Revolución

El enfoque más radical para cambiar las estructuras de la sociedad consiste en destruirlas o eliminarlas y reemplazarlas por otras, utilizando la fuerza si es necesario. Las estructuras se consideran tan corruptas que no se las puede redimir mediante la transformación. Se necesita empezar de nuevo totalmente, derrocar las formas existentes. Con frecuencia el concepto que se plantea aquí es que la humanidad, si tiene la ocasión de demostrarlo, es básicamente buena o al menos moralmente neutral. Por tanto si las estructuras actuales son abolidas, las que se erijan en su lugar serán básicamente buenas. A este enfoque también va unida la creencia aparente de que la influencia de la sociedad no tiene efecto duradero sobre sus miembros. Cualquiera que sea la influencia que la estructura tenga sobre los individuos es de carácter dinámico, no sustancial. Por tanto, una vez que se elimina una estructura, su influencia desaparece. No ha producido una naturaleza humana pervertida que, a menos que sea regenerada y hasta que no lo sea, continuará funcionando a favor del mal. Así que se confía totalmente en que una vez eliminadas las malas estructuras, aquellos que lleguen a las posiciones de liderazgo no establecerán un nuevo orden que únicamente sea favorable a sus propios intereses.

Esta estrategia, que podríamos llamar revolución, se encuentra en las filosofías políticas y religiosas más radicales. Se encuentra en distintas formas de la teología de la liberación, especialmente las que son de tipo más agresivo. Es también, por supuesto, un principio del marxismo y de varios grupos terroristas modernos.

Si, el mal es a la vez individual/personal y social por naturaleza, se debe atacar con una combinación de estrategias y no sólo con una. Como las personalidades y los corazones humanos son corruptos, es necesaria la regeneración para que el cambio tenga un efecto duradero. Por otra parte, como hay estructuras del mal en el mundo que trascienden las voluntades de los humanos individuales, hay que buscar medios para renovar estas estructuras. La revolución es un enfoque demasiado extremo; viola las enseñanzas de Cristo sobre la violencia. Posiblemente, una combinación de regeneración y reforma no violenta podría proporcionar la mejor manera de combatir el pecado y el mal en nuestro mundo. Esto requiere poner el énfasis en el evangelismo, la ética personal y la ética social.