La Teología en la actualidad

La teología, como cualquier otra actividad humana, se elabora en un determinado contexto. Los teólogos y los estudiantes de teología viven en un periodo de tiempo específico y no en un vacío atemporal, y la teología debe hacerse dentro de esta situación. Hay factores teológicos y no teológicos (o culturales) en todas las situaciones. Antes de continuar es importante observar ciertas características en el panorama teológico actual.

1. El primer factor teológico significativo y en cierto sentido especial del actual periodo es la tendencia de las teologías a tener una vigencia breve. Esta ha sido una tendencia que se ha desarrollado progresivamente. Antes una forma de teología podía durar décadas o incluso siglos, pero esto parece haber cambiado. La síntesis de Agustín sobre la filosofía y teología de Platón (La ciudad de Dios) de alguna manera dominó la teología durante más de ochocientos años. Después Tomás de Aquino sintetizó la teología católica con la filosofía de Aristóteles (Summa Theologica) y fue la base de la teología hasta la Reforma: un intervalo de casi tres siglos. Los reformadores desarrollaron una teología independiente de la anterior síntesis católica, siendo Institución de la religión cristiana de Calvino el tratado más profundo de la nueva forma de entender el cristianismo. Aunque había movimientos heréticos de vez en cuando, e incluso surgió una manera distinta de entender la teología evangélica con la obra de John Wesley, durante más de 250 años no hubo una figura teológica o un escrito que pudiera rivalizar con la influencia de Calvino.

Después con la obra de Friedrich Schleiermacher surgió la teología liberal, no como un desafío externo a la ortodoxia, como había sido el deísmo, sino como un competidor desde dentro de la iglesia. Las obras de Schleiermacher sobre la religión (Discurso a sus menospreciadores cultivados y La doctrina de la fe) fueron los primeros indicadores de que estaba en marcha un nuevo tipo de teología. El liberalismo, en sus muchas variedades, iba a dominar la teología europea durante todo el siglo XIX y principios del XX, su periodo de popularidad fue un poco más tardío en Norteamérica. Si el siglo XIX acabó en agosto de 1914 para Karl Barth, este cambio no se hizo aparente para el resto del mundo teológico hasta 1919 con la publicación de su Der Römerbrief (Epístola a los Romanos). Esto marcó el fin de la teología liberal y la ascendencia de lo que iba a denominarse neoortodoxia. La duración de su supremacía, sin embargo, resultó ser mucho más corta que la de las teologías precedentes. En 1941, “El Nuevo Testamento y la mitología” de Rudolf Bultmann anunció el principio de un movimiento (o un programa) conocido como desmitologización. Esto supuso un corto pero genuino desplazamiento del punto de vista neoortodoxo. En 1954, Ernest Käsemann presentó un documento que marcó el resurgir de la búsqueda del Jesús histórico, cuestionando la perspectiva de Bultmann. Sin embargo, no introdujo un sistema nuevo. Principalmente indicó el final del reinado de los sistemas en sí.

Fíjese en lo que ha venido pasando durante este periodo. El primer gran sistema teológico duró cientos de años, pero el periodo de dominación de cada uno de los siguientes fue más corto que el de su predecesor inmediato. La duración de las teologías cada vez tiene un periodo de vida más corto. Por lo tanto cualquier teología que intente estar muy cerca de las condiciones actuales del mundo intelectual está condenada a quedarse anticuada muy pronto. Esto es particularmente obvio en el caso de la teología de la muerte de Dios que floreció brevemente, en lo que se refiere a la atención pública, a mediados de los 60, y luego desapareció de la vista casi tan rápido como había surgido. En la terminología científica actual la media vida de las nuevas teologías es desde luego muy corta.

2. Otro fenómeno de los tiempos actuales es la desaparición de las grandes escuelas de teología como tales. Al decir esto no nos referimos a las instituciones educativas, sino a los movimientos definidos o a los grupos de seguidores que se apiñan en torno a una serie de enseñanzas. Hoy hay únicamente teologías y teólogos individuales. Aunque esto no es del todo cierto, hay, no obstante, una gran verdad en esta generalización. En los años 50 era posible clasificar a los teólogos por bandos o equipos.

Hoy las cosas son bastante diferentes. Para utilizar una metáfora deportiva: mientas que antes el campo de juego estaba ocupado por distintos equipos fácilmente reconocibles por sus uniformes, ahora todos los jugadores parecen llevar un uniforme diferente. O con una metáfora política, es como si en un proceso electoral cada votante fuera su propio partido político. Seguro que hay teologías específicas, como la teología de la esperanza o la teología del proceso. Sin embargo, estas carecen de la coherencia interna y de los conjuntos doctrinales completos que manifestaban tradicionalmente los sistemas teológicos basados en un motivo integrador o incluso en una tendencia.

Mientras que en tiempos anteriores habían teologías distintivas que habían aplicado sus teorías a prácticamente todos los temas posibles y por lo tanto se podían encontrar dentro de ellas respuestas coherentes para cada pregunta en particular, ahora ya no es así. Hay esquemas de teología en lugar de proyectos de teología desarrollados.

