Desarrollo de un motivo interpretativo central

Todos los teólogos deben decidir sobre un tema en particular que, para ellos, sea el más significativo y útil para enfocar la teología como un todo. Encontraremos considerables diferencias entre los pensadores más eminentes en su manera de plantear el enfoque teológico. Por ejemplo, muchos piensan que la teología de Lutero se centra en la salvación por la gracia a través de la fe. Calvino parece hacer de la soberanía de Dios la base de su teología. Barth pone el énfasis en la Palabra de Dios, con lo que se refiere a la palabra viva, Jesucristo; por eso muchos han caracterizado su teología como Cristonomismo. Paul Tillich se centró más en el fundamento de la existencia. Nels Ferré y la escuela de Lunden y pensadores suecos como Anders Nygren y Gustaf Aulén hicieron del amor de Dios el punto central. Oscar Cullmann puso el énfasis en el “ya, pero no todavía.”

Todos los teólogos necesitan formular un motivo central. Esto dará unidad al sistema y de esa manera poder para comunicarlo. En un curso sobre cómo hablar en público se dijo una vez que así como una cesta tenía un asa para poder transportarla, el discurso debería tener una proposición central o una tesis por la cual se pudiese captar y entender el todo. Esta metáfora también se puede aplicar a la teología. También está el hecho de que un motivo central en la teología de alguien dará un énfasis básico o una dirección a su ministerio.

Uno podría pensar en el motivo central como una perspectiva desde la cual se miran los datos teológicos. La perspectiva no afecta a los datos en sí, pero proporciona un ángulo o una óptica a la manera en que se ven. Así como estar en una zona elevada a veces nos permite percibir mejor un paisaje, un motivo integrador útil nos hará comprender mejor los datos teológicos.

Se podría argumentar que cualquier teología que sea coherente tiene un motivo integrador. También se podría argumentar que a veces hay más de un motivo y estos podrían tener una naturaleza un tanto contradictoria. Lo que se pide aquí es una selección y un uso consciente y competente de un motivo integrador.

Se debe tener cuidado con hacer que esto no se convierta en un obstáculo en lugar de en un factor útil. Nuestro motivo central nunca debe determinar nuestra interpretación de los pasajes donde no es relevante. Esto sería un caso de eiségesis en lugar de exégesis. Incluso si tomamos ese “ya, pero no todavía” como clave para entender la doctrina cristiana, no deberíamos esperar que todos los pasajes de las Escrituras se tengan que entender de forma escatológica, y encontrar escatología “hasta debajo de las piedras” en el Nuevo Testamento. No obstante, el abuso potencial del motivo central de interpretación no debería impedirnos utilizarlo de forma legítima.

El motivo integrador puede que deba ser ajustado como parte de la contextualización de la teología de alguien. Puede ser que en un tiempo diferente o en una situación geográfica o cultural distinta nuestra teología se tenga que organizar sobre un fulcro un tanto diferente. Esto sucede cuando un elemento importante en el medio en el que estamos pide una orientación diferente. Por ejemplo, se debe estructurar la expresión de forma diferente en un ambiente antinomianista que en un ambiente legalista.

Basando nuestro motivo central en la variedad más amplia posible de materiales bíblicos en lugar de en pasajes selectos, podemos asegurarnos de que el motivo no distorsionará nuestra teología. El resultado será un motivo más amplio y general, pero nos aseguraremos de que es verdaderamente completo. Otra pauta importante es mantener el motivo constantemente sujeto a revisión. Esto no quiere decir que uno debería cambiar de motivo con frecuencia, sino que hay que expandirlo, acortarlo, refinarlo o incluso reemplazarlo si es necesario, para que se acomode al conjunto de datos que está intentando abarcar. Lo que nosotros defendemos es un motivo integrador “suave”, que quede implícito en la teología, en lugar de un motivo integrador “fuerte,” que se relacione siempre de forma explícita con cada uno de los temas. Este último conduce a una mayor distorsión del material que el anterior.

El motivo central en torno al cual se desarrolla la teología de esta obra es la magnificencia de Dios. Con esto queremos decir la grandeza de Dios, su poder, conocimiento y otros “atributos naturales” tradicionales así como la excelencia y el esplendor de su naturaleza moral. La teología como la vida tienen que estar centradas en la grandeza del Dios vivo y no en la criatura humana. Porque Dios es el Alfa y el Omega, el principio y el fin, es apropiado que nuestra teología se construya teniendo como referencia principal su grandeza y bondad. Una visión fresca de la magnificencia del Señor de todo es la fuente de vitalidad que debería dominar la vida cristiana.