Implicaciones de la doctrina de la imagen de Dios en el hombre
1. Pertenecemos a Dios. El hecho de que estemos hechos a imagen de Dios significa que algunos de sus atributos también nos pertenecen a nosotros (por lo menos en un cierto grado), e incluso nos recuerdan aún más que le pertenecemos. Dorothy Sayers ha señalado y David Cairns argumentó que aunque la expresión “imagen de Dios” no aparece, es crucial para entender Marcos 12:13- 17. El tema era sobre si se debían pagar tributos a César. Cuando le trajeron una moneda, Jesús preguntó qué imagen aparecía en ella. Los fariseos y herodianos respondieron correctamente “la de César.” Jesús respondió: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.” ¿Qué es “lo que es de Dios”? Seguramente cualquier cosa que lleve su imagen. Entonces lo que Jesús estaba diciendo era: “Dad vuestro dinero al César, porque lleva su imagen y por lo tanto le pertenece. Pero daos vosotros mismos a Dios. Lleváis su imagen y le pertenecéis.” Compromiso, devoción, amor, lealtad, servicio a Dios, todas estas son respuestas adecuadas para los que llevan la imagen de Dios.
2. Deberíamos seguir el patrón de Jesús, la revelación completa de la imagen de Dios. Él es la imagen completa de Dios y la persona cuya humanidad nunca fue dañada por el pecado (He. 4:15). El perfil de la imagen de Dios se puede ver en Jesús. La dedicación del que dijo: “Padre mío, si es posible, pasa de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mt. 26:39) es la que debe caracterizarnos. La determinación del que dijo: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, mientras dura el día; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4), tiene que ser nuestro modelo. Y tenemos que emular el amor manifestado en la vida y en la muerte del que dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13). Esta es la imagen de Dios en su sentido más puro, la formación de la imagen de Cristo en nosotros (Ro. 8:29).
3. Experimentamos la humanidad total sólo cuando nos relacionamos adecuadamente con Dios. No importa lo cultos o educados que seamos, nadie es completamente humano a menos que sea un discípulo redimido de Dios. Este es el 'telos' humano para el que fueron creados. Por tanto, hay sitio en nuestra teología para el humanismo, para un humanismo cristiano y bíblico que se preocupe de que los demás tengan una relación adecuada con Dios. El Nuevo Testamento deja claro que Dios restaurará la imagen dañada, y quizá incluso la transforme más allá de ella (2 Co. 3:18).
4. Aprender y trabajar es bueno. Ejercer la potestad es una consecuencia de la imagen de Dios. La humanidad es entender y controlar la creación, desarrollándola hasta sus últimas consecuencias por su propio bien y por Dios. Esto también significa ejercer potestad sobre nuestras propias personalidades y habilidades. El ejercicio de la potestad era parte de la intención original de Dios para la humanidad; precedió a la caída. El trabajo por lo tanto no es una maldición, sino parte del buen plan de Dios. La base para la ética del trabajo hay que encontrarla en la misma naturaleza de aquello para lo que Dios nos creó.
5. El humano tiene valor. Lo sagrado de la vida humana es un principio extremadamente importante en el esquema de las cosas de Dios. Incluso después de la caída, asesinar estaba prohibido; la razón que se daba es que los humanos estaban hechos a imagen de Dios (Gn. 9:6). Aunque el pasaje en cuestión no dice explícitamente que el humano siguiera siendo a imagen de Dios, sino sólo que fue creado a su imagen, está claro que incluso los humanos pecadores todavía la poseían. Porque de no ser así, Dios no habría citado la imagen como el motivo por el cual estaba prohibido asesinar.
6. La imagen es universal en la humanidad. Fue a Adán, humano, al que se le dio la imagen. Ya consideremos a Adán como el primer ser humano o como un ser representativo o simbólico, “Adán” era toda la raza humana y “Eva” era la madre de todos los vivientes (Gn. 3:20). Tanto Génesis 1:27 como 5:1-2 dejan claro que la imagen la llevaban tanto el hombre como la mujer.
La universalidad de la imagen significa que hay dignidad en el hecho de ser humano. Cairns sugiere que Calvino animaba a reverenciar a las personas. Aunque esta terminología es una caracterización demasiado fuerte de lo que Calvino dijo realmente, el concepto general es válido. No deberíamos desdeñar a ningún ser humano. Todos son algo bello, aunque sean distorsiones de lo que realmente Dios quería que fuera originalmente la humanidad. La semejanza potencial con el Creador está ahí. Hay actos buenos hechos por no cristianos, no meritorios para conseguir el favor divino de la salvación, pero que complacen a Dios contribuyendo a su propósito general.
La universalidad de la imagen también significa que todas las personas tienen cierta sensibilidad hacia las cosas espirituales. Aunque algunas veces esta sensibilidad parece estar muy enterrada y ser difícil de identificar, todos poseemos el potencial de comunión con Dios y estaremos incompletos a menos que lo consigamos. Deberíamos buscar áreas de sensibilidad o al menos de apertura en todos.
Porque todos estamos hechos a imagen de Dios, no se debería hacer nada que invadiera los límites de los demás en el legítimo ejercicio de su potestad. No se le debe quitar la libertad a un humano que no haya perdido ese derecho abusando de él (asesinatos, robos, etc...). Esto significa, claramente, que la esclavitud es incorrecta. Sin embargo, más allá de esto, significa que privar a alguien de libertad por medios ilegales, manipulación o intimidación, es incorrecto. Todos tenemos derecho a ejercer la potestad, un derecho que termina sólo donde comienza el derecho de otra persona a ejercer la potestad.
Todo ser humano es una criatura de Dios hecha a imagen de Dios. Dios nos dotó con los poderes de la personalidad que nos hacen capaces de alabarle y servirle. Cuando utilizamos esos poderes para esos fines, somos más plenamente lo que Dios pretendía que fuéramos, y por lo tanto más completamente humanos.
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