Definición filológico-bíblica de iglesia
La palabra iglesia y sus términos análogos en otras lenguas (por ejemplo Kirche) se derivan de la palabra griega 'kuriakos', (“que pertenece al Señor”). Sin embargo, hay que entenderla a la luz del término del Nuevo Testamento 'ekkl'sia'. Aunque esta es una palabra común, sus apariciones están distribuidas de manera desigual a lo largo del Nuevo Testamento. Los únicos ejemplos en los Evangelios los encontramos en Mateo 16:18 y 18:17, que están en cierta manera en debate. No aparece en 2 Timoteo, Tito, 1 o 2 Pedro, 1 o 2 Juan, ni en Judas. No tiene mucha importancia que no aparezca en 1 y 2 Juan, porque la encontramos en 3 Juan; en Timoteo y Tito porque la encontramos en 1 Timoteo; y en Judas porque el libro es muy breve. Sin embargo, es más sorprendente su ausencia en las cartas de Pedro. Karl Schmitdt comenta: “1 Pedro trata de forma muy enfática la naturaleza e importancia de la comunidad del AT y utiliza expresiones del AT, por eso deberíamos preguntarnos si el tema [de la iglesia] estará presente o no aunque el término no aparezca. La misma cuestión se plantea respecto a la no aparición de la palabra en los sinópticos de Marcos y Lucas ni tampoco en el evangelio de Juan”.
El significado del concepto del Nuevo Testamento se debe observar en el marco de dos contextos, el griego clásico y el del Antiguo Testamento. En el griego clásico la palabra 'ekkl'sia' la encontramos ya en los tiempos de Herodoto, Tucídidos, Jenofonte, Platón y Eurípides (siglo V a.C. en adelante). Hace referencia a la asamblea de ciudadanos de una 'polis' (ciudad). Tales asambleas se reunían a intervalos frecuentes de tiempo, unas cuarenta veces al años en el caso de Atenas. Mientras que la autoridad de la 'ekkl'sia' estaba limitada a ciertos asuntos, a todos los que eran ciudadanos de pleno derecho se les permitía votar en estos asuntos. En el sentido secular de la palabra, por tanto, 'ekkl'sia', se refería sencillamente a una reunión o asamblea de personas, un significado que todavía podemos encontrar en Hechos 19:32, 39, 41. Sólo en tres casos excepcionales en el griego clásico se utiliza para denominar una comunidad o una organización religiosa. Y en estas ocasiones se refiere a sus reuniones administrativas, no a la unión misma.
Más significativo para nosotros es el contexto del Antiguo Testamento. En él, encontramos dos términos hebreos, 'qahal' y ‘edah'. El primer término, quizá derivado de la palabra para voz, hace referencia a convocar a una asamblea y al acto de reunirse en asamblea. No es tanto una especificación de los miembros de una asamblea como una indicación del hecho de reunirse. A veces se añade un significado religioso a la palabra (por ejemplo en Dt. 9:10; 10:4; 23:1-3). El término también puede denotar una reunión más general de la gente (por ejemplo, 1 R. 12:3). Las mujeres (Jer. 44:15) e incluso los niños (Esd. 10:1; Neh. 8:2) también se incluyen. El término también se utiliza para la reunión de tropas, y en Ezequiel hace referencia a naciones distintas a Israel (Egipto, 17:17; Tiro, 27:27; Asiria, 32:22).
El otro término hebreo importante para nosotros es ‘edah'. Aparece especialmente en el Pentateuco; más de la mitad de sus apariciones están en el libro de los Números. Hace referencia a la gente, particularmente a la que se reúne ante la tienda del Tabernáculo. Que el término aparezca por primera vez en Éxodo 12:3 sugiere que la “congregación” de Israel se formó con el mandamiento de celebrar la Pascua y abandonar Egipto. La palabra ‘edah' señala a la comunidad centrada en el culto o en la ley. Resumiendo la distinción entre los dos términos hebreos, Lothar Coenen comenta:
"Si se compara el uso de las dos palabras hebreas, queda claro que, en los pasajes en los que las dos aparecen en el mismo contexto (por ejemplo Éx. 12:1ss; 16:1ss; Núm. 14:1ss.; 20:1ss.; 1 R. 12:1ss.) que ‘edah' es el término no ambiguo y permanente para la comunidad ceremonial como conjunto. Por otra parte, 'qahal' es la expresión ceremonial para la asamblea que resulta del pacto, para la comunidad del Sinaí y, en el sentido del Deuteronomio, para la comunidad en su forma presente. También puede representar a la reunión regular de gente en ocasiones seculares (Núm. 10:7; 1 R. 12:3) o religiosas (Sal. 22:26), y también para una multitud que se reúne (Núm. 14:5; 17:12)".
Cuando observamos las palabras griegas utilizadas en la Septuaginta para traducir estos términos hebreos, encontramos que a menudo se utiliza 'ekkl'sia' para traducir 'qahal', pero nunca ‘edah'. El segundo término se suele traducir por 'sunagōgē', que también se utiliza para traducir 'qahal'. Es 'ekkl'sia' la que es nuestra principal fuente para entender el concepto de iglesia del Nuevo Testamento.
