La importancia de la doctrina del Espíritu Santo

Hay varias razones por las que el estudio del Espíritu Santo tiene especial importancia para nosotros:

1. El Espíritu Santo es el punto en el que la Trinidad se hace personal para el creyente. Generalmente creemos que el Padre es trascendente y que está allá lejos en el cielo; de forma similar, el Hijo parece muy lejos en la historia y por lo tanto relativamente difícil de conocer. Pero el Espíritu Santo está activo en las vidas de los creyentes; vive en nosotros. Es la persona particular de la Trinidad a través de la cual la divinidad trina obra en nosotros en la actualidad.

2. Una segunda razón por la cual el estudio del Espíritu Santo es especialmente importante es que vivimos en un periodo en el que la obra del Espíritu Santo es más destacada que la de los otros dos miembros de la Trinidad. La obra del Padre fue la más destacada en los tiempos del Antiguo Testamento, como lo fue la del Hijo en los tiempos que van desde los Evangelios hasta el momento de la ascensión. El Espíritu Santo ha ocupado el centro del escenario desde el día de Pentecostés, o sea, desde el periodo que va desde el libro de Hechos y las Epístolas, y los siguientes periodos de la historia de la iglesia.

3. La cultura actual da más importancia a lo experimental, y es principalmente a través de la obra del Espíritu Santo como podemos sentir la presencia de Dios dentro de nosotros y la vida cristiana adquiere una realidad tangible especial.

Aunque el estudio del Espíritu Santo es especialmente importante, también es bastante difícil. La comprensión aquí a menudo es más incompleta y confusa que en la mayoría de las demás doctrinas. Una de las razones para esto es que tenemos menos revelación explícita en la Biblia sobre el Espíritu Santo que sobre el Padre o el Hijo. Quizá esto se deba a que una gran parte del ministerio del Espíritu Santo consiste en declarar y glorificar al Hijo (Jn. 16:14). Al contrario que otras doctrinas, no existen discusiones sistemáticas sobre el Espíritu Santo. Prácticamente, el único tratamiento extendido que se hace es el discurso de Jesús en Juan 14-16. En la mayoría de las ocasiones, cuando se menciona el Espíritu Santo, es en conexión con otro tema.

Un problema añadido es la falta de una imagen concreta. Dios Padre se entiende bastante bien porque la figura de un padre le resulta familiar prácticamente a todo el mundo. El Hijo no es difícil de conceptualizar porque realmente apareció en forma humana y se le observó y habló de él como tal. Pero el Espíritu es intangible y difícil de visualizar. Para complicar más este asunto (por lo menos en el mundo de habla inglesa) está la terminología utilizada por la versión King James y otras traducciones inglesas antiguas que hacen referencia al Espíritu santo como el “Holy Ghost” (fantasma santo). Mucha gente que creció utilizando esas versiones de la Biblia concebían al Espíritu Santo como algo que iba debajo de una sábana blanca.

Además, surge un problema en cuanto a lo que las Escrituras revelan sobre la naturaleza del ministerio del Espíritu Santo en relación con el del Padre y el Hijo. En la actualidad, el Espíritu realiza el ministerio de servir al Padre y al Hijo, llevando a cabo su voluntad (que por supuesto también es la de él). A este respecto, se nos recuerda el ministerio terrenal del Hijo, durante el cual estuvo subordinado en función del Padre. No obstante, esta subordinación temporal de función –la del Hijo durante su ministerio terrenal y la del Espíritu durante la presente etapa– no debe llevarnos a la conclusión de que existe una inferioridad en esencia también. Sin embargo, en la práctica, muchos tenemos una teología no oficial que considera que el Espíritu en esencia tiene un estatus inferior al Padre y al Hijo.

Este error es similar al de los arrianos. Por los pasajes bíblicos que hablan de la subordinación del Hijo al Padre durante su ministerio terrenal sacaron la conclusión de que el Hijo tiene un una esencia y un estatus menor que el del Padre.

En la última mitad del siglo XX ha habido una considerable controversia en lo que se refiere al Espíritu Santo. De hecho puede que a nivel popular o no profesional, la doctrina del Espíritu Santo haya sido la más controvertida de todo este periodo. Como consecuencia, existe cierta renuencia a discutir sobre el Espíritu por temor a que tal discusión acabe en disensión. Como los pentecostales magnifican tanto al Espíritu Santo, algunos no pentecostales, ansiosos de no ser confundidos con ellos, evitan por completo hablar de él. De hecho, mientras en ciertos círculos “cristiano carismático” es un distintivo de prestigio, en otros es un estigma.

Un entendimiento correcto de quién y qué es el Espíritu Santo conlleva ciertas implicaciones:

1. El Espíritu Santo es una persona, no una fuerza indefinida. Por lo tanto, es alguien con el que podemos tener una relación personal, alguien a quien podemos y debemos orar.

2. Al Espíritu Santo, al ser completamente divino, se le debe el mismo honor y respeto que concedemos al Padre y al Hijo. Es apropiado alabarle al igual que hacemos con ellos. No deberíamos considerarle en ningún sentido inferior a ellos, aunque en algún momento su papel quede subordinado al de ellos.

3. El Espíritu Santo es uno con el Padre y el Hijo. Su obra es la expresión y ejecución de lo que los tres han planeado juntos. No existe tensión entre sus personas y actividades.

4. Dios no está lejos. En el Espíritu Santo, el Dios Trino se hace cercano, en realidad se acerca tanto que entra dentro de cada creyente. Incluso tiene un contacto más intimo con nosotros que en la encarnación. Mediante la obra del Espíritu, Dios se ha convertido realmente en Emanuel: “Dios con nosotros”.