Criterios de acción

A la vista de la oración de Cristo por la unidad de sus seguidores, ¿cuál debería ser nuestra postura? Concluiremos esta sección sobre la unidad de la iglesia con varios criterios.

1. Tenemos que darnos cuenta de que la iglesia de Jesucristo es una única iglesia. Todos los que estamos relacionados con el único Salvador y Señor somos sin duda parte del mismo cuerpo espiritual (1 Co. 12:13).

2. La unidad espiritual de los creyentes debería mostrarse o expresarse con la buena voluntad, la comunión y el amor de unos a otros. Deberíamos emplear cualquier medio legítimo para confirmar que somos uno con los cristianos que están orgánicamente separados de nosotros.

3. Los cristianos de todos los tipos deberían trabajar juntos siempre que fuera posible. Si no se compromete ningún punto esencial de la doctrina o de la práctica, deberían unir sus fuerzas. En otras palabras, es importante que haya ocasiones en las que los cristianos dejen a un lado sus diferencias. La cooperación entre cristianos da un testimonio común al mundo y es una gestión fiel de los recursos que se nos han confiado.

4. Es importante delinear con cuidado la base doctrinal y los objetivos de la comunión. El objetivo original de la Conferencia misionera mundial de 1910 en Edimburgo ha sido, como el propio Visser’t Hooft ha admitido, reemplazada por otras preocupaciones. No obstante la ejecución de la comisión de Cristo sigue siendo la tarea principal de la iglesia (Mateo 28:18-20). En consecuencia, es difícil justificar que se comprometa tiempo, personal y finanzas en actividades que contribuyan, al menos indirectamente, a la evangelización. En otras palabras, un regreso a los objetivos originales del movimiento ecuménico no debería ser nuestro objetivo, porque no todo el que dice “Señor, Señor” es realmente uno de los suyos.

5. Debemos estar alertas en contra de cualquier unión que debilite la vitalidad espiritual de la iglesia. Las iglesias conservadoras son las que están creciendo; las evangélicas tienen el impulso. Las alianzas que debiliten su vitalidad deben ser evaluadas con detenimiento y probablemente evitadas.

6. Los cristianos no deberían estar dispuestos a abandonar su denominación madre con demasiada rapidez. Siempre que haya posibilidad de redimir la denominación, el testimonio conservador no se debería abandonar. Además, si los conservadores se van de los círculos ecuménicos, su posición no estará representada en ellos.

7. Es importante que los cristianos se aseguren de que las divisiones y la separación se deba a convicciones y principios genuinos y no a conflictos personales o a ambiciones individuales. Es un descrédito para la causa de Cristo que cristianos con las mismas creencias y objetivos se separen.

8. Cuando los cristianos no estén de acuerdo, ya sea como individuos, como iglesias o como denominaciones, es esencial que ese desacuerdo se haga con espíritu de amor, buscando corregir a los demás y persuadirles de la verdad, y no refutándoles y exponiéndoles al ridículo. La verdad siempre tiene que ir ligada al amor.

En la última parte del siglo XX, el movimiento ecuménico organizado perdió mucho de su impulso. En parte fue resultado de un descenso en la lealtad de las denominaciones. Las expresiones prácticas de la unidad cristiana han aparecido más en organizaciones o causas que han unido a cristianos, sin identidades denominacionales. 

 

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