Punto de vista Luterano
El punto de vista luterano difiere del católico romano en muchos pero no en todos los aspectos. Lutero no rechazaba in toto el punto de vista católico romano tradicional. Al contrario que las iglesias reformadas y que Zwinglio, Lutero mantenía la concepción católica de que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban físicamente presentes en los elementos. En su diálogo con Zwinglio (el Coloquio de Marburgo), se dice que Lutero subraya repetidamente las palabras “este es mi cuerpo.” Tomó las palabras de Jesús de forma bastante literal en este caso. El cuerpo y la sangre están realmente, no sólo de forma figurada, presentes en los elementos.
Lo que Lutero negaba era la doctrina católica de la transubstanciación. Las moléculas no cambiaban para convertirse en carne y sangre, seguían siendo pan y vino. Pero el cuerpo y la sangre de Cristo estaban presentes “en, con y bajo” el pan y el vino. El pan y el vino no se habían convertido en el cuerpo y la sangre de Cristo, pero ahora tenían el cuerpo y la sangre además del pan y del vino. El cuerpo y la sangre están allí, pero no de una manera que haga que la presencia del pan y el vino quede excluida. Aunque algunos han utilizado el término consubstanciación para denominar el concepto de Lutero de que el cuerpo y el pan están presentes a la vez, que la sangre y el vino coexisten, no es el término que Lutero utilizó. Pensando en términos de una sustancia que interpreta a otra, utilizó la analogía de una barra de hierro calentada por el fuego. La sustancia que es el hierro no deja de existir cuando la sustancia que es el fuego la penetra, calentándola a una alta temperatura.
Lutero rechazaba otras facetas de la concepción católica de la misa, en particular, la idea de que la misa es un sacrificio. Ya que Cristo murió y se sacrificó por el pecado de una vez y para siempre (Hebreos 7:7), y como el creyente queda justificado por la fe según ese sacrificio único, no hay ninguna necesidad de sacrificios repetitivos.
Lutero también rechazaba el sacerdotalismo. La presencia del cuerpo y la sangre de Cristo no se debe a las acciones del sacerdote. Por el contrario, es consecuencia del poder de Jesucristo. Mientras que el catolicismo mantiene que el pan y el vino se transforman en el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras, el luteranismo no especula sobre cuándo aparece por primera vez el cuerpo y la sangre. Aunque un ministro adecuadamente ordenado tiene que administrar el sacramento, la presencia del cuerpo y la sangre no se le atribuye a él o a nada de lo que él hace.
A pesar de negar varias facetas de la posición católica, Lutero insistió en el concepto de comer. Realmente se come el cuerpo de Jesús. Lutero interpretó “Tomad, comed; este es mi cuerpo” (Mt. 26:26) literalmente. Para él, estas palabras no hacían referencia a una recepción espiritual de Cristo o de su cuerpo, sino a tomar realmente el cuerpo de Cristo dentro de nuestro cuerpo. De hecho, Jesús había dicho en una ocasión: “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final, porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn. 6:53-56). El sentido directo de estas palabras encaja bien con la declaración hecha por Jesús en la última cena. Debemos tomarlas en sentido literal si queremos ser fieles al texto y coherentes con nuestra interpretación.
¿Qué pasa con el beneficio del sacramento? En esto las declaraciones de Lutero son menos claras. Él insiste en que al participar en el sacramento se recibe un beneficio auténtico: perdón del pecado y confirmación de la fe. Sin embargo, el beneficio se debe no a los elementos que aparecen en el sacramento, sino a que se recibe la Palabra mediante la fe. En esto Lutero parece casi como si considerara el sacramento simplemente un medio de proclamación al que uno responde como se responde a un sermón. Sin embargo, si el sacramento es simplemente una forma de proclamación, ¿qué sentido tiene la presencia física del cuerpo y la sangre de Cristo? En otros momentos Lutero parece mantener la idea de que el beneficio procede de comer realmente el cuerpo de Cristo. Lo que queda claro de los diversos comentarios de Lutero es que realmente él consideraba la cena del Señor como un sacramento. Por tomar los elementos los creyentes reciben un beneficio espiritual que de otra manera no experimentarían. El cristiano por tanto debería aprovechar la oportunidad de gracia que ofrece el sacramento de la cena del Señor.
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