Elementos esenciales de una doctrina de la Trinidad

Antes de intentar una construcción contemporánea de la doctrina de la Trinidad, es importante señalar los elementos destacados que deben incluirse:

1. La unidad de Dios es básica. El monoteísmo está profundamente implantado dentro de la tradición hebreo-cristiana. Dios es uno, no varios. La unidad de Dios se puede comparar con la unidad del marido y la esposa, pero se debe tener en cuenta que estamos tratando con un Dios, no con la unión de entidades separadas.

2. Se debe afirma la deidad de las tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada una de ellas es cualitativamente igual. El Hijo es divino de la misma manera y en el mismo grado que el Padre, y lo mismo ocurre con el Espíritu Santo.

3. La triplicidad y la unicidad de Dios no lo son respecto a lo mismo. Aunque la interpretación ortodoxa de la Trinidad parece contradictoria (Dios es uno y sin embargo, tres), la contradicción no es real, sino sólo aparente. Existe una contradicción si algo es A y no A a la vez y respecto de lo mismo. Al contrario que el modalismo, la ortodoxia insiste en que Dios es tres personas en cualquier momento de tiempo. Manteniendo su unidad también, la ortodoxia trata el problema sugiriendo que la manera en que Dios es tres en cierto modo es distinto al modo en que es uno. Los pensadores del siglo IV hablaban de una ousia y tres hipóstasis. El problema es determinar qué significan estos dos términos, o en un sentido más amplio, cuál es la diferencia entre la naturaleza y el locus de la unidad de Dios y el de ser tres personas en una.

4. La Trinidad es eterna. Siempre ha habido tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y todos ellos han sido siempre divinos. Uno o más de ellos no aparecieron en cierto momento del tiempo o no se hicieron divinos en un momento dado. Nunca ha habido una alteración en la naturaleza del Dios trino. Él es y será lo que siempre ha sido.

5. La función de uno de los miembros de la Trinidad durante algún tiempo puede quedar subordinada al de uno o los otros dos miembros, pero esto no significa que sea de ningún modo inferior en esencia. Cada una de las tres personas de la Trinidad ha tenido, durante un periodo de tiempo, una función especial. Esto tiene que entenderse como un papel temporal con el propósito de llegar a un fin determinado, no un cambio de estatus o de esencia. En la experiencia humana, también hay subordinación funcional. Varias personas de igual categoría en una empresa o negocio pueden escoger a uno para que sea el jefe de un grupo de trabajo o el presidente de un comité durante algún tiempo, pero sin ningún cambio en su categoría. Lo mismo ocurre en los círculos militares. En los días en que en los aviones había tripulaciones de muchos miembros, aunque el piloto era el oficial de mayor graduación en la nave, el bombardero, un oficial de graduación más baja, controlaba el avión durante el bombardeo. De la misma manera, el Hijo no era menos que el Padre durante su encarnación terrenal, sino que se subordinaba funcionalmente a la voluntad del Padre. Y lo mismo ocurre con el Espíritu Santo que queda ahora subordinado al ministerio del Hijo (ver Jn. 14-16) y a la voluntad del Padre, pero sin ser menos de lo que ellos son.

6. Al final, la Trinidad es incomprensible. No podemos entender completamente el misterio de la Trinidad. Cuando un día veamos a Dios, le veremos tal como es, y le entenderemos mejor. Sin embargo, incluso entonces, no lo entenderemos del todo. Como él es el Dios ilimitado y nosotros tenemos una capacidad limitada de saber y comprender, él siempre estará por encima de nuestro conocimiento y comprensión. Siempre seremos seres humanos, aunque seres humanos perfeccionados. Nunca seremos Dios. Estos aspectos de Dios que nunca comprendemos del todo deberían ser considerados misterios que van más allá de nuestra razón y no paradojas que entran en conflicto con la razón.