Historia de la doctrina de los ángeles

El tema de los ángeles probablemente ha tenido una historia más variada que la mayoría de las doctrinas. Unas veces, ha habido una preocupación exagerada por la doctrina de los ángeles y especulaciones de lo más disparatadas en torno a su naturaleza y actividades. Otras veces, creer en los ángeles se ha considerado como una reliquia de un tipo de pensamiento precientífico y no crítico. Sin embargo, el potencial mal uso no debería disuadirnos de tratar este tema de importancia genuina. Barth reconoce que al tratar este tema nos aproximamos al límite de “los problemas ajenos a la tarea y el propósito de una dogmática basada en la Palabra de Dios.” Menciona varios teólogos que reconocen la naturaleza tangencial del tema: Orígenes, Gregorio Nacianceno, Agustín, Tomás de Aquino y Juan Calvino, pero no obstante observa que: “Por supuesto, sería inconcebible no tratar el problema.”

La doctrina de los ángeles no siempre se ha considerado tan problemática. Los apólogos del siglo II parecen haber dado a los ángeles un estatus cercano a la divinidad. Por ejemplo, al contestar al cargo de ateísmo formulado en contra de los cristianos, Justino enumeró los seres que los cristianos reverenciaban y adoraban; incluyó no sólo al Hijo, también a la hueste de ángeles que le seguían y tenían semejanza con él.

La cristiandad medieval discutió extensamente sobre el tema de los ángeles. El impulso principal lo proporcionó la obra de un autor del siglo V o VI que escribió con seudónimo y que se decía que era Dionisio el areopagita, que había sido convertido por Pablo en Atenas (Hch. 17:34). Él clasificaba los ángeles en tres grupos:

(1) Tronos, querubines, serafines.

(2) Potestades, autoridades, dominios.

(3) Principados, arcángeles, ángeles.

El primer grupo, el más cercano a Dios, ilumina al segundo grupo, que a su vez ilumina al tercero. Dionisio puso un gran énfasis en la jerarquía que él creía que era inherente a toda la realidad. Basando su argumento en la declaración de Pablo de que la ley fue dada por medio de los ángeles (Gá. 3:19), Dionisio afirmaba que los humanos, como orden inferior que eran, no tenían acceso directo a Dios o a sus manifestaciones, si no era a través de los ángeles. Los órdenes humanos, y en particular la iglesia, deberían reflejar una estructura jerárquica similar.

El pensamiento medieval posterior se interesó mucho por los ángeles. En "Summa contra Gentiles", Tomás de Aquino pretendía demostrar con la razón la existencia de los ángeles. En "Summa theologica" trata de demostrar varios puntos sobre ellos: su número es mayor que todo el conjunto de los seres materiales; cada uno tiene su propia naturaleza individual; siempre están en un punto en particular, pero no están limitados a ese punto. Cada persona tiene un ángel guardián que se le asigna en el nacimiento (antes de nacer el niño está bajo la custodia del ángel guardián de su madre). Aunque los ángeles se alegran ante la buena fortuna y el interés espiritual de las personas que están a su cargo, no se afligen ante las cosas negativas que les ocurren, porque la pena y el dolor les son ajenos. Tomás dedicó no menos de 118 cuestiones individuales a la naturaleza y condición de los ángeles. Este interés por los ángeles puede que fuera el motivo por el que se ganó el título de doctor angélico. Muchas de sus ideas sobre los ángeles se basaban en lo que ahora denominaríamos teología natural, una serie de argumentos racionales y de inferencias.

El efecto de los argumentos de Tomás estaba en que enfatizaba con fuerza el reino supersensible de los ángeles. Después de todo, si su número excedía el de la totalidad de los seres ligados a la materia, el reino material o terrenal debía ser de importancia secundaria. Por lo tanto mucha de la teología subsiguiente tendía a atribuir todo lo que ocurría a la actividad de los ángeles (o de los demonios).

Sin embargo, el intento de probar racionalmente la existencia de los ángeles no se limita a la obra de Tomás. También lo encontramos en teólogos posteriores. Johannes Quenstedt, uno de los escolásticos luteranos del siglo XVII, argumentaba que la existencia de los ángeles, o de algo similar a ellos, era probable, porque en la naturaleza no hay lagunas. Así como hay seres puramente corpóreos, como las piedras, y seres en parte corpóreos y en parte espirituales, como los humanos, se podría esperar que en la creación existieran seres totalmente espirituales, como los ángeles. Incluso Charles Hodge argumentó que la idea de que el humano sea el único ser racional es tan improbable como que los insectos son los únicos animales irracionales: “Hay todas las razones para suponer que la escala de los seres entre las criaturas racionales es tan extensa como en el mundo animal.”

Aunque algunos de los primeros teólogos daban a los ángeles un lugar demasiado importante en el esquema total, en parte del pensamiento reciente se ha minimizado la doctrina o incluso eliminado ángeles de la consideración teológica. Esto ha sucedido especialmente con el programa de desmitologización de Rudolf Bultmann. Él señala que en el Nuevo Testamento los ángeles juegan un papel muy importante. Ocupan el cielo (en el caso de los ángeles buenos) y el infierno (en el caso de los demonios). Sin embargo, no están limitados al cielo o al infierno. Tanto los ángeles como los demonios obran también activamente en la zona media, la tierra. Los ángeles, en nombre de Dios, pueden intervenir milagrosamente en el orden creado. Y los demonios entran en los humanos, poniéndolos bajo su control, a través de medios como las enfermedades. Sin embargo, hoy ya no creemos en ese tipo de seres espirituales, dice Bultmann. Ahora sabemos, gracias a nuestro mayor conocimiento de la naturaleza, que la enfermedad no la causan los demonios, sino los virus y las bacterias. También sabemos lo que debemos hacer para recuperarnos de esas enfermedades. Bultmann afirma: “Es imposible utilizar la luz eléctrica y la radio y servirnos de los descubrimientos médicos y quirúrgicos, y creer al mismo tiempo en el mundo de espíritus y milagros del Nuevo Testamento.” Dice que no hay nada único y especial en la creencia en los espíritus de los escritores del Nuevo Testamento. Únicamente es una reflexión de las ideas mantenidas popularmente en aquellos días. En otras palabras, es un mito. Incluso muchos modernos que no saben nada sobre la teoría hermenéutica muy técnica y muy afinada de Bultmann consideran obsoleta la creencia en los ángeles. Entre las primeras áreas de la doctrina cristiana que se desmitologizan popularmente se encuentra la creencia en los ángeles y en el infierno.

En la última parte del siglo XX, se ha producido un auténtico resurgimiento de la angelología. Se ha producido un crecimiento del interés de la sociedad por lo sobrenatural, incluida la fascinación por el ocultismo. Quizá como reacción en contra del racionalismo científico naturalista, las explicaciones que caen fuera del campo de las leyes naturales han florecido en algunos círculos. Los cristianos han mostrado un interés renovado por la demonología, en particular por la posesión demoníaca y las enfermedades inducidas por los demonios. En relación con esto, aunque demorándose algo en el tiempo, ha surgido un interés popular por los ángeles buenos. En la década de los años 1990, aparecieron varias películas que relataban la realidad y la actividad de los ángeles. Sin embargo, no ha habido una investigación equilibrada de la naturaleza y la actividad de los ángeles, tanto de los buenos como de los malos.