Modificación del concepto de la bondad de Dios

Otra manera de reducir las tensiones del problema del mal, es modificar la idea de la bondad de Dios. Aunque algunos, si existen, que se llaman a sí mismos cristianos nieguen la bondad de Dios, muchos otros, al menos por implicación, sugieren que se debe entender la bondad de forma ligeramente diferente a cómo se entiende normalmente. Uno que está en esta categoría es Gordon H. Clark.

Como calvinista acérrimo, Clark no duda en utilizar el término determinismo para describir que Dios causa todas las cosas, incluso los actos humanos. Él argumenta que la voluntad humana no es libre. Al describir la relación de Dios con ciertas malas acciones de los seres humanos, rechaza el concepto de la voluntad permisiva de Dios. Incluso declara: “Deseo afirmar franca y rotundamente que si un hombre se emborracha y dispara a su familia, era voluntad de Dios que hiciera eso,” comparando el papel de Dios en este acto particular con su voluntad de que Jesús fuera crucificado. Sin embargo, Clark traza una distinción entre la voluntad preceptiva y decretora de Dios. La voluntad preceptiva es lo que Dios ordena, como los Diez Mandamientos. Esto es lo que debe hacerse. La voluntad decretora de Dios, sin embargo, causa cada cosa que ocurre. Causa lo que se hace. Clark dice: “Puede parecer extraño al principio que Dios decrete un acto inmoral, pero la Biblia demuestra que lo ha hecho.”

Esto por supuesto plantea la cuestión de si Dios es la causa del pecado. Tampoco duda en esto Clark: “Hay que decir inequívocamente que este punto de vista sin duda hace de Dios la causa del pecado. Dios es la causa última de todo. No hay nada independiente de él en absoluto. Sólo él es el ser eterno. Sólo él es omnipotente. Sólo él es soberano.” Esto no quiere decir que Dios sea el autor del pecado. Es la causa última del pecado, no la causa inmediata de él. Dios no comete pecado; los humanos cometen pecado aunque Dios lo desea de forma decretora, determina que eso ocurra, y es la causa última de él. Fue Judas, no Dios, el que traicionó a Cristo. Dios ni peca ni es responsable del pecado.

El concepto de que no es pecado en sí el hecho de que Dios haga que un humano peque necesita ser explicado con más profundidad. Por definición, Dios no puede pecar. Clark ofrece varios puntos para clarificar su posición:

1. Todo lo que hace Dios es justo y recto simplemente porque lo hace él. No hay una ley superior a Dios que le prohíba decretar actos pecaminosos. El pecado es la transgresión de la ley de Dios, o la falta de conformidad con ella. Pero él está 'Ex- lex', está por encima de la ley. Él es la definición del estándar de lo correcto.

2. Aunque es cierto que es pecaminoso para un ser humano pecar o intentar hacer que otro cometa pecado, no es pecado que Dios haga que el humano peque. La relación de los humanos entre sí es distinta a la relación que hay entre Dios y los seres humanos, así como su relación con la ley de Dios es distinta de la relación de Dios con la ley. Como creador de todas las cosas, Dios tiene derechos absolutos e ilimitados sobre ellas, y nadie puede castigarle.

3. Las leyes que Dios impone a la humanidad literalmente no le son aplicables a él. Por ejemplo, él no puede robar porque todo le pertenece. No hay nadie a quien pueda robar.

4. La Biblia expone abiertamente que Dios ha hecho que los profetas mintieran (por ejemplo, 2 Cr. 18:20-22). Tales declaraciones en ningún sentido son incompatibles con las declaraciones bíblicas de que Dios está libre de pecado.

Lo que Clark ha hecho es redefinir la bondad de Dios. La solución de Clark al problema del mal toma la forma en cierta manera del siguiente silogismo: 

Todo lo que sucede ha sido causado por Dios.

Todo lo que Dios causa es bueno.

Todo lo que sucede es bueno.

El problema, en efecto, se resuelve entendiendo que es bueno y correcto que Dios (al final) cause malos actos como que un borracho dispare a su familia, aunque Dios no peca y no es responsable de este acto pecaminoso. Pero en esta solución al problema del mal el término bondad ha sufrido tal transformación que se ha convertido en algo muy diferente de lo que normalmente entendemos por bondad de Dios. Como respuesta, se deberían hacer varías observaciones:

1. Aunque en algunos casos Dios por supuesto no tiene las mismas obligaciones que sus criaturas (por ejemplo, la prohibición en cuanto al robo), enfatizar esto es hacer que estas cualidades morales sean tan equívocas que empiezan a perder su fuerza y significado. En el esquema de Clark, las frases “Dios hace el bien” y “un humano hace el bien” son tan distintas que en realidad nosotros casi no sabemos lo que significa decir: “Dios es bueno.”

2. En un momento u otro, Clark corre el peligro de mantener la teoría de que la voluntad de Dios es arbitraria, cosa que recuerda a Guillermo de Ockham. La voluntad preceptiva y la voluntad decretora de Dios pueden ser y son bastante distintas. Clark también rechaza enfáticamente la idea de que Dios esté obligado por ninguna ley externa superior a él mismo. Entonces, ¿cuál es el estatus de su ley preceptiva? ¿Está en conformidad con su naturaleza? Si no es así, entonces (como no hay ley superior) debe ser una voluntad arbitraria sobre lo que es bueno. Pero si es así, la voluntad decretora de Dios, al menos en esos puntos en los que está en contradicción con sus preceptos, no debe estar en conformidad con su naturaleza. O bien la voluntad decretora de Dios o bien su voluntad preceptiva son arbitrarias.

3. La naturaleza de la bondad misma es puesta en cuestión por la discusión de Clark sobre responsabilidad. Dice que “el hombre es responsable porque Dios le pide cuentas; el hombre es responsable porque el poder supremo puede castigarle por su desobediencia. Dios, por el contrario, no puede ser responsable por la sencilla razón de que no hay un poder superior a él; ningún ser superior le puede pedir cuentas; nadie puede castigarle.” Esto parece estar peligrosamente cerca de la posición de que lo correcto y lo incorrecto son un asunto de conveniencia. La obligación de dar cuentas determina la moralidad: una acción es correcta si va a recibir recompensa, es incorrecta si va a ser castigada. Aunque en un nivel más bajo tales consideraciones pueden motivar a los humanos, en un nivel más alto esto no se puede aplicar. Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13). En parte, lo que hace que la muerte de Jesús sea un acto de bondad es que aunque él no tenía que dar cuentas ante nadie, y no iba a ser castigado (es más no podría serlo) por no someterse a la cruz, dio su vida.

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