Frecuencia de la celebración
Con qué frecuencia deberíamos celebrar la cena del Señor es otra preocupación que no tiene declaración didáctica expresa y explícita en las Escrituras. Ni siquiera tenemos una indicación precisa de la práctica en la iglesia primitiva, aunque podría haber sido semanalmente, o sea, cada vez que la iglesia se reunía (Hechos 20:7). A la vista de la falta de información específica, tomaremos nuestra decisión basándonos en los principios bíblicos y las consideraciones prácticas.
La tendencia de nuestras creencias a pasar del nivel consciente al inconsciente fue una razón por la que Cristo instituyó la cena del Señor. Sigmund Freud reconoció que la personalidad humana tenía al menos tres niveles de consciencia:
1. El consciente (o como Freud lo denominaba consciente perceptual). Es aquello de lo que nos damos cuenta en un momento dado.
2. En el inconsciente están aquellas experiencias que no podemos recordar voluntariamente (aunque sí podríamos hacerlo a través del psicoanálisis, la hipnosis o con ciertos tipos de drogas).
3. El preconsciente contiene esas experiencias e ideas que, aunque uno no es consciente de ellas en este momento, pueden ser recordadas mediante un acto de voluntad.
A menudo nuestras creencias doctrinales flotan en este nivel intermedio. La cena del Señor tiene el efecto de sacar las creencias preconscientes a la parte consciente. Por lo tanto debería celebrarse lo suficientemente a menudo como para evitar que se produjeran brechas demasiado grandes entre los tiempos de reflexión sobre las verdades que representan, pero no con tanta frecuencia como para que parezca algo trivial o tan común que hagamos las cosas de forma tan rutinaria que no pensemos realmente en lo que significan. Quizá sería bueno que la iglesia hiciese que la cena del Señor estuviese disponible a menudo permitiendo que el creyente individual determinara con qué frecuencia quiere participar. Sabiendo que podemos participar de la cena del Señor cuando lo necesitemos y deseemos, pero que no estamos obligados a participar en cada ocasión que se presente, evitaremos que el sacramento se convierta en rutina.
¿Participar debería ser lo más sencillo posible o debería ser un tanto difícil? Se puede decir algo a favor de que el sacramento no esté tan disponible como para que se pueda participar sin una intención y decisión definida. Si la cena del Señor es un añadido más del culto, mucha gente se quedará y participará sólo porque están allí. Por otra parte, si la cena del Señor es un culto separado, su importancia se vera resaltada. Todos los participantes habrán tomado una decisión específica de recibir los elementos y de concentrarse en su significado.
La cena del Señor, adecuadamente administrada, es un medio para inspirar la fe y el amor del creyente ya que este reflexiona de nuevo en la maravilla de la muerte del Señor y en el hecho de que quien cree en él vive para siempre.
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