Adopción
El efecto de la justificación es principalmente negativo: la cancelación del juicio contra nosotros. Desafortunadamente, es posible ser perdonado sin adquirir simultáneamente una posición positiva. Sin embargo, no ocurre así con la justificación. Porque no sólo se nos libera de la exposición al castigo, sino que se nos devuelve a una posición de favor ante Dios. Esta transferencia de un estado de alejamiento y hostilidad a uno de aceptación y favor se denomina adopción. Se hace referencia a ello en varios pasajes del Nuevo Testamento. Quizá el más conocido sea Juan 1:12: “Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12). Pablo señala que nuestra adopción es el cumplimiento de parte del plan de Dios: “Nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Ef. 1:5). Y en Gálatas 4:4-5 Pablo vincula la adopción con la justificación: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos.”
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