El significado del bautismo
¿Es el bautismo un medio de regeneración, un medio esencial para la salvación? Algunos textos parecen apoyar esa suposición. Sin embargo, tras un examen más detenido, lo persuasivo de esta posición resulta menos impactante. En Marcos 16:16 leemos: “El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado;” observemos, no obstante, que la segunda parte del versículo no menciona en absoluto el bautismo: “pero el que no crea, será condenado.” Sin embargo, más allá de esto, todo el versículo (y de hecho todo el pasaje, vv. 9-20) no se encuentra en los manuscritos más fiables.
Otro versículo que se cita en apoyo al concepto de la regeneración bautismal, la idea de que el bautismo es un medio de gracia salvadora, es Juan 3:5: “De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.” Pero no hay una indicación clara de que se tenga en mente el bautismo aquí. Debemos preguntarnos qué significaría para Nicodemo “nacer de agua”, y nuestra conclusión, aunque no es firme, puede favorecer la idea de limpieza y purificación, más que la del bautismo. Hay que fijarse en que el énfasis en todo el pasaje se pone en el Espíritu Santo y que no se vuelve a mencionar el agua. El factor clave es el contraste entre lo sobrenatural (Espíritu) y lo natural (carne): “Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es” (v. 6). Jesús explica que nacer de nuevo es nacer del Espíritu. Esta obra del Espíritu, como el soplar del viento, no se puede comprender del todo (vv. 7-8). Viendo el contexto general, parece que nacer del agua es sinónimo de nacer del Espíritu. El 'kai' del versículo 5, pues, es un ejemplo del uso ascendente de la conjunción, y el versículo debería ser traducido: “el que no nace de agua, o sea del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”
Un tercer pasaje que es necesario tomar en cuenta es 1 Pedro 3:21: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias del cuerpo, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo.” Observe que este versículo es en realidad una negación de que el rito del bautismo tenga ningún efecto por sí mismo. Salva sólo en que es “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios,” un acto de fe reconociendo que dependemos de él. La auténtica base de nuestra salvación es la resurrección de Cristo.
Algunos pasajes del libro de los Hechos vinculan el arrepentimiento y el bautismo. Probablemente el más destacado sea la respuesta de Pedro en Pentecostés a la pregunta: “Hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:37). Él contesto: ‘Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo’” (v. 38). Sin embargo, el énfasis en el resto de la narración es que tres mil personas recibieron la palabra, después fueron bautizados. En el siguiente sermón que se recoge de Pedro (3:17-26), el énfasis se pone en el arrepentimiento, la conversión y la aceptación de Cristo; no se hace mención alguna al bautismo. El versículo clave (v. 19, que es paralelo al 2:38 excepto por el hecho significativo de que no hay un mandamiento de ser bautizado) dice: “Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo.” El kerygma en el capítulo 4 se centra en la importancia de creer en Jesús; una vez más no existe mención alguna al bautismo (vv. 8-12). Y cuando el carcelero de Filipos preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hch. 16:30), Pablo simplemente contestó: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa” (v. 31). No mencionó el bautismo, aunque debemos señalar que toda la casa fue bautizada poco después. Aunque hay una clara e importante conexión entre arrepentimiento y conversión por una parte y bautismo por otra, estos pasajes de Hechos parecen indicar que la conexión no es inseparable o absoluta. Por tanto, al contrario que el arrepentimiento y la conversión, el bautismo no es indispensable para la salvación. Parece más bien que el bautismo podría ser una expresión o consecuencia de la conversión.
Finalmente, debemos examinar Tito 3:5. Aquí Pablo escribe que Dios “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.” Si esta es una alusión al bautismo, es vaga. Parece más bien que “el lavamiento de la regeneración” se refiere a una limpieza y perdón de los pecados. El bautismo es simplemente una representación simbólica, no el medio de su perdón. Concluimos que hay poca evidencia bíblica para apoyar la idea de que el bautismo es un medio de regeneración o un canal de gracia esencial para la salvación.
Es más, hay ciertas dificultades específicas unidas al concepto de regeneración bautismal. Cuando se explican todas las implicaciones, este concepto contradice el principio de salvación por la gracia, que con tanta claridad se enseña en el Nuevo Testamento. La insistencia en que el bautismo es necesario para la salvación es algo que tiene paralelismo con la insistencia de los judaizantes en que la circuncisión era necesaria para la salvación, una idea que Pablo rechazó con fuerza en Gálatas 5:1-12. Además, con la excepción de la Gran Comisión, Jesús no incluyó el bautismo en su predicación y enseñanza sobre el reino. De hecho, el ladrón de la cruz, no estaba bautizado, ni pudo serlo. No obstante Jesús le aseguro: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43). También debería señalarse que los intentos de reconciliar el concepto de regeneración bautismal con el principio bíblico de salvación sólo por fe han resultado inadecuados. Ni el argumento de que los niños que son bautizados tienen una fe inconsciente ni el argumento de que la fe de los padres (o de la iglesia) es suficiente resulta muy convincente. En varios puntos, pues, la teoría de que el bautismo es un medio de gracia salvífica es insostenible.
