ocurrieran en una genuina encarnación. No podía haberse expuesto a sí mismo a las experiencias de la vida humana. La humanidad de Jesús, su naturaleza física, era simplemente una ilusión, no una realidad. Jesús se parecía más a un fantasma, a una aparición que a un ser humano.
Como los ebionitas los docetistas tenían dificultades con la idea del nacimiento virginal, pero desde un punto diferente. Los docetistas no tenían problemas para creer que María fuera virgen; era creer que Jesús hubiera nacido de ella lo que les resultaba inaceptable. Porque si María había llevado a Jesús, como otras madres hacen con sus hijos durante nueve meses y les dan a luz, ella habría contribuido de alguna manera material a él, y eso habría sido una perversión de la bondad moral de la deidad. En consecuencia, el docetismo, pensaba más en una transmisión a través de María que en un nacimiento. Jesús únicamente pasó a través de ella, como el agua pasa por un tubo. Ella fue sólo un vehículo, sin contribuir en nada.
Esta cristología particular resolvió la tensión en la idea de que la deidad y la humanidad estaban unidas en una sola persona. Se hizo diciendo que aunque la deidad era real y completa, la humanidad era sólo aparente. Pero la iglesia reconoció que esta solución se había conseguido a un gran precio, la pérdida de la humanidad de Jesús y por lo tanto la de cualquier conexión real entre él y nosotros. Ignacio e Ireneo atacaron las distintas formas del docetismo, mientras que Tertuliano prestó particular atención a las enseñanzas de Marción, que incluía elementos docéticos. Hoy es difícil encontrar ejemplos puros de docetismo, aunque tendencias docéticas aparecen en muchos y variados esquemas de pensamiento.
Uno de los problemas fundamentales del docetismo es que niega las verdades básicas del evangelio, es decir, la muerte y resurrección de Cristo. Si Jesús no tenía un cuerpo real, entonces no murió realmente (el docetismo enseña que su sufrimiento en la cruz fue una mera ilusión). Y, si Jesús no tuvo un cuerpo físico, no pudo haber resucitado corporalmente de entre los muertos. Sin la muerte y resurrección reales de Jesucristo, no tenemos salvación, seguimos en nuestros pecados y nuestra fe es vana (1 Corintios 15:17).
La Biblia es muy clara en cuanto a la humanidad de Jesucristo. Jesús se esforzó por demostrar su resurrección corporal a los discípulos, que al principio pensaron que estaban viendo un fantasma: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39; cf. Juan 20:20-29).
Sin dudas, el apóstol Juan advirtió a la iglesia primitiva contra la falsa doctrina del docetismo: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo” (1 Juan 4:1-3).
El Docetismo, que destruía el verdadero significado y finalidad de la Encarnación, muy posiblemente fue también combatido por el apóstol Pablo. Sus versículos sobre la persona de Cristo: “pues Dios tuvo a bien hacer residir en Él toda plenitud” y “porque en Él reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (Colosenses 1:19, 2:9) hacen alguna referencia a los errores del docetismo.
Los primeros padres de la Iglesia lucharon valientemente contra el Docetismo, especialmente Ignacio de Antioquía (c. 35 - 107 d.C.). Ignacio enseñaba que, si Jesús no había derramado su sangre en la cruz, su muerte no tenía sentido. Ignacio vio que no había forma posible de encajar el engaño del docetismo con la verdad del cristianismo.
Se han hallado casos dispersos de Docetismo en España entre los priscilianistas de los siglos IV y V. Los paulicianos de Armenia existieron hasta el siglo X, quienes también negaban la realidad del nacimiento de Cristo, apelando para ello a Lucas 7:20. El Docetismo debe ser rechazado porque no ofrece una visión bíblica de la naturaleza de Jesús. Jesucristo no sólo parecía humano; era verdaderamente humano, así como verdaderamente Dios. Su sufrimiento en la cruz fue real, y su muerte fue una muerte real. En la cruz derramó sangre verdadera, no fue una ilusión, para pagar el precio por nuestros pecados.
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