Intensidad de la inspiración

¿Cómo fue de intensa la inspiración? ¿Fue una influencia general, implicando quizá la sugerencia de conceptos, o fue tan profunda que incluso la elección de las palabras refleja la intención de Dios?

Cuando examinamos el uso que los escritores del Nuevo Testamento hacen del Antiguo, aparece una característica interesante. A veces encontramos señales de que consideraban cada palabra, cada sílaba, cada signo de puntuación significativo. A veces toda su argumentación se basa en un punto exacto del texto que están consultando. Por ejemplo, la argumentación de Jesús en Juan 10:35 se

basa en el uso del plural en el Salmo 82:6: “Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: “Tú blasfemas,” porque dije “Hijo de Dios soy”? En Mateo 22:32, su cita de Éxodo 3:6 “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.” es el tiempo del verbo el que le lleva a la conclusión de que “Dios no es Dios de los muertos, sino de vivos.” En el versículo 44, la argumentación se apoya en el sufijo posesivo: “Dijo el Señor a mi Señor.” En este último caso Jesús dice expresamente que cuando David dice estas palabras “está en el Espíritu.” Aparentemente David fue conducido por el Espíritu a utilizar las formas particulares que utilizó, incluso hasta el punto de un detalle tan pequeño como “mi Señor.” (La misma cita aparece en Hechos 2:35). Y en Gálatas 3:16, Pablo basa su argumento en el singular del Génesis 12:7: “La Escritura no dice ‘y a los descendientes’, como si hablara de muchos, sino como de uno: ‘Y a tu descendencia,’ la cual es Cristo.” Como los escritores del Nuevo Testamento consideraban estos pequeños detalles del Antiguo Testamento como autoritativos (esto es, lo que el mismo Dios dijo), obviamente consideraban la elección de las palabras e incluso su forma como dirigidas por el Espíritu Santo.
 
Otro argumento en lo que se refiere a la intensidad de la inspiración es el hecho de que los escritores del Nuevo Testamento atribuyen a Dios declaraciones del Antiguo Testamento que en la forma original no se le adjudicaban. Un ejemplo notable es Mateo 19:4-5, cuando Jesús pregunta: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio ‘hombre y mujer los hizo’ y dijo...? Y continúa citando Génesis 2:24. Sin embargo, en el original esta frase no se atribuye a Dios. Sólo es un comentario sobre el evento de la creación del hombre y la mujer. Pero las palabras del Génesis son citadas por Jesús como dichas por Dios, Jesús incluso pone estas palabras como una cita directa. Evidentemente, en la mente de Jesús todo lo que decía el Antiguo Testamento era lo que Dios decía. Otros ejemplos de atribuir a Dios palabras que no se le atribuyeron al principio son Hechos 4:25 que citaba Salmos 2:1-2; Hechos 13:34 que citaba Salmos 16:10 y Hebreos 1:6-7, citando Deuteronomio 32:43 (Septuaginta, ver Sal. 97:7) y Salmos 104:4.
 

Además de estas referencias específicas, deberíamos señalar que Jesús a menudo introducía sus citas del Antiguo Testamento con la fórmula “está escrito.” Cualquier cosa que dijera la Biblia él la tomaba como si tuviera la fuerza de las palabras de Dios. Era autoridad. Esto, por supuesto, no habla específicamente de la cuestión de si la inspiración del Espíritu Santo se extendía hasta la elección de las palabras, pero indica una minuciosa identificación de los escritos del Antiguo Testamento con la palabra de Dios.

Según este tipo de material didáctico, se podría concluir que la inspiración de las Escrituras fue tan intensa que se extendió incluso a la elección de las palabras. Sin embargo, si tenemos que tomar en cuenta los fenómenos de las Escrituras, las características del libro, encontramos algo un poco distinto. Dewey Beegle ha desarrollado una teoría de la inspiración basada principalmente en los fenómenos. Apunta, por ejemplo, que algunos problemas cronológicos en la Biblia son difíciles de armonizar. El reinado de Peca es uno de los más destacados. La cronología de Abraham es otro. Beegle señala que en Hechos 7:4 Esteban hace referencia a la salida de Abraham de Harán después de la muerte de su padre. Sabemos por el Génesis que Taré tenía 70 años cuando nació Abraham (Gn. 11:26), y murió en Harán a la edad de 205 (11:32); Abraham por lo tanto tenía 135 años a la muerte de su padre. Sin embargo, Abraham se fue de Harán cuando tenía 75 (Gn. 12:4), lo cual serían 60 años antes de la muerte de su padre. Basándose en este tipo de discrepancias, Beegle concluye que las palabras específicas realmente no son autoritativas. Esto implicaría el dictado.

Beegle también observa que en el Nuevo Testamento hay citas de libros no bíblicos. Por ejemplo Judas 14 cita 1 Enoc 1:9 y Judas 9 cita la Ascensión de Moisés. Estos dos casos presentan un problema para la argumentación de que las citas del Nuevo Testamento señalan la creencia de autor del Nuevo Testamento en la inspiración y la consiguiente autoridad del material que se citaba. Ya que si se atribuye autoridad al material del Antiguo Testamento por ser citado en el Nuevo, ¿no se debería atribuir autoridad también a estos dos libros apócrifos? Beegle concluye que las citas en el Nuevo Testamento no son prueba suficiente de inspiración y autoridad.

 

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