El modo del bautismo
No es posible resolver el tema de cuál es el modo adecuado del bautismo basándonos sólo en los datos lingüísticos. Sin embargo, deberíamos señalar que el significado predominante de 'baptizo' es “sumergirse o introducirse bajo el agua”. Incluso Martín Lutero y Juan Calvino reconocieron que la inmersión era el significado básico del término y la forma original del bautismo practicado por la iglesia primitiva. Hay varias consideraciones que argumentan que la inmersión era el procedimiento bíblico. Juan bautizó en Enón “porque allí había muchas aguas” (Jn. 3:23). Cuando fue bautizado por Juan, Jesús “subía del agua” (Mr. 1:10). Tras oír las buenas nuevas, el eunuco etíope dijo a Felipe “Aquí hay agua, ¿qué impide que sea bautizado?” (Hch. 8:36). Después los dos descendieron al agua. Felipe le bautizó y los dos subieron del agua (vv. 38-39).
Pero ¿el hecho de que la inmersión fuera el modo que se empleaba originalmente es más que históricamente autoritativo para nosotros? O sea, ¿es también normativamente autoritativo para nosotros? No existe duda de que el procedimiento seguido en los tiempos del Nuevo Testamento fuera la inmersión. Pero ¿significa eso que nosotros debamos seguir practicándolo hoy? ¿O existen otras posibilidades? Los que no le dan importancia al modo mantienen que no hay un vínculo esencial entre el significado del bautismo y la manera en que se administra. Pero si, como establecimos en nuestra discusión sobre el significado, el bautismo es realmente un símbolo, y no meramente un signo arbitrario, no somos libres para cambiar el modo.
En Romanos 6:3-5 Pablo parece estar defendiendo que hay una conexión importante entre cómo se administra el bautismo (uno es sumergido en agua y luego se le saca de ella) y lo que simboliza (la muerte del pecado y la nueva vida en Cristo, y más allá de ello, el bautismo simboliza la base de la muerte del creyente al pecado y la nueva vida: la muerte, el entierro y la resurrección de Cristo). Beasley-Murray dice:
"A pesar de la frecuente negación de los exégetas, seguramente es razonable creer que la razón para que Pablo dijese que el bautizado está enterrado como si estuviese muerto, en lugar de muerto (como en el v. 6), es la naturaleza del bautismo como inmersión. El simbolismo de la inmersión representando el entierro es muy llamativo, y si el bautismo tiene que ser comparado con el simbolismo profético, el paralelismo del acto y el suceso simbolizado no carecen de importancia. Realmente una afirmación como la de C. H. Dodd “La inmersión es como un entierro... la emersión una especie de resurrección,” se puede hacer sólo porque el kerygma concede esa importancia al bautismo; todo su significado procede de Cristo y su redención: es el kerygma en acción, y si la acción representa adecuadamente el contenido del kerygma, mucho más claro será su discurso. Pero repetimos, el “con Él” del bautismo se debe al evangelio, no a la imitación. Es “con Su muerte”: Cristo y su muerte, Cristo y su resurrección dan al rito todo su significado. Como dijo uno de los primeros bautistas británicos, ser bautizado es ser “sumergido en agua para morir".
Se podría decir que Beasley-Murray, como bautista, tiene prejuicios en esta materia. Sin embargo, no se puede decir lo mismo del estudioso reformado Karl Barth, que escribió:
"La palabra griega 'baptizo' y la palabra alemana 'taufen '(de Tiefe, "profundo") en su origen y adecuadamente describen el proceso mediante el cual un hombre o un objeto está completamente inmerso en agua y después es extraído de ella de nuevo. El bautismo primitivo que se llevaba a cabo de esta manera tenía su procedimiento, al igual que lo tenía la circuncisión en el Antiguo Testamento, el carácter de una amenaza directa a la vida, concluida inmediatamente con la liberación y la conservación correspondiente, el resurgir del bautismo. Casi es innegable que realizar el bautismo por inmersión -como se hizo en Occidente hasta bien entrada la Edad Media- expresaba lo que representaba de forma mucho más expresiva que lo que luego fue la forma más habitual, especialmente cuando la efusión se redujo sencillamente a rociar y al final prácticamente a mojar con la menor cantidad de agua posible... ¿Será la última palabra sobre el tema que la facilidad en la administración, la salud y la propiedad son razones importantes para hacerlo de otra manera [o sea, para administrar el bautismo de formas distintas a la original]?"
Según estas consideraciones, la inmersión parece ser la forma más adecuada de las distintas posiciones. Aunque puede que no sea la única válida, es la forma que conserva de manera más plena el significado del bautismo.
Cualquiera que sea el modo que se adopte, el bautismo no es un asunto para tomar a la ligera. Tiene gran importancia, porque es un signo de unión del creyente con Cristo y, como confesión de esa unión, un acto adicional de fe que sirve para cimentar más firmemente esa relación.
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