Separación

Un tema que se deduce de la insistencia bíblica en la santidad y la pureza es la separación. El cristiano tiene que ser separado de ciertos aspectos del mundo. Este mensaje lo proclama Santiago: “La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo” (Stgo. 1:27). De manera similar, Pablo escribe a los corintios: “Por lo cual, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo impuro; y yo os recibiré y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18). Estos llamamientos a vivir de forma pura y distintiva se basan en el hecho de que somos el propio pueblo de Dios; nuestra relación y comportamiento debería ser diferente al del resto del mundo.

La aplicación de estos principios a la conducta práctica de la vida ha significado cosas diferentes para distinta gente. Para algunos significa alejarse de la sabiduría del mundo, o sea, evitar el aprendizaje secular. Para otros significa separarse de las iglesias o de los grupos cristianos que no son puros en doctrina o estilo de vida. Y para otros, significa retirarse de cualquier contacto profundo o prolongado con personas no cristianas, por miedo a que nuestra propia fe se pueda ver corrompida. También significa abstenerse de ciertas prácticas personales como fumar, beber, bailar o ir al cine. Ciertos grupos han adoptado varias de estas ideas de la separación.

Por otra parte, en los últimos años ha habido algunos movimientos hacia la secularización en algunos círculos evangélicos. Este movimiento ha adoptado diferentes formas. En los círculos educativos y académicos se han realizado esfuerzos para igualar las instituciones educativas cristianas con sus análogas seculares, para obtener la misma educación, particularmente a nivel de graduación, en una institución secular, o para implicarse a nivel académico en círculos más amplios.

También ha habido una forma eclesiástica de secularización. Los conservadores en la primera mitad del siglo XX a menudo prefirieron apartarse de grupos que percibían como teológicamente liberales. Así ocurrió en la fundación del Westminster Seminary en 1929 y la formación de la General Association of Regular Baptists y la Conservative Baptist Association son ejemplos de este mismo fenómeno. Sin embargo, algunos evangélicos en los últimos años han escogido seguir formando parte de las denominaciones originales que han girado hacia la izquierda teológicamente; el sentimiento de estos evangélicos es que pueden ejercer una mayor influencia desde dentro que desde fuera.

Ha habido además un movimiento hacia un menor separatismo social. Esto es así a nivel individual; se mantienen amistades personales íntimas con no cristianos. También es cierto a nivel más amplio; los evangélicos ahora escogen vivir y trabajar con sectores de la sociedad no cristianos, ser miembros de organizaciones que no tienen ningún compromiso cristiano o uno inconsistente. Y finalmente, algunos evangélicos han adoptado prácticas personales que antes eran un tabú, como beber, fumar o incluso decir palabrotas.

Hay base bíblica que apoya ciertas formas de cada una de estas posturas. Por un lado, desde luego está en las enseñanzas de las Escrituras que como pertenecemos a un Dios puro y santo, debemos también ser puros. Pero también está en las enseñanzas de Jesús que tenemos que ser la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt. 5:13-16). Tenemos que dejar sentir nuestra influencia en un mundo que necesita el efecto moderador del cristianismo. Estar implicado en las estructuras de la sociedad mientras mantenemos nuestro carácter distintivo, nuestra calidad como sal y luz, requiere un cuidadoso equilibrio; todo cristiano necesita determinar qué es lo mejor que puede hacer para conseguirlo. El ideal planteado por Santiago debería ser nuestro objetivo: practicar los actos de compasión y amabilidad y mantenernos limpios ante el mundo.