Construcciones históricas

Durante los dos primeros siglos d.C. hubo pocos intentos conscientes de tratar los temas teológicos y filosóficos de lo que ahora llamamos doctrina de la Trinidad. Encontramos el uso de la fórmula triple de Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero se encuentran relativamente pocos intentos de exponerla o explicarla. Pensadores como Justino o Tatiano enfatizan la unidad de la esencia entre la Palabra y el Padre y utilizan la imagen de la imposibilidad de separar la luz de su fuente, el sol. De esta manera ilustran que, aunque la Palabra y el Padre son distintos, no son divisibles ni separables.