El amor y la justicia de Dios: ¿Un punto de tensión?

En la sección anterior hemos tratado de muchas características de Dios, sin agotarlas de ninguna manera. Pero ¿qué pasa con las relaciones entre ellas? Supuestamente Dios es un ser unificado e integrado cuya personalidad es un todo armonioso. Entonces, no debería haber tensión entre los distintos atributos. Pero ¿realmente es así?

Un punto de tensión potencial suele estar en la relación entre el amor de Dios y su justicia. Por una parte, la justicia de Dios parece severa, exigiendo la muerte de los que pecan. Este es un Dios duro y fiero. Por otra parte, Dios es misericordioso, benévolo, clemente, paciente. ¿Estos rasgos no están en conflicto entre sí? Entonces, ¿existe tensión interna en la naturaleza de Dios?

Si empezamos con las suposiciones de que Dios es un ser integrado y que los atributos divinos son armoniosos, definiremos los atributos dependiendo unos de otros. Por tanto, la justicia es una justicia amorosa y el amor es un amor justo. La idea de que pueda haber un conflicto entre ambos puede haber surgido por la definición aislada de estos atributos. Aunque la concepción del amor apartado de la justicia, por ejemplo, pueda derivarse de fuentes externas, no es una enseñanza bíblica

Lo que estamos diciendo es que el amor no se entiende completamente a menos que se vea junto con la justicia. Si el amor no incluye la justicia, es simple sentimentalismo. El enfoque que definiría el amor como algo que concede lo que otra persona quiere no es bíblico. Choca con dos impedimentos:

(1) Dar a alguien lo que le haría sentirse bien en un momento dado podría no ser más que satisfacer el capricho de esa persona: tal acción no tiene por qué ser necesariamente correcta.

(2) Esto suele ser una reacción emocional hacia una persona o situación inmediatamente cercana.

Pero el amor abarca mucho más: necesariamente implica justicia, un sentido de lo que es correcto o incorrecto y abarca a toda la humanidad. Como ha demostrado correctamente Joseph Fletcher, la justicia simplemente es amor distribuido. Es amor a todos nuestros vecinos, a los que tenemos cerca y a los que tenemos lejos en el espacio y el tiempo. Justicia significa que siempre se debe mostrar amor, aunque no se presente una situación de necesidad inmediata de forma vívida y apremiante. Amor, en el sentido bíblico, no es meramente complacer a alguien que está cerca. Más bien, también implica de forma inherente justicia. Esto significa que habrá preocupación por el bienestar de toda la humanidad, una pasión por hacer lo correcto y una aplicación de consecuencias adecuadas para las acciones incorrectas.

En realidad, el amor y la justicia han trabajado juntos cuando Dios ha tratado con la raza humana. La justicia de Dios requiere que haya que pagar un precio por el pecado. Sin embargo, el amor de Dios desea que los humanos vuelvan a estar en comunión con él. El ofrecimiento de Jesucristo como expiación por el pecado muestra que la justicia y el amor de Dios se han mantenido. Y realmente no hay tensión entre los dos. Sólo hay tensión si nuestra visión del amor requiere que Dios perdone el pecado sin pagar ningún precio. Pero esto es pensar en Dios de una manera diferente a como es en realidad. Es más, el ofrecimiento de Jesucristo como expiación muestra un mayor amor por parte de Dios que simplemente liberar de forma indulgente a la gente de las consecuencias del pecado. Para cumplir con la administración justa de su ley, el amor de Dios fue tan grande que nos dio a su Hijo. Amor y justicia no son dos atributos separados compitiendo entre sí. Dios es recto y amoroso, y da lo que él mismo demanda.

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