3. Relacionado con los dos factores anteriores está el hecho de que parece no haber gigantes de la teología como los que había incluso hace una generación. En la primera mitad del siglo XX, había grandes pensadores teológicos que formulaban extensos sistemas de teología cuidadosamente elaborados: Karl Barth, Emil Brunner, Paul Tillich, Rudolf Bultmann. En círculos conservadores hombres como G. C. Berkouwer en los Países bajos y Edward Carnell y Carl F. H. Henry en los Estados Unidos eran reconocidos como líderes. Ahora la mayoría de esos teólogos han desaparecido de la escena teológica y no han surgido nuevos pensadores que hayan dominado el escenario teológico como ellos lo hicieron en su día. Dos que han hecho contribuciones dignas de mención son Wolfhart Pannenberg y Jürgen Moltmann, pero no han conseguido demasiados seguidores. En consecuencia, hay un círculo de teólogos influyentes considerablemente mayor, pero la influencia que ellos ejercen es bastante menor que la de los hombres ya mencionados.

La teología se hace ahora en un periodo caracterizado, entre otras cosas, por una “explosión de conocimiento.” La cantidad de información crece tan rápidamente que llegar a abarcar una gran área de pensamiento es cada vez más difícil. Aunque esto es especialmente cierto en áreas tecnológicas, el conocimiento teológico y bíblico es también mucho más amplio de lo que lo fue una vez. El resultado ha sido un mayor grado de especialización. En los estudios bíblicos, por ejemplo, los estudiosos del Nuevo Testamento tienden a especializarse en los Evangelios o en los escritos de Pablo. Los historiadores de la iglesia tienden a especializarse en un periodo como el de la Reforma. En consecuencia, las investigaciones y las publicaciones se suelen centrar en áreas más reducidas y lo hacen con mayor profundidad.

Esto implica que el teólogo sistemático encontrará muy difícil ocuparse de todos los tipos de doctrinas. La teología sistemática se complica más porque requiere un conocimiento de todas las Escrituras y del desarrollo del pensamiento a lo largo de toda la historia de la iglesia. Es más, en lo que se refiere a la nueva información, la teología sistemática no está restringida a descubrimientos recientes en el campo de la filología hebrea, por ejemplo, sino que debe relacionarse con el desarrollo de áreas tan “seculares” como la sociología, la biología y muchas otras disciplinas. Sin embargo, es necesario hacer el trabajo, y en distintos niveles, incluso en el elemental o en el introductorio.

En décadas recientes se ha desarrollado un ambiente muy poco favorable a hacer teología sistemática. En parte esto fue el resultado de un enfoque atomista (más que integral) del conocimiento. Ser conscientes de la gran cantidad de detalles que había que abarcar produjo la sensación de que no se podían recoger completamente todos los fragmentos y datos en una especie de conjunto integrador. Se consideraba imposible que alguien tuviera una visión general de todo el campo de la teología sistemática.

Otro factor que impedía la teología sistemática era ver la revelación como hechos históricos. Según este punto de vista, la revelación siempre se daba en una situación histórica concreta. De ahí que lo que se revelaba quedaba siempre limitado a esa perspectiva localizada. El mensaje trataba de declaraciones específicas y no de declaraciones universales sobre las cosas en general. En ocasiones había tendencia a pensar que esta variedad de particularidades no se podía combinar en un todo armonioso. Deberíamos apreciar que esto se basaba en la suposición implícita de que la realidad es internamente incoherente. En consecuencia, cualquier intento de armonizar o sistematizar distorsionaría la realidad tomada en consideración.

El resultado de todo esto fue que la teología bíblica se consideró adecuada y la teología sistemática dispensable. En efecto la teología bíblica fue sustituida por la teología sistemática. Esto tuvo dos efectos. Primero, significó que la teología escrita y estudiada tenía un enfoque más limitado. Ahora era posible concentrarse en la antropología de Pablo o en la cristología de Mateo. Este era un esfuerzo más manejable que intentar ver lo que la Biblia entera tenía que decir sobre estos temas. El segundo efecto fue que la teología se hizo descriptiva en lugar de normativa. La cuestión ya no era: “¿Qué crees tú sobre el pecado?” sino: “¿Qué crees que Pablo enseñó sobre el pecado?” Los puntos de vista de Lucas, Isaías y otros escritores bíblicos que mencionaban el pecado se podrían describir sucesivamente. Particularmente donde se creía que podía haber tensión entre estos puntos de vista, la teología bíblica difícilmente podría ser normativa para la creencia.

