Importancia de la doctrina de la humanidad

Las doctrinas de la teología cristiana están relacionadas entre sí. En cierto sentido cada doctrina es la más importante cuando se está discutiendo sobre ella. Pero el asunto va más allá. A su propia manera todas las doctrinas son las más importantes (o al menos varias de ellas lo son). La doctrina de las Escrituras es la más importante para los propósitos epistemológicos. Si Dios no se hubiera revelado a sí mismo y hubiera conservado esta revelación en las Escrituras, nosotros no habríamos sabido cuál era nuestra necesidad y la manera de resolverla. La doctrina de Dios es la más importante desde el punto de vista de la ontología, ya que Dios es la realidad última, la fuente y el sustentador de todo lo que es. La doctrina de Cristo es la más importante para nuestra redención, porque sin la encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo, no habría base para nuestra salvación. La doctrina de la salvación es la más importante existencialmente, porque se ocupa de la auténtica alteración de nuestras vidas, de nuestra existencia. La iglesia es la doctrina más importante en cuanto a las relaciones ya que trata al cristiano dentro de la comunidad cristiana. Y la escatología es la doctrina más importante para la historia, porque nos habla de nuestro eterno destino.

Hay varias razones por las cuales la doctrina de la humanidad es especialmente importante:

1. Por su relación con otras doctrinas cristianas importantes. Como el humano es la criatura terrenal de Dios más importante, el estudio de la humanidad ayuda a completar nuestra comprensión de la obra de Dios y, en cierto sentido, de Dios mismo ya que aprendemos algo del Creador viendo lo que ha creado. Porque sólo de los humanos dice la Biblia que fueron creados a imagen y semejanza de Dios (Gn. 1:26-27). Por lo tanto, una pista directa de la naturaleza de Dios debería surgir del estudio de los humanos.

Esta doctrina también arroja mucha luz sobre nuestra manera de entender la persona de Cristo, ya que la Biblia enseña que la Segunda persona de la Trinidad tomó naturaleza humana. Esto significa que para entender la naturaleza de Cristo, es necesario entender la naturaleza de la humanidad. Sin embargo, debemos asegurarnos de ser capaces de distinguir la humanidad esencial, o la humanidad como vino de la mano de Dios, de la humanidad existencial o empírica, tal como la encontramos en la actualidad. El método teológico trabaja en ambas direcciones. Estudiar la naturaleza humana de Jesús también nos proporcionará un entendimiento más completo de lo que se pretendía que fuera realmente la humanidad.

Es más, la doctrina de la humanidad es también la puerta al estudio de otras doctrinas con las que la conexión no resulta tan obvia. Si Dios no hubiera creado a los humanos, probablemente no habría habido encarnación, ni expiación, ni necesidad de regeneración y justificación. No habría habido iglesia.

Esto significa que se debe ser extremadamente cuidadoso a la hora de formular correctamente nuestra teoría sobre la humanidad. Lo que se cree que son los humanos da color a nuestra percepción de lo que era necesario hacer por ellos, cómo se hizo y su destino final. Por lo tanto el esfuerzo empleado en ello merece la pena, porque en esto los asuntos son patentes y se pueden tratar de forma abierta y consciente. Al estudiar otras doctrinas, estos asuntos son mucho más difíciles de reconocer y manejar en su conjunto. El esfuerzo adicional realizado aquí por lo tanto merecerá la pena de forma especial.

La doctrina de la humanidad tiene un estatus inusual. Aquí el estudiante de teología es también su objeto. Esto separa a la antropología de doctrinas como la teología propiamente dicha y la cristología (aunque no la separa de doctrinas como la soteriología, que, por supuesto, se preocupa de la salvación de los humanos). Nuestra antropología determinará cómo nos entendemos a nosotros mismos.

2. La doctrina de la humanidad es un punto donde convergen la revelación bíblica y la preocupación humana. La teología aquí está tratando un objeto que todos (o al menos prácticamente todos) admiten que existe. Los occidentales modernos puede que no estén seguros de si hay Dios, o si existió una persona como Jesús de Nazaret, o si de verdad ocurrieron los milagros que se le atribuyen. Tienen pocas o ninguna pregunta sobre su propia realidad, porque esto es un hecho existencial con el que viven día a día. Y a menos que se hayan visto influidos en cierta manera por el pensamiento oriental, probablemente es el hecho del que están más seguros.