¿Y qué ocurre con la afirmación de que el bautismo es una continuación o suplantación del rito de circuncisión del Antiguo Testamento como marca de que se ha entrado a formar parte del pacto? Es significativo que el Nuevo Testamento tienda a despreciar el acto externo de la circuncisión. Argumenta que la circuncisión tiene que ser reemplazada, no por otro acto externo (por ejemplo, el bautismo), sino por un acto interno del corazón. Pablo señala que la circuncisión del Antiguo Testamento era una formalidad externa que denotaba judaísmo, pero el auténtico judío es el que es judío en su interior: “sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no según la letra. La alabanza del tal no viene de los hombres, sino de Dios” (Ro. 2:29). Pablo está afirmando no sólo que la circuncisión ha pasado, sino que todo el marco del que formaba parte la circuncisión ha sido reemplazado. Mientras que Oscar Cullmann y otros han argumentado vigorosamente que el bautismo es el equivalente del Nuevo Testamento a la circuncisión, George Beasley-Murray ha señalado que el bautismo en realidad “acabó con la necesidad de la circuncisión porque significó la unión del creyente con Cristo, y en unión con Él la antigua naturaleza fue abandonada. Una circuncisión inferior fue reemplazada por otra más grande; la circuncisión espiritual prometida en el antiguo pacto se convirtió en una realidad en el nuevo a través del bautismo". Entonces, si algo ha reemplazado a la circuncisión externa no es el bautismo, sino la circuncisión interna. Sin embargo, existe, como Pablo sugiere en Colosenses 2:11-12, una relación cercana entre la circuncisión espiritual y el bautismo.
Entonces, ¿cuál es el significado del bautismo? Para responder a esta pregunta hay que señalar:
1. Hay una fuerte conexión entre el bautismo y nuestra unión con Cristo en su muerte y resurrección. Pablo resalta este punto en Romanos 6:1-11. El uso del tiempo aoristo sugiere que en un momento específico el creyente realmente queda vinculado a la muerte y resurrección de Cristo: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (vv. 3-4).
2. Observamos que el libro de los Hechos a menudo relaciona creencia y bautismo. El bautismo normalmente va a continuación o prácticamente coincide con creer. Al contar su conversión y bautismo muchos años después, Pablo citó las palabras que le dijo Ananías: “Levántate, bautízate y lava tus pecados invocando su nombre” (Hch. 22:16). Las palabras de Ananías sugieren que en el bautismo alguien invoca el nombre de Señor. El bautismo, pues, es en sí mismo un acto de fe y compromiso. Aunque la fe es posible sin el bautismo (o sea, la salvación no depende de que uno sea bautizado), el bautismo es un acompañamiento natural y es la consumación de la fe.
El bautismo es, pues, un acto de fe y un testimonio de que uno se ha unido a Cristo en su muerte y resurrección, de que se ha experimentado la circuncisión espiritual. Es una indicación pública de nuestro compromiso con Cristo. Karl Barth hace una presentación clara y directa de este punto en sus primeras palabras de su corto pero estupendo libro "The Teaching of the Church Regarding Baptism" (La enseñanza de la iglesia sobre el bautismo): “El bautismo cristiano es en esencia la representación [Abbild] del renacimiento de un hombre mediante su participación, a través del poder del Espíritu Santo, en la muerte y resurrección de Jesucristo, y además la representación de la asociación del hombre con Cristo, con el pacto de gracia que se concluyó y se realizó en Él, y con la comunión de Su iglesia.”
El bautismo es una forma poderosa de proclamar la verdad de lo que Cristo ha hecho; es una “palabra en agua” testificando la participación del creyente en la muerte y resurrección de Cristo (Ro. 6:3-5). Es un símbolo y no una simple señal, porque es una imagen gráfica de la verdad que representa. No hay una conexión inherente entre una señal y lo que representa. Es sólo una convección que, por ejemplo, el semáforo en verde nos diga que podemos pasar en lugar de que debemos parar. Por el contrario, la señal en un cruce de vías es más que una señal; también es un símbolo, porque es un dibujo básico de lo que intenta indicar: el cruce de una carretera y una vía de tren. El bautismo es un símbolo, no sólo una señal, porque realmente expresa la muerte y resurrección del creyente con Cristo.
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