Los ángeles buenos
El principal término hebreo para ángel es 'mal’ak'; la palabra griega correspondiente es 'angelos'; en cada caso, el significado básico es "mensajero", ya sea humano o angélico. Cuando se utiliza para ángeles, los términos resaltan su papel de portadores de mensajes. Ejemplos de humanos designados con estos términos son el mensajero enviado por Jezabel a Elías (1 R. 19:2) y ciertos discípulos de Juan el Bautista (Lc. 7:24) y de Jesús (Lc. 9:52). Algunos sugieren que la palabra en singular en el Antiguo Testamento normalmente hace referencia a los mensajeros divinos (esto es, los ángeles) y en plural a los mensajeros humanos; pero las excepciones son lo suficientemente numerosas e importantes como para hacer que esta observación no sea realmente significativa. Otras expresiones hebreas que se cree que hacen referencia a los ángeles son “hijos de Elohim – Dios –” (Job 1:6; 2:1) e “hijos de Elim – los poderosos –” (Sal. 29:1; 89:6). Es dudoso que la palabra Elohim sola, pueda representar a los ángeles, aunque la Septuaginta así la traduce en varias ocasiones, la más destacada Salmos 8:5. Otros términos del Antiguo Testamento para ángeles son “santos” (Sal. 89:5, 7) y “vigilantes” (Dn. 4:13, 17, 23). Cuando se habla de ellos en su conjunto se les llama “la congregación” (Sal. 89:5, 7) y “ejército” o “ejércitos” como en la expresión muy común “Jehová de los ejércitos” que se encuentra más de sesenta veces sólo en el libro de Isaías.
Con frecuencia, cuando 'angelos' aparece en el Nuevo Testamento, le acompaña una frase que deja claro que está haciendo referencia a los ángeles, como por ejemplo: “los ángeles de los cielos” (Mt. 24:36). Otras expresiones del Nuevo Testamento que se cree que hacen referencia a los ángeles son “huestes celestiales” (Lc. 2:13), “espíritus” (He. 1:14), y en distintas combinaciones “principados,” “potestades,” “tronos,” “dominios” y “autoridades” (ver especialmente Col. 1:16; también Ro. 8:38; 1 Co. 15:24; Ef. 6:12; Col. 2:15).
El término arcángel aparece en dos pasajes, 1 Tesalonicenses 4:16 y Judas 9. En este último se llama a Miguel arcángel.
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