Durante aquellos años, la teología sistemática estaba en retirada. Se ocupaba de la preocupación introspectiva sobre su propia naturaleza. ¿Estaba justificada su existencia? ¿Cómo se podría realizar? Se había hecho relativamente poco a favor de un tratamiento amplio, completo de la teología. Se escribieron ensayos sobre temas particulares de teología, pero no las construcciones sinóptico-sistemáticas que habían caracterizado tradicionalmente a la disciplina. Sin embargo, ahora esto está cambiando. Ha habido un auténtico diluvio de textos nuevos sobre teología sistemática, especialmente los escritos desde una perspectiva evangélica. Ahora es la teología bíblica la que, lejos de reemplazar a la teología sistemática, está siendo reexaminada para ver su viabilidad. Y un tratamiento bastante profético de la teología bíblica argumenta que en efecto debe avanzar hasta parecerse más a la teología sistemática. Incluso con el énfasis cada vez mayor en la experiencia inmediata, hay cada vez más personas no especializadas que desean introducirse en el estudio teológico serio. El crecimiento de las sectas y las religiones extranjeras, algunas de ellas muy extremas en el control de sus devotos y en las prácticas en que se implican, nos ha recordado que el elemento crítico y reflexivo en religión es indispensable. Y ha habido una cada vez mayor concienciación, en parte a través del auge de la “nueva hermenéutica,” de que no es posible formular una teología simplemente basándonos en la Biblia. Se deben tratar temas tales como la manera de concebir la Biblia o la manera de enfocar su interpretación. Y por lo tanto uno se ve sumergido en los ámbitos más amplios tratados tradicionalmente por la teología sistemática.

4. Otra faceta del presente ambiente teológico es la influencia cada vez mayor de las ciencias del comportamiento. En una generación anterior, la filosofía y las ciencias naturales se usaban como compañeras e incluso como fuentes de la teología. Sin embargo, las distintas teologías de la liberación, como la feminista, la negra o las del tercer mundo, se valen mucho de las perspectivas de las ciencias del comportamiento, especialmente de la sociología.

5. La globalización es muy evidente. En el pasado, la teología la escribían principalmente autores europeos y norteamericanos. Sus puntos de vista se consideraban universales. Con el aumento del contacto con otras naciones y poblaciones, y con la vitalidad cada vez mayor del cristianismo en países del tercer mundo, la perspectiva de la teología escrita en el pasado se ve en cierta manera limitada. Es importante escuchar lo que las voces no occidentales dicen e incorporar sus puntos de vista válidos a nuestra teología.

Una de las lecciones que bien podríamos aprender del breve resumen anterior sobre el estatus reciente y actual del panorama teológico es tener cuidado con identificarnos demasiado con cualquier tendencia cultural de la actualidad. Los rápidos cambios que se producen en las teologías no son sino el reflejo de los rápidos cambios de la cultura en general. En tiempos de cambio tan rápidos, lo mejor seguramente es no intentar que la teología se ajuste demasiado al mundo en que se expresa. Una analogía mecánica puede ayudar aquí. Es bueno no tener demasiada holgura en un aparato mecánico porque esto produce un desgaste excesivo. Pero si el mecanismo está demasiado ajustado puede impedir el normal funcionamiento de las partes y estas se pueden romper.

La teología a desarrollar busca encontrar el equilibrio entre la esencia inalterable de las doctrinas y una manera de expresarlas pensando en una audiencia contemporánea. En la medida que nos concentramos en lo primero, los elementos encontrados en la Biblia se harán normativos para su estructura básica. En esta conexión se debería señalar que la forma ortodoxa de teología no es la de ningún periodo en particular, ni siquiera de uno reciente. Esta última concepción errónea parece estar en el fondo de la caracterización que hace Brevard Childs de la Teología sistemática de Louis Berkhof como un “lavado de cara de la dogmática del siglo XVII”. 

Una segunda lección que debemos aprender de nuestro repaso al panorama actual de la teología es que cierto grado de eclecticismo es a la vez posible y deseable. Con esto no se quiere sugerir que se incorporen ideas desde una amplia variedad de perspectivas con bases que se excluyen mutuamente. Más bien, se debe señalar que los temas actuales se tratan con una base ideológica menos fuerte. Como consecuencia, los sistemas distintivos no se producen con tanta facilidad. Necesitamos que nuestras formulaciones doctrinales sean lo suficientemente flexibles como para poder reconocer y utilizar perspectivas válidas de posiciones con las que por lo general no estamos de acuerdo. Aunque sistematicemos o integremos los datos bíblicos, no debemos hacerlo desde una perspectiva demasiado estrecha

Una tercera lección que debemos extraer de la situación actual es la importancia de mantener un grado de independencia en nuestro enfoque para hacer teología. Hay tendencia a adoptar simplemente el tratamiento particular de un grande de la teología. Pero el resultado de un compromiso sin reservas hacia el sistema de pensamiento de otra persona es que uno se convierte en discípulo en el peor sentido de la palabra, limitándose a repetir lo que ha aprendido del maestro. Así cesa el pensamiento independiente creativo y crítico. Pero el hecho de que no haya superestrellas indiscutibles, o que haya muy pocas, nos debería animar a ser críticos con las enseñanzas de cualquiera que leamos o escuchemos y a desear modificar cada punto que pensemos que nosotros podemos mejorar.