Pablo utiliza 'ekkl'sia' más que cualquier otro escritor del Nuevo Testamento. Como la mayoría de sus escritos fueron cartas dirigidas a reuniones locales específicas de creyentes, no es de extrañar que el término suela hacer referencia a un grupo de creyentes de una ciudad concreta. Por tanto encontramos las cartas de Pablo dirigidas a “la iglesia de Dios en Corinto” (1 Co. 1:2; 2 Co. 1:1), “las iglesias en Galacia” (Gá. 1:2), “la iglesia de los tesalonicenses” (1 Ts. 1:1). Lo mismo ocurre con otros escritos del Nuevo Testamento. La introducción del Apocalipsis de Juan (Apoc. 1-3) iba dirigida a siete iglesias específicas. En Hechos también, 'ekkl'sia' hace referencia principalmente a todos los cristianos que viven y se reúnen en una ciudad en particular como por ejemplo Jerusalén (Hch. 5:11; 8:1; 11:22; 12:1, 5) o Antioquía (Hch.13:1). Pablo visitó las iglesias locales para nombrar ancianos (14:23) o para instruir o animar (15:41; 16:5). Este sentido local de iglesia es evidentemente el sentido que se pretendía en la gran mayoría de las veces que aparece la palabra 'ekkl'sia'.
Más allá de las referencias a iglesias de ciudades específicas, también hay referencias a iglesias que se reúnen en casas individuales. Al enviar saludos a Priscila y Aquila, Pablo también saluda “a la iglesia que se reúne en su casa” (Ro. 16:5; ver también 1 Co. 16:19). En su carta a los colosenses, escribe: “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, a Ninfas y a la iglesia que está en su casa” (Col. 4:15). En la mayoría de los casos, sin embargo, la palabra 'ekkl'sia' tiene un sentido más amplio: todos los creyentes de una ciudad concreta (Hch. 8:1; 13:1). En algunos casos, se tiene en mente una área geográfica más amplia. Un ejemplo es Hechos 9:31: “Entretanto la iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, y era edificada; y andando en el temor del Señor y en la fortaleza del Espíritu Santo, seguía creciendo” (LBLA). Otro ejemplo es 1 Co. 16:19: “Las iglesias de Asia os saludan.” Aunque la primera referencia está en singular, la segunda está en plural.
Deberíamos señalar que la congregación individual, o del grupo de creyentes en un lugar específico nunca se considera sólo como parte o componente de la iglesia en su totalidad. La iglesia no es una suma o un compuesto de grupos locales individuales. Más bien, el todo se encuentra en cada lugar. Karl Schmidt dice: “Hemos señalado que la suma de congregaciones individuales no da como resultado la comunidad total o la iglesia. Cada comunidad, aunque sea pequeña, representa la comunidad total, la iglesia”. Coenen hace un comentario similar: “También en Hechos [como en Pablo] la ekklesia al final es una. Es cierto que sólo se ve cuando se reúne en lugares particulares (cf. 14:27). Pero siempre implica la totalidad”. Primera Corintios 1:2 resulta especialmente útil para entender este concepto. Pablo dirige esta carta “A la iglesia de Dios que está en Corinto” (ver también 2 Co. 1:1). Observemos que está escribiendo a la iglesia que se manifiesta o aparece en un lugar, por ejemplo Corinto. “Es una por todo el mundo y sin embargo al mismo tiempo está plenamente presente en cada reunión individual”.
En este punto algunos podrían acusar a los teólogos de adoptar una postura platónica mediante la que las iglesias locales son consideradas ejemplos o manifestaciones particulares concretas de forma pura, de la Idea abstracta de iglesia. Hay que observar, sin embargo, que los teólogos no están introduciendo un concepto ajeno en la Biblia. Este concepto realmente está presente en el pensamiento de Pablo y de Lucas; no lo introducen sus intérpretes. En este punto hay un paralelismo genuino entre el pensamiento bíblico y el de Platón. Esto no es ni bueno ni malo, y no se debería considerar un indicativo de influencia platónica en la Biblia. Simplemente es un hecho.
El concepto de que la iglesia es universal por naturaleza nos permite entender ciertos pasajes del Nuevo Testamento con más claridad. Por ejemplo las palabras de Jesús en Mateo 16:18: “edificaré mi iglesia” tienen mucho sentido a la luz de este concepto. En Efesios, Pablo resalta de forma particular la naturaleza universal de la iglesia. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y todas las cosas están bajo él (1:22-23); da a conocer la multiforme sabiduría de Dios (3:10) y le glorificará por los siglos de los siglos (3:21). “Un solo cuerpo” (4:4); “Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (5:23); la iglesia está sujeta a Cristo (v. 24) y ha de presentarse ante él (v. 27). Él ama a su iglesia y se entregó por ella (v. 25). Cristo y la iglesia son un gran misterio (v. 32). Todos estos versículos señalan hacia la naturaleza universal de la iglesia al igual que hace 1 Corintios 10:32; 11:22; 12:28 y Colosenses 1:18, 24. Es obvio que la iglesia incluye a todas las personas de todas partes del mundo que se relacionan con Cristo de manera salvadora. También incluye a todos los que han vivido y formado parte de su cuerpo, y a todos los que lo harán. Esta inclusividad se describe de forma llamativa en Hebreos 12:23: “a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”. A la vista de esta inclusividad podríamos intentar ofrecer una definición teológica de iglesia como todo el cuerpo de los que mediante la muerte de Cristo se han reconciliado de forma redentora con Dios y han recibido una vida nueva. Incluye a todas esas personas, ya estén en el cielo o en la tierra. Aunque es universal por naturaleza, encuentra su expresión en las agrupaciones locales de creyentes que muestran las mismas cualidades que el cuerpo de Cristo en su conjunto.
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