La naturaleza del plan divino

Debemos extraer algunas características generales del plan de Dios de estas numerosas y variadas referencias bíblicas, que nos permitan entender más completamente lo que podemos esperar de Dios:

 

1. El plan de Dios es de toda la eternidad.  Los Salmos hablan de que Dios tenía planeados todos nuestros días antes de que existieran (Sal. 139:16), y el profeta Isaías dice que Dios lo había planeado “desde antiguo” (22:11). Pablo en Efesios indica que Dios “nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo” (1:4), y más tarde en la misma carta Pablo habla del “propósito eterno que hizo [Dios] en Cristo Jesús, nuestro Señor” (3:11). El apóstol también escribe a Timoteo que Dios “nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti. 1:9). Estas decisiones no se toman cuando la historia se manifiesta y los sucesos ocurren. Dios manifiesta su propósito dentro de la historia (2 Ti. 1:10), pero siempre ha sido el plan de Dios, desde toda la eternidad, desde antes del principio de los tiempos.

Siendo eterno, el plan de Dios no tiene secuencia cronológica. Esta es una razón para hablar de plan de Dios en lugar de decretos. No hay antes y después en la eternidad. Hay, por supuesto, una secuencia lógica (por ejemplo, la decisión de dejar morir a Jesús en la cruz es lo que sigue a la decisión de enviarle a la tierra), y hay una secuencia temporal en la consecución de los sucesos que han sido decretados; pero no hay una secuencia temporal en la voluntad de Dios. Es una decisión coherente simultánea.

2. El plan de Dios y las decisiones que contiene son libres por parte de Dios. Esto queda implícito en expresiones como “el buen placer de su voluntad” ('eudokia'). También está implícito en el hecho de que nadie le aconsejó (de hecho, no hay nadie que pueda aconsejarle). Isaías 40:13-14 dice: “¿Quién examinó al espíritu de Jehová o le aconsejó y enseñó? ¿A quién pidió consejo para poder discernir? ¿Quién le enseñó el camino del juicio o le dio conocimiento o le mostró la senda de la prudencia?” Pablo cita este mismo pasaje cuando concluye su gran declaración sobre la soberanía y misterio de las obras de Dios (Ro. 11:34). Después de añadir una palabra de Job 35:7 al efecto de que Dios no esté en deuda con nadie concluye con: “porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Ro. 11:36). Pablo también cita Isaías 40:13 en 1 Corintios. Después de hablar de la sabiduría de Dios que él predestinó antes de los siglos (1 Co. 2:7), él pregunta: “¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién lo instruirá?” (v. 16). Que los seres humanos no hayan hecho ninguna aportación a lo que Dios ha planeado en principio puede parecer una desventaja. Pero reflexionando vemos que en realidad es una fuente de consuelo. Por no tener ningún aporte humano, el plan de Dios no está sujeto a lo incompleto del conocimiento y a los errores de juicio tan característicos de los planes humanos. No es sólo que las decisiones de Dios no surgen de ninguna determinación externa; es que ni siquiera son de compulsión interna. Es decir, aunque las decisiones y las acciones de Dios son enteramente coherentes con su naturaleza, no están constreñidas por su naturaleza. No es como los dioses del panteísmo, que están restringidos por su propia naturaleza a desear lo que desean y a hacer lo que hacen. Dios no tenía que crear. Tenía que actuar de forma amorosa y santa en cualquier cosa que hiciera, pero no estaba obligado a crear. Él escogió libremente crear, por razones desconocidas para nosotros. Aunque su amor requiere que actúe de forma amorosa con cualquier criatura a la que ha dado vida, no se vio obligado a crear para tener objetos a los que amar. Ha habido eternamente una expresión de amor entre los miembros de la Trinidad (ver, por ejemplo, Jn. 17:24).

3. El propósito del plan de Dios es su gloria. Este es el valor más grande, y el gran factor motivador en todo lo que Dios ha escogido y ha hecho. Pablo indica que “en él fueron creadas todas las cosas... por medio de él y para él” (Col. 1:16). Dios nos escogió en Cristo y nos predestinó “según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:5-6). Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis que se postran y adoran al Señor Todopoderoso cantan: “Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apoc. 4:11). Lo que hace Dios, lo hace en honor a su propio nombre (Is. 48:11; Ez. 20:9). El propósito de todo el plan de salvación es la gloria de Dios a través de las buenas obras que Dios ha preparado para que su pueblo las haga (Ef. 2:8-10). Jesús dijo que sus seguidores tenían que alumbrar su luz delante de los hombres, para que se vean sus buenas obras y glorifiquen a su padre que está en los cielos (Mt. 5:16; cf. Jn. 15:8). Hemos sido designados para vivir para alabanza de su gloria (Ef. 1:12). Hemos sido sellados con el Espíritu para alabanza de su gloria (vv. 13-14).

