Ebionismo

Un grupo, conocido como los ebionitas, negaba la deidad real u ontológica de Jesús. El nombre Ebionita, derivado de una palabra hebrea que significa “pobre,” se aplicó originalmente a todos los cristianos; más tarde sólo a los cristianos judíos; y después a un sector particular de cristianos judíos herejes.

Como expresa el profesor de historia y arqueología Howard F. Vos, “probablemente sea verdad que los más grandes enemigos son siempre internos”. Las raíces del ebionismo se pueden encontrar en los movimientos judaizantes en el periodo apostólico o del Nuevo Testamento. La carta de Pablo a los gálatas se escribió para contrarrestar la influencia de uno de esos grupos. Los judaizantes habían llegado a los gálatas cristianos y estaban intentando minar la autoridad apostólica de Pablo. Enseñaban que además de aceptar mediante la fe la gracia de Dios en Jesús, era necesario observar todas las regulaciones de la ley judía, como la circuncisión. Los ebionitas eran una continuación o una rama de los judaizantes. Siendo fuertemente monoteístas, centraron su atención en la problemática de la deidad de Cristo. Rechazaban el nacimiento virginal, manteniendo que Jesús nació de José y María de forma normal. También mantenían la observancia del sábado, las prohibiciones alimenticias y prometiendo la salvación por medio de buenas obras. Un sistema religioso muy propio de la naturaleza humana.

David W. Bercot, abogado, autor y orador internacional estadounidense, citando a Orígenes en una de sus obras, escribió lo siguiente respecto a los ebionitas:

"Hay algunos de ellos quienes aceptan a Jesús y debido a eso, ellos se consideran como cristianos. Sin embargo, ellos rigen sus vidas de acuerdo a las leyes judías, igual que las multitudes judías. Existen dos sectas de los ebionitas. Una de esas sectas reconoce junto con nosotros que Cristo nació de una virgen. La otra secta niega esto y afirma que Él fue engendrado como cualquier otro ser humano".

Phillip Schaff, famoso teólogo e historiador suizo, habló también sobre estas dos clases de ebionitas:

"Unieron la observancia de los rituales de la ley mosaica con su creencia en el mesianismo y divinidad de Jesús, usaban el evangelio de Mateo en hebreo, lamentaban profundamente la incredulidad de sus hermanos esperando su conversión futura y esperaban el establecimiento de un reino Milenial de Cristo en esta tierra...Por lo tanto, ellos no eran herejes sino cristianos separatistas. Ellos se establecieron en la posición obsoleta de un judeo-cristianismo muy ansioso y cerrado y eventualmente se convirtieron en una secta insignificante. Jerome dice de ellos que deseando ser tanto judíos como cristianos, no fueron ni lo uno ni lo otro".

Según los ebionitas, Jesús era un hombre ordinario que poseía dones de rectitud y sabiduría inusuales, pero no sobrehumanos o sobrenaturales. Era el Mesías predestinado, pero en un sentido bastante natural o humano. En el bautismo el Cristo descendió sobre Jesús en forma de paloma. Esto se entendió más como la presencia del poder de Dios y su influencia en el hombre Jesús que como una realidad metafísica y personal. Hacia el final de la vida de Jesús, el Cristo se retiró de él. Por tanto, Jesús principalmente fue humano, aunque un humano en quien, al menos durante un tiempo, el poder de Dios estaba presente y activo en un grado inusual. Los ebionitas mantuvieron su posición en parte mediante una negación o rechazo de la autoridad de las cartas de Pablo.

El punto de vista ebionita de Jesús tenía la virtud de resolver la tensión entre la creencia en la deidad de Jesús y la idea monoteísta de Dios, pero a un alto precio. El ebionismo tenía que ignorar o negar una gran parte del material de las Escrituras: todas las referencias a la preexistencia, el nacimiento virginal y el estatus y la función cualitativamente especial de Jesús. Desde el punto de vista de la iglesia, esta era una concesión demasiado grande.

Poco más se conoce sobre la historia de esta secta. Ejercieron una leve influencia en Oriente y ninguna en Occidente, donde se les llamaba simaquianos. Las últimas comunidades ebionitas podrían haber desaparecido alrededor del siglo V.

Resulta evidente que muchos niegan -a propósito, o no- el padecimiento vicario de Cristo en su cuerpo real de carne y hueso, amoldándolo todo al ámbito de lo espiritual y subjetivo. Niegan así todo compromiso con lo humano y social y se enclaustran mental y psíquicamente en un espiritualismo más ligado a lo místico y milagroso, que a la fe bíblica.