Punto de vista Calvinista o Reformado
Otro punto de vista principal sobre la cena del Señor es el calvinista o reformado. Aunque el término calvinismo suele provocar imágenes de una idea específica de predestinación, no es lo que tenemos en mente aquí ahora. Más bien, nos estamos refiriendo a la idea que Calvino tenía sobre la cena del Señor.
El punto de vista reformado mantiene que Cristo está presente en la cena del Señor, pero no física o corporalmente. Más bien, su presencia en el sacramento es espiritual o dinámica. Utilizando el sol como ejemplo, Calvino afirmó que Cristo está presente de forma influyente. El sol permanece en el cielo, sin embargo su calor y luz están presentes en la tierra. Así la radiación del Espíritu nos transmite la comunión de la carne y sangre de Cristo. Según Romanos 8:9-11, es mediante el Espíritu y sólo mediante el Espíritu que Cristo habita en nosotros. La idea de que realmente comemos el cuerpo de Cristo y bebemos su sangre es absurda. Al contrario, los verdaderos comulgantes se nutren espiritualmente tomando el pan y el vino. El Espíritu Santo les acerca íntimamente a la persona de Cristo, la cabeza viva de la iglesia y la fuente de la vitalidad espiritual.
Según el punto de vista reformado, los elementos del sacramento no son arbitrarios o separables de su significado: la muerte de Cristo, el valor de su muerte, la participación del creyente en la crucifixión de Cristo y la unión de los creyentes entre sí. Y aunque los elementos significan o representan el cuerpo y la sangre de Cristo, hacen más que eso. También sellan. Louis Berkhof sugiere que la cena del Señor sella el amor de Cristo con los creyentes, ofreciéndoles la seguridad de que todas las promesas del pacto y las riquezas del evangelio son suyas por donación divina. A cambio de reclamar la posesión personal de esta riqueza y de realmente tenerla, los creyentes expresan fe en Cristo como Salvador y le prometen obediencia como Señor y Rey.
Hay, pues, un beneficio objetivo genuino en el sacramento. No lo genera el participante; sino que Cristo mismo lo aporta al sacramento. Al tomar los elementos el participante realmente recibe nuevamente y de forma continuada la vitalidad de Cristo. Sin embargo, esto no debería considerarse como algo único y especial, en el sentido de que los participantes experimentan en el sacramento algo que no se puede experimentar en ningún otro lugar. Es más, en el Antiguo Testamento los creyentes experimentaron algo de naturaleza similar. Calvino dijo: “El agua que brotó de la roca en el desierto fue para los israelitas un símbolo y señal de lo mismo que se nos representa a nosotros en la cena con el vino.” Tampoco se debería creer que el beneficio de la cena del Señor es automático. El efecto del sacramento depende en gran parte de la fe y la receptividad del participante.
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