Esto significa que el tema de la humanidad es un punto de partida para el diálogo. Si se empieza una discusión con un no creyente hablando de lo que dice la Biblia o de cómo es Dios, la atención del oyente se pierde casi nada más empezar. Mucha gente hoy en día es escéptica ante todo lo que va más allá de lo que se puede percibir por los sentidos. Además, el pensamiento moderno a menudo tiende al humanismo, haciendo de los humanos y de los estándares humanos el objeto más alto de valor y preocupación. Esto a menudo se manifiesta en un antiautoritarismo que rechaza la idea de un Dios que reclama el derecho de decir lo que se debe hacer, o de un libro autoritativo que nos dice lo que debemos creer o cómo debemos comportarnos. Pero los humanos modernos están preocupados por sí mismos, lo que les pasa, dónde van. Puede que no piensen demasiado en la idea de la humanidad. Puede que asuman de forma pasiva los valores de la opinión general del momento. Pero les preocupa su bienestar y su lugar en la vida. Por lo tanto, aunque la conversación no termina con la humanidad es un lugar apto para comenzarla.

Tenemos aquí una excelente oportunidad para utilizar lo que Paul Tillich denominó el método de la correlación. En su teología apologética, se hace un análisis de la situación, de toda la interpretación de la vida y de la realidad mantenida por una cultura. Esto se expresa mediante el arte, la filosofía, la política y la tecnología de esa cultura. El análisis nos informa de las preguntas que hace la sociedad. Por lo tanto, en el sistema de Tillich antes de que la teología exponga su mensaje se plantea qué asuntos son más importantes para la gente a la que se dirige. Después la teología expresa su mensaje, trazando su contenido desde el polo de la autoridad teológica, pero dejando que la forma sea gobernada por el polo de la situación. El mensaje se expresará como respuesta a las cuestiones que la gente se plantea, en lugar de como algo extraño impuesto desde fuera.

Como los humanos de todas las culturas se preocupan de sí mismos, de sus problemas y necesidades tanto a nivel individual como colectivo, se dice y se pregunta mucho sobre la humanidad. Por lo tanto, este se un buen punto de partida para una discusión con los no creyentes. Pero la discusión no terminará ahí. Porque las cuestiones planteadas por los no creyentes con el entendimiento que tienen de sí mismos conducirán a respuestas que irán más allá del punto de partida de la discusión. Por ejemplo, la cuestión planteada pueda llevar a una explicación de la relación de los humanos con Dios, la cual a su vez puede requerir una explicación sobre la naturaleza de Dios. Por lo tanto, aunque la discusión puede acabar lejos de donde empezó, puede empezar donde está el interés de la persona.

3. La doctrina de la humanidad es particularmente significativa en nuestros días debido a la gran atención que ponen en la humanidad variadas disciplinas intelectuales. El número de disciplinas que hacen de la naturaleza o del comportamiento humano su principal objeto de atención continúa creciendo a gran velocidad. Nuevos departamentos que se centran en áreas del comportamiento que no habían sido exploradas anteriormente aparecen con regularidad en las universidades. Están surgiendo nuevos estudios interdisciplinarios. Incluso las facultades de estudios empresariales, que antes se centraban en los problemas económicos y organizativos, tratan cada vez más el tema humano, y a veces se dan cuenta de que es el más importante. Las facultades de medicina son cada vez más conscientes de que los médicos no tratan síntomas o enfermedades o cuerpos, sino seres humanos, y por lo tanto los médicos deben estar al tanto de la dimensión personal de la relación médico-paciente. Y en las ciencias del comportamiento tradicionales, como la psicología, la sociología, la antropología o la política, se continúa investigando al ser humano.

Hay un creciente interés por los problemas humanos. Los temas éticos dominan las discusiones, en particular entre la gente joven. Cualquiera que sea el tema principal –las relaciones raciales en los años 1950, la guerra del Vietnam en los 60, el medio ambiente en los 70, la carrera nuclear en los 80, el crimen en los 90– hay una preocupación intensa. Y las cuestiones que se plantean –“¿Qué debemos hacer?” “¿Qué es lo correcto?”– que a veces se responden con declaraciones bastante dogmáticas, son cuestiones que apuntan hacia una dirección que muy bien puede conducir a la respuesta de un Dios trascendente que es la base de las normas morales. Se debería señalar aquí que el debate político, a menudo bastante vigoroso en su naturaleza, trata temas que tienen sus raíces en la ética. ¿La prosperidad material es más importante que la educación? ¿Se tiene que valorar más la seguridad económica que la libertad de elección? Estos son temas que realmente plantean la preguntas “¿Qué es la naturaleza humana?” y “¿Qué es lo bueno para los seres humanos?”

Aunque nuestro punto precedente (es decir, que el tema de la humanidad puede ser un trampolín muy eficaz para la discusión con los no creyentes) estaba relacionado principalmente con la preocupación del ser humano individual por sí mismo, aquí estamos pensando más en términos de la preocupación colectiva de la sociedad por sí misma, que es un tema más intelectual. Debido al creciente número de disciplinas académicas que se centran en la humanidad, la teología cristiana está en una posición oportuna para entrar a dialogar con otras perspectivas y metodologías escolásticas. Al igual que en una discusión muy personal con un individuo, en un diálogo académico también es de vital importancia que se tenga una idea amplia y acertada sobre los seres humanos desde el punto de vista de la teología, además de estar familiarizados con la forma en la que son vistos por estos otros enfoques y en qué se parecen y se diferencian del enfoque teológico.

