Conclusiones sobre la naturaleza de la imagen de Dios en el hombre
Habiendo señalado las dificultades de cada uno de los puntos de vista generales, ahora debemos intentar formar algunas conclusiones sobre qué es la imagen de Dios. La existencia de una amplia diversidad de interpretaciones es un indicador de que no hay declaraciones directas en las Escrituras que resuelvan el problema. Nuestras conclusiones, por lo tanto, deben ser inferencias razonables extraídas de lo poco que la Biblia dice sobre el tema:
1. La imagen de Dios es universal dentro de la raza humana. El primer humano universal, Adán, no una mera porción de la raza humana, fue hecho a imagen de Dios. Señalamos también que la prohibición de asesinar (Gn. 9:6) y maldecir (Stgo. 3:9-10) se extiende a todos los humanos. No se pone limitación a estas prohibiciones, que están basadas en el hecho de que la humanidad fue creada a imagen de Dios.
2. La imagen de Dios no se perdió por el pecado o específicamente por la caída. Las prohibiciones de asesinar y maldecir se extienden tanto a los hombres pecadores como a los creyentes más fervientes. Se asume la presencia de la imagen y semejanza en los no cristianos. Si esto es así, la imagen de Dios no es algo accidental o externo a la naturaleza humana. Es algo inseparablemente unido a la humanidad.
3. No hay indicaciones de que la imagen esté presente en una persona en mayor grado que en otra. Características naturales superiores, como una mayor inteligencia, no son prueba de que haya mayor presencia o grado de la imagen.
4. La imagen no se relaciona con ninguna variable. Por ejemplo, no hay ninguna relación directa entre imagen y desarrollo de relaciones, ni se la puede hacer depender del ejercicio de la potestad. Las declaraciones de Génesis 1 simplemente dicen que Dios decidió hacer a los hombres a su imagen y que lo hizo. Esto parece ser anterior a cualquier tipo de actividad humana. No hay ninguna frase que limite la imagen a ciertas condiciones, actividades o situaciones. Aunque este sea un argumento esencialmente negativo, señala un punto débil en los puntos de vista relacional y funcional.
5. La imagen se debería considerar principalmente como sustantiva o estructural. La imagen es algo que está en la misma naturaleza del ser humano, en la forma en que fue hecho. Hace referencia a lo que es y no a algo que tiene o hace. Por ser humanos, se es la imagen de Dios; no tiene nada que ver con la presencia de algo más. Por contraste el enfoque de los puntos de vista relacional y funcional está realmente en las consecuencias o aplicaciones de la imagen y no en la imagen en sí misma. Aunque están muy ligadas a la imagen de Dios, experimentar relaciones y ejercer la potestad, en sí mismas, no son la imagen.
6. La imagen hace referencia a los elementos de la composición humana que permiten el cumplimiento de su destino. La imagen son las cualidades de la personalidad que hace que los humanos, como Dios, puedan relacionarse con otras personas, sean capaces de pensar y reflexionar y de tener voluntad propia.
La creación de Dios tenía propósitos definidos. Se quería que el hombre conociese, amase y obedeciese a Dios y viviese en armonía con los demás humanos, como indica la historia de Caín y Abel. Los humanos desde luego fueron colocados aquí en la tierra para ejercer potestad sobre el resto de la creación. Pero estas relaciones y esta función presupone algo más. Los humanos son más humanos cuando son más activos en estas relaciones y cuando realizan esta función, cumpliendo su 'telos', el propósito que Dios tiene para ellos. Pero estas son las consecuencias o las aplicaciones de la imagen. La imagen en sí es el conjunto de cualidades que se requieren para que estas relaciones y esta función se produzcan. Son esas cualidades de Dios que, reflejadas en los seres humanos, hacen posible la interacción personal, la adoración y el trabajo. Si pensamos en Dios como un ser con cualidades, no tendremos problemas para aceptar el hecho de que los humanos también tienen esas cualidades. Los atributos de Dios a los que a veces se hace referencia como atributos comunicables, constituyen la imagen de Dios; esto no está limitado a ningún atributo en particular. La humanidad como humanidad tiene una naturaleza que abarca todo lo que constituye la personalidad o individualidad: inteligencia, voluntad, emociones. Esta es la imagen en la que fueron creados los humanos, permitiéndoles ejercer la potestad y tener la relación que Dios pretendía que tuviesen con él y con los demás humanos.
Más allá del asunto de en qué consiste la imagen de Dios, debemos preguntarnos por qué se hace al hombre a imagen de Dios. ¿Qué significa realmente estar hechos a imagen de Dios? ¿Cuál era la intención de Dios para nuestra vida? En esto los otros puntos de vista sobre la imagen nos son de especial utilidad, porque se concentran en las consecuencias o manifestaciones de la imagen. El carácter de Jesús y sus acciones nos servirán particularmente de ayuda en este tema ya que él fue el ejemplo perfecto de lo que se quería que fuese la naturaleza humana:
1. Jesús tenía comunión perfecta con el Padre. Mientras estaba en la tierra se relacionaba con él y hablaba a menudo con él. Su comunión se ve con mayor claridad en su oración sumosacerdotal en Juan 17. Jesús habla de cómo él y el Padre son uno (vv. 21-22). Ha glorificado y glorifica al Padre (vv. 1, 4), y el Padre le ha glorificado y le glorificará (vv. 1, 5, 22, 24).
2. Jesús obedeció perfectamente la voluntad del Padre. En el huerto de Getsemaní, Jesús oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42). De hecho, durante su ministerio, su propia voluntad quedaba subordinada: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra” (Jn. 4:34); “No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió” (Jn. 5:30); “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn. 6:38).
3. Jesús siempre demostró un gran amor por los humanos. Fijémonos por ejemplo en su preocupación por las ovejas descarriadas de Israel (Mt. 9:36; 10:6); su compasión por los enfermos (Mr. 1:41) y los que sufren (Lc. 7:13), su paciencia y perdón para con los que fracasan.
La intención de Dios es que un sentido similar de comunión, obediencia y amor caracterice las relaciones humanas con Dios, y que los hombres estén unidos entre sí por amor. Sólo somos completamente humanos cuando manifestamos estas características.
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