Enseñanzas bíblicas sobre la unidad de los creyentes

Entre las razones por las cuales la iglesia debe buscar la unidad están los pasajes didácticos del Nuevo Testamento que enseñan específicamente que la iglesia debería ser, es realmente, o será una. Probablemente la más persuasiva sea la llamada oración sumosacerdotal de Jesús: “Pero no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn. 17:20-23). La unidad entre el Padre y el Hijo es un modelo para la unidad de los creyentes entre sí. La unidad de los creyentes entre sí y con Dios dará testimonio al mundo de que el Padre envió al Hijo. Sin embargo, poco se dice sobre la naturaleza de esta unidad.

Un segundo pasaje importante es la exhortación de Pablo en Efesios 4. Después de suplicar a sus lectores que lleven una vida digna de su vocación (v. 1), les urge a que procuren “mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (v. 3). A este llamamiento le siguen una lista de principios que unen a los creyentes: “un solo cuerpo y un solo Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos” (vv. 4-6). Como todos los creyentes confiesan el mismo cuerpo, Espíritu, esperanza, Señor, fe, bautismo, Dios y Padre deben mostrar una unión del Espíritu. Cuando Pablo concluye su discurso, urge a sus lectores a crecer en Cristo: “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (v. 16). Cuando la iglesia se une en Cristo, teniéndole a él como cabeza, hay una experiencia cristiana que va madurando. No obstante por muy preocupado que esté Pablo por la unidad del Espíritu, no especifica realmente en qué consiste esta unidad. Ni deja claro si esta unidad va más allá de la iglesia local a la que está escribiendo. Es importante, sin embargo, que tengamos en mente que Efesios era probablemente una encíclica. No estaba restringida a una congregación de creyentes. Por tanto el llamamiento a la unidad de Pablo sin duda circulaba por una gran zona.

Pablo hizo un llamamiento parecido en Filipenses 2:2, donde alienta a sus lectores a ser “unánimes, sintiendo lo mismo.” La clave para desarrollar esta actitud es la humildad y la preocupación por los demás (vv. 3-4). Y el modelo perfecto es Cristo al vaciarse a sí mismo (vv. 5-8). Siguiendo su ejemplo llegaremos a la verdadera unidad de los miembros de la congregación.

 

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