Ignorancia respecto al nacimiento virginal de Cristo
Se ha argumentado que gente cercana a Jesús, en especial María, pero también sus hermanos, no conocían el milagroso nacimiento. Basándose en Marcos 3:21, 31, se asume que fueron ellos los que vinieron a sacarle, creyendo que estaba fuera de sí. Ser conscientes del milagroso nacimiento de Jesús les habría servido de explicación para su comportamiento que tan extraño les resultaba aquí.
También se ha señalado que la mayor parte del Nuevo Testamento no dice nada sobre el nacimiento virginal. ¿Cómo pudo Marcos, autor del primero y más básico de los evangelios, omitir la mención a este tema si lo conocía? Y ¿por qué el evangelio de Juan, el más teológico de los cuatro, no dice nada sobre un asunto tan importante como este? Además, es increíble que Pablo, con toda su exposición sobre la importancia de Cristo y con su fuerte orientación hacia la doctrina, permaneciese ignorante respecto a este tema si realmente fuera un hecho y formara parte de la tradición de la iglesia primitiva. Es más, la predicación de la iglesia primitiva, que se recoge en el libro de los Hechos, permanece extrañamente silenciosa ante este tema. ¿No resulta peculiar que sólo dos libros hagan mención al nacimiento virginal, y sólo de forma breve? Incluso Mateo y Lucas no utilizan, ni hacen nuevas referencias al nacimiento virginal. Estos son cargos serios que exigen una respuesta, porque si se toman por lo que parecen ser, minan o neutralizan la afirmación de que hubo un testimonio temprano del nacimiento virginal.
Debemos observar primero Marcos 3. No hay seguridad de que María y los hermanos de Jesús (v. 31) fueran las personas que pensaban que estaba fuera de sí (v. 21). Literalmente el griego dice “los de él,” refiriéndose presumiblemente a personas de su propia casa. Sin embargo, quiénes eran estos individuos no está nada claro. Y hay que señalar que en el versículo 31 no se hace mención alguna al versículo 21. Por tanto, es probable que uno no se produzca justo después del otro, sino que los dos versículos estén narrando sucesos desconectados. No hay indicación alguna de que cuando María y los hermanos de Jesús vinieron a buscarle, estuvieran preocupados por su salud mental o la estabilidad de sus acciones. No se establece conexión alguna con la terminología del versículo 21, ni hay ninguna pista que indique que este fuera un segundo acercamiento de la madre y los hermanos de Jesús. Es más, un intercambio verbal con los escribas de Jerusalén aparece entre los dos versículos. Y la referencia de Jesús a “mi madre y mis hermanos” no contiene ninguna pista de que hubiera una reflexión desfavorable por su parte (vv. 33-35). Así que, no hay justificación para creer que los que pensaban que Jesús estaba fuera de sí fueran su madre y sus hermanos.
Sin embargo, incluso si María hubiera estado entre los que pensaban que Jesús estaba fuera de sí, eso no sería incompatible con que supiera lo de su nacimiento virginal. Si María esperaba que Jesús algún día se sentara en el trono de David, podría haberse sentido perpleja con facilidad. Porque en el ministerio en el que ahora se embarcaba Jesús parecía producir oposición y rechazo. Sin embargo, podía ser consciente del hecho de que, durante la infancia y madurez de Jesús, ella había tenido una posición de superioridad sobre él: cuidándole entrenándole, aconsejándole. Sin duda habría habido momentos en los que ella había considerado necesario aconsejarle mejores formas de actuar en su vida personal, si su encarnación era realmente genuina. Puede haber observado este episodio simplemente como otra ocasión en la que su guía era necesaria.
En lo que se refiere a sus hermanos, se pueden aplicar algunas de esas mismas consideraciones. Sin embargo, en su caso tenemos una indicación explícita de que no creían en Jesús durante su ministerio, o al menos en algún momento de su ministerio (Jn. 7:5). Su falta de creencia se ha citado como evidencia de que no tenían conocimiento del nacimiento virginal y de que por tanto este no se había producido. Pero en realidad no hay razón para creer que María y José les hubiesen contado lo del nacimiento virginal. Aunque puede que esa verdad la hayan conocido más tarde, e incluso puede que tuviera que ver con el hecho de que empezaran a creer en él, es bastante probable que, siendo más jóvenes que Jesús, cuando no creían desconociesen completamente lo de su nacimiento inusual.