4. La doctrina de la humanidad es importante debido a la crisis actual sobre el conocimiento que el ser humano tiene de sí mismo. No sólo hay un gran interés en la cuestión “¿Qué es el ser humano?” También existe una gran confusión en lo que se refiere a la respuesta, ya que sucesos y acontecimientos recientes han arrojado dudas sobre muchas de las respuestas que se habían dado a esta pregunta.

Uno de estos acontecimiento es el problema al que se enfrenta la gente joven a la hora de descubrir quiénes son. La búsqueda de la identidad siempre ha sido parte del proceso natural de maduración, del formarse una idea independiente sobre la vida, del establecimiento de sus propios valores y objetivos. Sin embargo, recientemente parece haber tomado mayores dimensiones. Por una parte, muchos padres realmente no transmiten sus propios valores a sus hijos, o los valores por los que abogan no se manifiestan en sus vidas. Las fuentes tradicionales de valores: la iglesia, la universidad, el estado están bajo sospecha. La amenaza de extinción ensombrece el futuro de mucha gente joven ya que las armas nucleares proliferan y se extienden a otras naciones. ¿Quién soy? ¿Qué es la vida? ¿A dónde va el mundo? Estas son las preguntas que señalan la crisis a la que se enfrenta mucha gente joven y también algunos más mayores.

Otro elemento que contribuye a la crisis del autoconocimiento es la pérdida de las raíces históricas. En muchos casos, la historia se ha convertido en un campo de conocimiento perdido, que se considera poco práctico e irrelevante. Debido a esto, la gente e incluso naciones enteras han dejado de estar en contacto con quiénes son. Las tradiciones se han dejado de lado por ser consideradas anti- guas, aburridas y agobiantes. Pero las tradiciones pueden enseñarnos mucho de quiénes somos. En realidad mucha gente ha realizado descubrimientos sobre sí mismos al buscar sus raíces familiares. No obstante, la pregunta final es: ¿De dónde procede la raza humana? Esta es la quintaesencia de las preguntas históricas. El cristianismo responde a esta pregunta y nos ofrece un sentido de identidad seguro: somos criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza y para la comunión con él. Toda la raza humana debe su origen y la continuación de su existencia a la voluntad y la obra de Dios, que creó por amor.

El elemento final que conduce a la crisis del autoconocimiento humano se relaciona con acontecimientos dramáticos de la vida de la nación. A veces se nos lleva hasta el punto de preguntarnos: “¿Qué está haciendo nuestro país, o nuestro mundo?” Desde 1960 una serie de asesinatos políticos y de intentos de asesinato, terrorismo y guerras nos ha llevado a preguntarnos a dónde vamos y si la raza humana en su conjunto se ha vuelto loca. La contradicción en la raza humana es honda y profunda. Por una parte, somos capaces de grandes logros, incluidos los viajes espaciales y los grandes avances en comunicaciones, procesamiento de datos y medicina, pero parece que somos incapaces de controlarnos a nosotros mismos. La tecnología moralmente neutral se utiliza con malos fines. Los delitos aumentan, y lo mismo ocurre con la tensión y el conflicto racial. Por una parte los hombres parecen ser casi dioses, alcanzando las estrellas; por otra, parecen ser demonios, capaces de una crueldad que no se encuentra en el reino animal. El autoconocimiento de los humanos está sin duda en crisis, lo cual exige una intensa investigación y una reflexión cuidadosa.

5. Esta doctrina también afecta a nuestra manera de ministrar. Nuestro concepto sobre los seres humanos y su destino afectará en gran manera a nuestra forma de tratarlos y lo que esperamos hacer por ellos. Si pensamos en los seres humanos principalmente como seres físicos, nuestra mayor consideración, y quizá la única, será la satisfacción de los impulsos físicos de la forma más eficaz posible.

Si pensamos en los humanos como seres principalmente racionales, nuestro ministerio entonces apelará principalmente a su intelecto. Presentaremos argumentos y exposiciones cuidadosamente preparados, justificaciones razonadas de acciones e ideas. Nuestra premisa básica será que la forma de obtener una acción deseable de aquellos con los que tratamos es convencerles de que esa es la mejor forma de actuar. Si consideramos a los humanos principalmente como seres emocionales, apelaremos a ellos básicamente en términos de consideraciones emocionales. Si los vemos como seres esencialmente sexuales, hacer que consigan un buen equilibrio sexual será prioritario en nuestro ministerio hacia ellos. Tanto en lo que perseguimos como en la manera de obtenerlo, nuestro concepto de los humanos es crucial para nuestra manera de trabajar con y para ellos.