Inerrancia y discrepancias entre pasajes bíblicos
Creer en la inerrancia de las Escrituras no es una conclusión inductiva a la que se llega como resultado del examen de todos los pasajes de la Biblia. Por su misma naturaleza, una conclusión de ese tipo sólo podría ser probable, como mucho. La doctrina de la inerrancia bíblica no se confirma o enseña explícitamente en la Biblia. Más bien, es una consecuencia de la doctrina de la inspiración absoluta de la Biblia. La visión de la Biblia mantenida y enseñada por los que escribieron las Escrituras implica la verdad absoluta de la Biblia. Pero esto no nos explica la naturaleza de la inerrancia bíblica. Así como el saber que Dios se ha revelado a sí mismo no nos explica el contenido de su mensaje, que la Biblia esté libre de error tampoco nos explica lo que implica ese carecer de error.
Debemos tratar ahora el verdadero fenómeno de las Escrituras. Y aquí nos encontramos con dificultades potenciales. Algunas son aparentes discrepancias entre pasajes paralelos de los Evangelios, o en Samuel, Reyes y Crónicas. Parece haber suficientes problemas aquí como para obligarnos a pensar en cómo se relacionan con nuestra doctrina de las Escrituras. Marcos 6:8 cuenta que Jesús le dijo a sus discípulos que llevaran bastón, mientras que en Mateo 10:9-10 y Lucas 9:3 se lo prohibió. Cuando se relata la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, Lucas cuenta que la multitud gritaba: “Gloria en las alturas” y en los demás evangelios la palabra es “Hosanna en las alturas.” En los cuatro evangelios se cuenta de forma diferente la inscripción que había sobre la cruz de Jesús.
También hay problemas con la cronología de la Biblia en varios puntos. Los reinados de los reyes de Israel, por ejemplo, están fechados según los reinados de los reyes de Judá, pero existen varias discrepancias reales. La cronología de Esteban sobre la estancia de los israelitas en Egipto (fueron esclavizados durante cuatrocientos años: Hechos 7:6) no coincide con la de Éxodo. También aparecen problemas con los números. En pasajes paralelos, 2 Samuel 10:18 habla de 700 carros mientras que en 1 Crónicas 19:18 se dice que son 7.000; en 2 Samuel 8:4 se habla de 1.700 hombres a caballo y 20.000 hombres a pie, mientras que en 1 Crónicas 18:4 se habla de 7.000 hombres a caballo y 20.000 a pie ; 2 Samuel 24:9 habla de 800.000 hombres de Israel y 500.000 de Judá, mientras que en 1 Crónicas 21:5 se dice que había 1.100.000 hombres de Israel y 470.000 de Judá. Parece que también hay discrepancias éticas. Según 2 Samuel 24:1, el Señor estaba enfadado con Israel, e incitó a David a cometer el pecado de hacer un censo; pero según 1 Crónicas 21:1, Satanás se levantó contra Israel, incitando a David a realizar un censo de Israel. Y se dice que Dios, que ni puede tentar ni ser tentado (Stgo. 1:13), envió un espíritu maligno contra Saúl (1 S. 18:10) de manera que Saúl intentó matar a David. Estas dificultades sugieren que hay que hay que reconciliar los datos reales de la Biblia con la afirmación de que es completamente inerrante. ¿Cómo hay que manejar estos fenómenos? Los teólogos conservadores han empleado varias estrategias en el pasado y hoy en día se están utilizando de forma activa.
1. El enfoque abstracto de B.B. Warfield tendía a centrarse principalmente en la consideración doctrinal de la inspiración de las Escrituras. Aunque era consciente de los problemas y ofrecía soluciones para algunos de ellos, tendía a pensar que no todos tenían que ser explicados. Son meras dificultades. El peso de la evidencia para la inspiración y la consiguiente inerrancia de la Biblia es tan grande que ninguna cantidad de datos de este tipo puede derribarla.
2. El enfoque armónico lo representan Thy Word Is Truth (Tu palabra es verdad) de Edward J. Young, e Inspiration of the Holy Scriptures (Inspiración de las Sagradas Escrituras) de Louis Gaussen. Una vez más la creencia en la inerrancia de la Biblia se basa en la enseñanza doctrinal de la inspiración. Los defensores de este enfoque afirman que las dificultades que presentan distintos fenómenos se pueden resolver, e intentan hacerlo utilizando la información disponible en la actualidad.
Un ejemplo que encontramos en Gaussen es la manera de morir de Judas. Como es bien sabido, hay una discrepancia aparente entre Mateo 27:5, según el cual Judas se suicidó ahorcándose, y Hechos 1:18, que dice: “cayó de cabeza y se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.” Gaussen ofrece la historia de un hombre en Lyon que se suicidó. Para asegurarse de los resultados, el hombre se sentó en la repisa exterior de la ventana de un cuarto piso y se disparó en la boca. Gaussen dice que se puede contar su muerte de tres maneras diferentes: por el disparo, por la caída y por ambas cosas a la vez. Él dice que las tres serían correctas. De la misma manera, especula que Judas se ahorcó y luego cayó de cabeza. Presumiblemente, aunque Gaussen no lo dice explícitamente, la cuerda se rompió y Judas se estrelló contra el suelo. Nos falta esta información en particular que explicaría todos los detalles de la historia. No existe contradicción aquí. Se le da un tratamiento similar a otros pasajes. La explicación de Harold Lindsell sobre la aparente discrepancia entre el diámetro y la circunferencia del mar de metal fundido en 2 Crónicas 4:12 es un ejemplo del mismo tipo; se explica que la circunferencia se mide desde la parte interna del borde y el diámetro desde la parte externa.
