La presencia de Cristo: resolviendo problemas

¿El cuerpo y la sangre de Cristo están de alguna manera presentes de forma especial, y si es así, en qué sentido? La forma más natural y directa de interpretar las palabras de Jesús “Este es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre” es hacerlo literalmente. Como nuestra práctica general es interpretar las Escrituras de forma literal siempre que eso sea natural, debemos estar preparados para ofrecer una justificación si interpretamos estas palabras de una manera diferente. Sin embargo, en este caso ciertas consideraciones argumentan en contra de una interpretación literal.

1. Si tomamos “Este es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre” de forma literal se produce un resultado absurdo. Si Jesús quería decir que el pan y el vino eran en ese momento en el aposento alto realmente su cuerpo y su sangre, realmente estaba afirmando que su carne y su sangre estaban en dos lugares simultáneamente, ya que su forma corporal estaba allí mismo junto con los elementos. Creer que Jesús estaba en dos lugares a la vez al mismo tiempo es en cierto sentido una forma de negar la encarnación, que limitaba su naturaleza física humana a un solo lugar.

2. Hay dificultades conceptuales para los que declaran que Cristo ha estado corporalmente presente en las cenas del Señor que se han celebrado posteriormente. Mientras que el párrafo anterior presentaba el problema de cómo la carne y la sangre de Cristo no podían estar en dos sitios a la vez, aquí nos enfrentamos al problema de cómo dos sustancias (por ejemplo, la carne y el pan) pueden estar en el mismo sitio simultáneamente (el concepto luterano) o de cómo una sustancia particular (por ejemplo la sangre) puede existir sin sus características habituales (punto de vista católico). Los que sostienen que hay una presencia física ofrecen explicaciones de su idea en la que asumen un tipo de metafísica que parece muy extraña para las mentes del siglo XX, y que de hecho parece insostenible.

Estas dificultades en sí mismas no son suficientes para determinar nuestra interpretación. Sin embargo, sugieren que las palabras de Jesús no deben ser tomadas en sentido literal. ¿Podemos encontrar pistas de lo que Jesús quiso decir realmente cuando dijo “Este es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre”?

Cuando Jesús dijo esas palabras al inaugurar el sacramento de la cena del Señor, centró su atención en la relación entre los creyentes individuales y su Señor. En muchas otras ocasiones cuando trató este tema, utilizó metáforas para describirse a sí mismo: “Soy el camino, la verdad y la vida”; “Yo soy la vid y vosotros los pámpanos”; “Yo soy el buen pastor”; “Yo soy el pan de vida.” En la última cena utiliza metáforas similares, invirtiendo el sujeto y el predicado: “Esto [pan] es mi cuerpo”; “Este [vino] es mi sangre”. Siguiendo el lenguaje figurativo, deberíamos traducir las palabras de Jesús por “Esto representa [o significa] mi cuerpo,” y “Esto representa [o significa] mi sangre.” Este enfoque nos evita el tipo de dificultades que se producen con la idea de que Cristo está físicamente presente en los elementos.

¿Pero qué pasa con la idea de que Cristo está espiritualmente presente? Esta idea surge de dos fuentes históricas. Una era el deseo de ciertos teólogos de retener algo de la creencia tradicional en la presencia de Cristo incluso aunque trataban de cambiarla. Su enfoque de la reforma de la fe se apoyaba más en retener cualquier cosa que no fuese rechazada explícitamente en las Escrituras que en empezar de cero, conservando sólo aquellos principios de fe que se enseñan explícitamente en las Escrituras. En lugar de rechazar totalmente la tradición y elaborar un entendimiento completamente nuevo, escogieron modificar la creencia antigua. La otra fuente de la idea de que Cristo está presente espiritualmente fue una disposición hacia el misticismo. Algunos creyentes, habiendo tenido una experiencia profunda de encuentro con Cristo al conmemorar la cena del Señor sacaron en conclusión que Cristo debía haber estado espiritualmente presente. La doctrina sirvió como explicación de la experiencia.

Es importante recordar que Jesús prometió estar con sus discípulos en todas partes y en todo momento (Mt. 28:20; Jn. 14:23; 15:4-7). Así que está presente en todas partes y no obstante también prometió estar con nosotros de forma especial cuando nos reunamos como creyentes (Mt. 18:20). La cena del Señor, como acto de alabanza, es además una oportunidad particularmente provechosa para reunirnos con él. Es probable que la especial presencia de Cristo en el sacramento sea más influyente que metafísica por naturaleza. A este respecto es significativo que el relato de Pablo sobre la cena del Señor no diga nada de la presencia de Cristo. En su lugar dice: “Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Co. 11:26). Este versículo sugiere que el rito es básicamente conmemorativo.

Debemos ser particularmente cuidadosos y evitar el negativismo que a veces ha caracterizado esta idea de que la cena del Señor es esencialmente un memorial. En su celo por evitar la concepción de que Jesús está presente de manera un tanto mágica, algunos han llegado a tales extremos que dan la impresión de que si hay un lugar en el que no vamos a encontrar a Jesús, ese es la cena del Señor. Esto es lo que un líder bautista denominó “la doctrina de la ausencia real” de Jesucristo.

Entonces, ¿cómo deberíamos considerar la cena del Señor? Deberíamos esperar que la cena del Señor fuera un tiempo de relación y comunión con Cristo, porque él prometió reunirse con nosotros. Deberíamos pensar en el sacramento no tanto en términos de la presencia de Cristo como en su promesa y el potencial de una relación más cercana con él. También debemos ser cuidadosos y evitar la concepción neoortodoxa de que para el verdadero comulgante la cena del Señor es un encuentro subjetivo con Cristo. Él está objetivamente presente. El Espíritu es capaz de hacerle real en nuestra experiencia y ha prometido hacerlo así. La cena del Señor por tanto es un tiempo en el que nos acercamos a Cristo y así podemos conocerlo mejor y amarlo más.

 

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