Dios como víctima del mal

Que Dios haya tomado el pecado y sus malos efectos sobre sí mismo es una contribución especial de la doctrina cristiana a la solución del problema del mal. Es de destacar que, sabiendo que él mismo se convertiría en la víctima principal del mal que procede del pecado, Dios permitiera que sucediera el pecado. La Biblia nos cuenta que Dios se afligió por el comportamiento pecaminoso de los humanos (Gn. 6:6). Aunque desde luego hay aquí cierto antropomorfismo, esto, no obstante, es indicativo de que el pecado humano es doloroso y hace daño a Dios. Pero esto queda aún más claro con la encarnación. El Dios trino sabía que la segunda persona vendría a la tierra y estaría sujeto a numerosos males: hambre, fatiga, traición, ridículo, rechazo, sufrimiento y muerte. Hizo esto para negar el pecado y sus malos efectos. Dios sufre con nosotros el mal del mundo, y en consecuencia es capaz de liberarnos del mal. ¡Qué gran ejemplo de amor! Cualquiera que impugne la bondad de Dios por permitir el pecado y su mal subsiguiente debe medir ese cargo según la enseñanza de las Escrituras de que Dios mismo se convirtió en víctima del mal para que él y nosotros podamos salir victoriosos sobre el mal.

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