Evaluación

Para que no pensemos que este es sólo un debate intramuros entre teólogos europeos, un estudio intercultural contemporáneo revela los mismos temas. Los teólogos latinoamericanos tienden a hacer cristología en un marco más histórico, esto es, enfatizando el enfoque desde abajo, mientras que los asiáticos trabajan con una orientación más metafísica, favoreciendo el enfoque desde arriba. Estos dos tipos de cristología, desde arriba y desde abajo, tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles distintivos, que ya han sido identificados con claridad. En algunos casos, la declaración de una posición también ha constituido una crítica al otro enfoque.

La cristología desde arriba tiene la fortaleza de reconocer que el verdadero objetivo y valor de la encarnación fue el efecto de la vida de Jesús sobre los que creían en él. Su testimonio merece nuestra mayor atención, porque ellos de entre todas las personas le conocieron más íntimamente y estaban en la mejor posición para describírselo a los demás. Además, este enfoque está comprometido con un sobrenaturalismo genuino, algo que no siempre ha sido así para las cristologías desde abajo. Deja abierta la posibilidad de un Jesús divino que obra milagros.

El problema básico de la cristología desde arriba es la substancialidad de la creencia. ¿Es el Cristo de la fe realmente la misma persona que el Jesús que anduvo por los caminos de Galilea y Judea? ¿El compromiso con el Cristo kerigmático se basa en lo que realmente fue o es una fe infundada? De una forma o de otra el problema de la subjetividad siempre asedia a este tipo de cristología. ¿Cómo podemos estar seguros de que el Cristo que conocemos por el testimonio de los apóstoles y con el que nos encontramos en nuestra experiencia actual es Jesús tal como es realmente y no son únicamente nuestros sentimientos? Un segundo problema es el relacionado con el contenido de la fe. Aunque está bien y es bueno decir que asumimos algo por fe, ¿cómo determinamos lo que debemos aceptar por fe? Sin un referente empírico, el Cristo de la fe, es en cierta manera irreal y vago.

La cristología desde abajo, por otra parte, suaviza la crítica de que la teología cristiana (y específicamente la cristología) como mucho se basa en la fe y como poco puede estar completamente vacía. Este enfoque ha intentado eliminar cantidades indebidas de subjetividad. Al reconocer que es necesario que haya una implicación (o compromiso) subjetivo en el creyente, la cristología desde abajo evita filtrarla mediante la subjetividad de otros creyentes, por ejemplo, los primeros discípulos.

Sin embargo, hay un problema que persiste. Especialmente en la versión de Pannenberg, el éxito de la cristología desde abajo depende del establecimiento de sus contenidos históricos con certeza objetiva, pero esto es difícil de conseguir. Si los hechos de la cristología son asuntos de historia genuinamente objetiva, entonces debería ser posible demostrar la divinidad de Jesús a cualquiera que pregunte de forma objetiva y honesta. No obstante, en la práctica algunos que examinan las evidencias quedan muy poco convencidos. Además, Paul Althaus mantiene que el punto de vista unitario de la historia de Pannenberg hace de la fe una función de la razón. Pannenberg ha respondido que aunque la fe es sin duda un don del Espíritu, no un producto de la razón, no obstante, el conocimiento de la revelación histórica es lógicamente, aunque no psicológicamente, anterior a la fe. La razón en su estructura esencial es suficiente para entender la revelación de Dios y reconocer su verdad. La razón humana, sin embargo, ha caído en un estado innatural y necesita ser restablecida. Este restablecimiento no significa que deba ser sobrenaturalizada, sino que sea naturalizada mediante la ayuda del kerygma y del Espíritu.

Esta distinción, sin embargo, no es muy útil. Sin tener en cuenta si la razón humana necesita ser sobrenaturalizada o únicamente naturalizada, el mismo espectro de la subjetividad, que esta teología intentaba evitar a toda costa, sigue asomando la cabeza. Aunque el Espíritu emplea las evidencias históricas para crear la fe, todavía continúa existiendo el problema de si la fe es verídica. ¿No puede ocurrir que otra persona, basándose en las mismas evidencias, llegue a una conclusión diferente? ¿No estamos de nuevo, por lo menos hasta cierto punto, volviendo de nuevo al Cristo de la fe en un intento de llegar al Jesús de la historia? El verdadero asunto de la cristología desde abajo se ha visto comprometido cuando se empieza a apelar a conceptos tales como la necesidad de naturalizar la razón. Aunque la brecha entre las evidencias históricas objetivas y las conclusiones de la fe se ha estrechado un poco, todavía sigue ahí.

 

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