Pero ¿qué pasa con el silencio de los demás libros del Nuevo Testamento? El evangelio según Marcos se considera bastante significativo a este respecto, ya que presumiblemente es un documento anterior y básico sobre el que se escribieron los Evangelios Sinópticos. Pero uno siempre debe ser cuidadoso al argumentar con el silencio, y especialmente en este caso. Marcos no hace ninguna referencia al nacimiento e infancia de Jesús. El mismo diseño del libro parece ser el de proporcionar un informe de los sucesos que pueden haber sido un asunto de conocimiento público, no el de ofrecer detalles íntimos de la vida de Jesús. Al escribir un libro tan compacto como el que escribió, Marcos no ofrece ningún discurso extendido como los que encontramos en Mateo, y el tipo de incidentes que sólo conocerían una o dos personas tampoco los encontramos aquí. La tradición de que Marcos basa su evangelio en la información suministrada por Pedro sugiere que Marcos podría haber escogido sólo lo que el apóstol había observado personalmente. Estas consideraciones, en caso de ser ciertas, apoyarían la ausencia de cualquier referencia al nacimiento virginal. Esto no implica que Marcos no supiera de ello o que la tradición fuera falsa.
No obstante, hay una cosa en el evangelio de Marcos que algunos han señalado como prueba de que el autor sí sabía del nacimiento virginal. Sucede en 6:3. En el pasaje paralelo Mateo cuenta que la gente de Nazaret preguntaba: “¿No es ese el hijo del carpintero?” (Mt. 13:55); y Lucas tiene: “¿No es este el hijo de José?” (4:22). Sin embargo, en Marcos se lee: “¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?” Parece como si Marcos estuviera tratando deliberadamente de evitar referirse a Jesús como hijo de José. Al contrario que los lectores de Mateo y Lucas, a los que ya se les había advertido del nacimiento virginal en el capítulo de inicio de los evangelios respectivos, los lectores de Marcos no tenían manera de saber esto. Así que escogió sus palabras cuidadosamente para no dar una impresión equivocada. El punto crucial para nosotros es que el relato de Marcos no ofrece base para concluir que José era el padre de Jesús. Por tanto, aunque Marcos no nos habla del nacimiento virginal, desde luego tampoco lo contradice.
Juan tampoco hace mención al nacimiento virginal en su evangelio. Como ocurre con Marcos, se debería observar que la naturaleza del evangelio de Juan es tal que no existe narración del nacimiento. Es cierto que el prólogo habla del origen de Jesús, pero este pasaje está más orientado teológica que históricamente, y va seguido inmediatamente por la imagen de Jesús y Juan el Bautista al inicio del ministerio público de Jesús. No hay nada que se aproxime a un relato de sucesos de la vida de Jesús antes de los treinta. Aunque algunos han tratado de buscar una alusión al nacimiento virginal en Juan 1:13, esta interpretación depende de una variante textual disputada.
Como observamos anteriormente, no hay referencias al nacimiento virginal en los sermones del libro de los Hechos. Sin embargo, deberíamos señalar que estos sermones fueron ofrecidos a audiencias hostiles o desinformadas. Por tanto, no habría sido natural incluir referencias al nacimiento virginal, porque podrían haber introducido un obstáculo innecesario a la aceptación del mensaje y de la persona en la que se centraba.
La consideración final son los escritos de Pablo. Debido a su papel dominante en la formulación de la teología de la iglesia primitiva, lo que dice o no dice es de considerable importancia. Una lectura atenta de los escritos o discursos de Pablo no nos descubrirá nada que trate directamente del nacimiento virginal, ya sea desde una perspectiva positiva o negativa. Algunos consideran que Gálatas 4:4 tiene evidencias a favor del nacimiento virginal y otros que tiene evidencias en contra, pero su argumentación no tiene mucho peso. Algunos creen que Romanos 1:3 es incoherente con la idea de la concepción virginal, pero es difícil ver ninguna contradicción definitiva.
No obstante, la ausencia de cualquier referencia al nacimiento virginal nos preocupa, ya que siendo un asunto de tanta importancia, parece extraño que Pablo no hablara de ello. Sin embargo, deberíamos ver los escritos de Pablo tal y como son: no son discursos generales de naturaleza catequética, sino tratamientos de problemas particulares de la vida de una iglesia o de un individuo. Si la ocasión no exigía la exposición de un argumento sobre un tema en particular, Pablo no lo trataba. Entre todos los grandes temas que argumentó están la gracia y la ley, la naturaleza de los dones espirituales en el cuerpo de Cristo y la moralidad personal. No entró en detalles en temas concernientes a la persona de Cristo, porque evidentemente no eran tema de disputa en las iglesias o para las personas a las que escribió.
Para resumir este punto: no hay nada en el silencio de muchos autores del Nuevo Testamento sobre el tema del nacimiento virginal que haga militar en su contra. Sin embargo, más tarde, de alguna manera, a la vista de tanto silencio, puede que tengamos que preguntarnos por la verdadera importancia de esta doctrina. ¿Es indispensable para la fe cristiana? Y si es así, ¿de qué manera?
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