Esto no significa que no haya motivaciones secundarias tras el plan de Dios y las acciones resultantes. Él ha proporcionado los medios para la salvación para cumplir con su amor por la raza humana y su preocupación por su bienestar. Esto, sin embargo, no es un fin último, sino un medio para conseguir un final más grande, la propia gloria de Dios. Debemos tener en cuenta que Dios es realmente el Señor. Existimos gracias a él, por su gloria y para su placer, y no al contrario.

4. El plan de Dios es totalmente inclusivo. Esto queda implícito en la gran variedad de temas mencionados en la Biblia como parte del plan de Dios. No obstante, más allá de eso, hay declaraciones explícitas de la extensión del plan de Dios. Pablo habla de Dios como el que “hace todas las cosas según el designio de su propia voluntad” (Ef. 1:11). El salmista dice: “todas las cosas te sirven” (Sal. 119:91). Todos los fines son parte del plan de Dios, pero también lo son todos los medios. Por lo tanto la amplitud de las decisiones divinas va más allá de lo que podríamos esperar. Desde el punto de vista de Dios no existe división entre las áreas sagradas y seculares de la vida. No hay ningún área que esté fuera de su ámbito de preocupación y decisión.

5. El plan de Dios es eficaz. Lo que se ha propuesto desde la eternidad sucederá sin duda. El Señor dice: “Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado... porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida ¿quién la hará retroceder?" (Is. 14:24, 27). Él no cambiará de opinión, no descubrirá nuevas consideraciones que le llevarán a alterar sus intenciones. “Mi plan permanecerá y haré todo lo que quiero,” dice el Señor en Isaías 46:10. Porque el consejo del Señor es de toda la eternidad y es perfecto, nunca se ensombrecerá ni será reemplazado; durará siempre: “El plan de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón, por todas las generaciones” (Sal. 33:11).

6. El plan de Dios se relaciona con sus acciones más que con su naturaleza, con sus decisiones en lo que se refiere a lo que hará, no con sus atributos personales. Dios, por ejemplo, no decide ser amoroso y poderoso. Simplemente es amoroso y poderoso por ser Dios.

7. El plan de Dios se relaciona principalmente con lo que Dios mismo hace en términos de creación, conservación, dirección y redención. También tiene que ver con la voluntad y la actuación humana, pero sólo de forma secundaria, esto es, como medio para conseguir los fines que él se propone, o como los resultados de las acciones que él emprende. El papel de Dios aquí es decidir que ciertas cosas sucederán en nuestras vidas, no imponer mandamientos para que actuemos de cierta manera. Desde luego lo que Dios ha decidido que suceda implica un elemento de necesidad. Sin embargo, las particularidades del plan de Dios, deben considerarse menos como imperativos que como descripciones de lo que ocurrirá. El plan de Dios no fuerza a los humanos a actuar de una forma en particular, sino que garantiza que actuarán libremente de esa manera.

8. Aunque el plan de Dios se relaciona principalmente con lo que hace, las acciones de los humanos también están incluidas. Jesús, por ejemplo, señaló que las respuestas de los individuos a su mensaje eran el resultado de la decisión del Padre: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí... Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió, no lo atrae” (Jn. 6:37, 44; cf. 17:2, 6, 9). Lucas dijo en Hechos 13:48 que “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” El plan de Dios incluye lo que normalmente denominamos buenas obras. Ciro, que no conocía personalmente o reconocía a Jehová, fue predeterminado para ayudar a cumplir el propósito de Dios para reconstruir Jerusalén y su templo (Is. 44:28). Pablo dice que los creyentes “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Ef. 2:10). Por otra parte, las malas acciones de los humanos, contrarias a la ley de Dios y a sus intenciones morales, son consideradas en las Escrituras como parte del plan de Dios, predeterminadas por él. La traición, condena y crucifixión de Jesús son ejemplos destacados de esto (Lc. 22:22; Hechos 2:23; 4:27-28).

9. El plan de Dios es inalterable en sus términos específicos. Aquí tratamos de enfatizar que Dios no cambia de parecer o altera sus decisiones en lo que se refiere a sus determinaciones específicas. Puede parecer extraño si lo consideramos a la luz de lo que parece ser una alteración de sus intenciones en lo que se refiere a Nínive (Jonás) y su aparente arrepentimiento de haber creado a la humanidad (Gn. 6:6). Sin embargo, su declaración en Génesis 6 se debería considerar un antropomorfismo o un antropopatismo, y el anuncio de Jonás de la destrucción inminente se debería ver como un aviso utilizado para llevar a efecto el verdadero plan para Nínive. Debemos tener en cuenta que la constancia es uno de los atributos de la grandeza de Dios.

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