3. El enfoque armónico moderado sigue hasta cierto punto el estilo del enfoque armónico. Los problemas se toman en serio, y se realiza un esfuerzo por resolverlos o eliminar las dificultades en lo que sea razonablemente posible según los datos de los que disponemos actualmente. Everett Harrison, por ejemplo, señala que la inerrancia, aunque no se explica de forma explícita en la Biblia, es no obstante una consecuencia o corolario de la inspiración plena. Intenta ofrecer la solución a muchos de los pasajes problemáticos, pero no intenta forzar una resolución prematura de los problemas. Algunos de los datos relevantes no están a nuestra disposición en la actualidad, pero puede que sí lo estén en un futuro a medida que avancen los descubrimientos arqueológicos y filológicos. Puede que algunos datos se hayan perdido. Si tuviéramos todos los datos, podríamos resolver todos los problemas.
4. Una cuarta posición posible fue presentada por Edward Carnell, aunque no hay pruebas de que la adoptara ni siquiera él mismo. Esta posición es relativamente simple, y es una extensión de una táctica empleada de manera limitada por muchos teólogos. Si nos viéramos obligados a ello, dice Carnell, podríamos adoptar la posición de que la inspiración garantiza sólo la reproducción exacta de las fuentes de las Escrituras que el escritor empleó, no su corrección. Por lo tanto, si la fuente contenía un error, el escritor de las Escrituras recogió ese error tal y como estaba en la fuente. Incluso Harrison sugería que esta posición podría ser a veces oportuna, y James Orr muchos años antes propuso que las lagunas informativas de las fuentes, no tuvieron que ser necesariamente completadas por el Espíritu Santo.
Carnell señaló que Warfield, en su debate con Smith, tuvo que conceder que hasta cierto punto en las declaraciones bíblicas puede existir algún error; sólo su transcripción desde la fuente original puede considerarse inerrante. Este parece ser el caso, por ejemplo, de los discursos de Elifaz el temanita y los otros amigos de Job. También hay otros casos obvios de declaraciones erróneas que se transcribieron en la Biblia como por ejemplo: “No hay Dios” que es, por supuesto, la afirmación de un necio (Sal. 14:1; 53:1). Esta línea de razonamiento se puede extender para explicar muchos de los problemas aparentes de la Biblia. Por ejemplo, el cronista podría estar fiándose de una fuente falible y errónea al extraer la lista del número de carros y hombres a caballo.
5. Finalmente, está la visión de que la Biblia pueda errar. Dewey Beegle dice básicamente que podemos reconocer que la Biblia contiene problemas reales e insolubles. Debemos tratarlos como lo que son y reconocer que la Biblia contiene errores. En lugar de intentar explicarlos, deberíamos aceptar el hecho de que son genuinos, y construir nuestra doctrina de la inspiración teniendo esto en cuenta. Nuestra doctrina de la inspiración no debería desarrollarse de forma abstracta o a priori. Cuando hacemos eso, simplemente adoptamos un punto de vista y decimos lo que debe significar. En su lugar, deberíamos ver lo que la inspiración de la Biblia ha producido, y después deducir de ahí la naturaleza de la inspiración. Sea lo que sea la inspiración, no es verbal. No podemos considerar que la inspiración se extienda hasta la elección misma de las palabras en el texto.
De las alternativas examinadas relativas a los fenómenos, la de Harrison parece la más adecuada. La posición de Warfield, como se considera aquí, pone el énfasis adecuadamente en la enseñanza de las Escrituras más que en los fenómenos. Sin embargo, al hacer esto, presta poca atención a los fenómenos. Para el exégeta este fallo se acerca a la irresponsabilidad. Es muy fácil denominarlos meras dificultades en lugar de pasajes problemáticos, como hemos señalado nosotros. La escuela armónica en muchos casos ha hecho un auténtico favor a la causa de la erudición bíblica encontrando soluciones creativas a las problemas. Sin embargo, insistir en reconciliar todos los problemas utilizando los datos disponibles en la actualidad me parece que conduce a un manejo forzado del material. Algunas de las sugerencias, como la de Gaussen sobre la muerte de Judas, parecen casi increíbles. Es mejor reconocer que no tenemos todavía todas las respuestas. Este enfoque humilde probablemente hará más creíble la Biblia que el pedir a la gente que acepte algunas de las explicaciones ofrecidas, y con ello sugerir que la integridad de la doctrina de la inerrancia bíblica depende de la aceptación de estas soluciones un tanto rebuscadas que se han ideado. La sugerencia de Carnell es muy recomendable, especialmente dado que prácticamente todos los teólogos reconocerían haberla utilizado al menos hasta cierto punto. Sin embargo, los problemas inherentes a aceptar este enfoque tal como sugiere Carnell son considerables. En la práctica, podemos estar seguros de que tenemos la verdad solo si estamos seguros de que el pasaje en cuestión no emplea fuentes. Pero hacer este juicio es realmente difícil. En consecuencia, la doctrina de la inspiración y la autoridad de la Biblia se convierten en un algo meramente formal cuya aplicación es incierta. El punto de vista de Beegle parece acercarse mucho a la conclusión de que la revelación no es proposicional, una posición que se sale de la visión ortodoxa de la revelación. Por lo tanto, por eliminación, llegamos a una visión como la de Harrison, pero con ciertas matizaciones.
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