Intensidad de la inspiración
¿Cómo fue de intensa la inspiración? ¿Fue una influencia general, implicando quizá la sugerencia de conceptos, o fue tan profunda que incluso la elección de las palabras refleja la intención de Dios?
Cuando examinamos el uso que los escritores del Nuevo Testamento hacen del Antiguo, aparece una característica interesante. A veces encontramos señales de que consideraban cada palabra, cada sílaba, cada signo de puntuación significativo. A veces toda su argumentación se basa en un punto exacto del texto que están consultando. Por ejemplo, la argumentación de Jesús en Juan 10:35 se
Además de estas referencias específicas, deberíamos señalar que Jesús a menudo introducía sus citas del Antiguo Testamento con la fórmula “está escrito.” Cualquier cosa que dijera la Biblia él la tomaba como si tuviera la fuerza de las palabras de Dios. Era autoridad. Esto, por supuesto, no habla específicamente de la cuestión de si la inspiración del Espíritu Santo se extendía hasta la elección de las palabras, pero indica una minuciosa identificación de los escritos del Antiguo Testamento con la palabra de Dios.
Según este tipo de material didáctico, se podría concluir que la inspiración de las Escrituras fue tan intensa que se extendió incluso a la elección de las palabras. Sin embargo, si tenemos que tomar en cuenta los fenómenos de las Escrituras, las características del libro, encontramos algo un poco distinto. Dewey Beegle ha desarrollado una teoría de la inspiración basada principalmente en los fenómenos. Apunta, por ejemplo, que algunos problemas cronológicos en la Biblia son difíciles de armonizar. El reinado de Peca es uno de los más destacados. La cronología de Abraham es otro. Beegle señala que en Hechos 7:4 Esteban hace referencia a la salida de Abraham de Harán después de la muerte de su padre. Sabemos por el Génesis que Taré tenía 70 años cuando nació Abraham (Gn. 11:26), y murió en Harán a la edad de 205 (11:32); Abraham por lo tanto tenía 135 años a la muerte de su padre. Sin embargo, Abraham se fue de Harán cuando tenía 75 (Gn. 12:4), lo cual serían 60 años antes de la muerte de su padre. Basándose en este tipo de discrepancias, Beegle concluye que las palabras específicas realmente no son autoritativas. Esto implicaría el dictado.
Beegle también observa que en el Nuevo Testamento hay citas de libros no bíblicos. Por ejemplo Judas 14 cita 1 Enoc 1:9 y Judas 9 cita la Ascensión de Moisés. Estos dos casos presentan un problema para la argumentación de que las citas del Nuevo Testamento señalan la creencia de autor del Nuevo Testamento en la inspiración y la consiguiente autoridad del material que se citaba. Ya que si se atribuye autoridad al material del Antiguo Testamento por ser citado en el Nuevo, ¿no se debería atribuir autoridad también a estos dos libros apócrifos? Beegle concluye que las citas en el Nuevo Testamento no son prueba suficiente de inspiración y autoridad.
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