Eutiquianismo o Monofisismo

El Monofisismo (del griego, 'monos', "uno", y 'physis', "naturaleza") también es conocido por Eutiquianismo, debido a Eutiques, heresiarca del siglo V. Es una doctrina teológica que sostiene que en Jesús solo está presente la naturaleza divina, pero no la humana. Después del Concilio de Efeso (431), se elaboró un documento como intento de llegar a una cura dentro de la iglesia. En realidad este documento tuvo su origen en los obispos orientales (de Antioquia) que habían apoyado a Nestorio en Éfeso, pero fue enviado por Juan de Antioquia a Cirilo. Cirilo lo aceptó en el 433, aunque contenía algún lenguaje favorable a la posición nestoriana. Por tanto, parecía que se había conseguido llegar a algún tipo de compromiso.

Sin embargo, algunos de los defensores y aliados de Cirilo posicionados más a la derecha creían que éste había hecho demasiadas concesiones al nestorianismo. El fuerte énfasis que ponía en el compromiso en las dos naturalezas les parecía que minaba la unidad de la persona de Jesús. En consecuencia, la idea de que no poseyese dos naturalezas, una divina y una humana, sino sólo una, empezó a hacerse popular entre ellos. Después de la muerte de Cirilo en 444, el insatisfecho grupo lanzó un ataque sobre las enseñanzas de Teodoreto que probablemente había elaborado el borrador del compromiso, y que ahora era el líder teológico de la escuela de Antioquia. Dióscoro, el sucesor de Cirilo, lideró la oposición a la enseñanza de que Jesús tenía dos naturalezas. Dióscoro creía que los padres de la iglesia apoyaban abrumadoramente la idea de que sólo había una naturaleza en la persona de Jesús y que Cirilo la había comprometido en un momento de debilidad. Si esto era una forma correcta o no de entender la posición de Cirilo o si él mismo había expuesto la creencia de que Jesús sólo tenía una naturaleza es debatible. En cualquier caso, había cada vez mayor insistencia en la “fórmula de la naturaleza única.”

Eutiques se convirtió en el foco de la controversia. Todos los que se sentían contrariados con el acuerdo de compromiso de 433 y que habían rechazado la idea de las dos naturalezas de Jesús hicieron de Eutiques el símbolo de su posición. Fue denunciado en una reunión del Sínodo permanente de Constantinopla. Esto condujo a discusiones formales que culminaron con la condena y la destitución de Eutiques. En la sesión final Eutiques no se defendió, sino que se limitó a escuchar la sentencia.

No es fácil confirmar con exactitud la doctrina de Eutiques. En un examen preliminar antes del sínodo, declaró que el Señor Jesucristo después de nacer poseía una única naturaleza, la de Dios encarnado y convertido en hombre. Eutiques rechazaba la idea de las dos naturalezas por ser contraria a las Escrituras y a las opiniones de los Padres. Sin embargo, suscribía la idea del nacimiento virginal y afirmaba que Cristo era simultáneamente perfecto Dios y perfecto humano. Su opinión básica parece ser la de que había dos naturalezas antes de la encarnación, una después.

Aparentemente Eutiques no era un pensador muy claro y preciso. Sin embargo, históricamente sus ideas constituyeron los fundamentos de un movimiento que enseñaba que la humanidad de Jesús estaba tan absorbida por la deidad que quedaba prácticamente eliminada. En efecto, el Eutiquianismo era una forma de Docetismo. Era una variante de la interpretación de la naturaleza como una fusión de la deidad y la humanidad de Jesús en algo bastante diferente, una tercera sustancia, algo así como un híbrido. Puede que fuera esto lo que sostuviera el mismo Eutiques, aunque su pensamiento fuera confuso (al menos en su forma de expresarlo). En 449, una reunión del concilio en Éfeso readmitió a Eutiques y le declaró ortodoxo. Al mismo tiempo, la idea de que hubiera dos naturalezas después de la reencarnación fue considerada anatema. Este concilio se ha llegado a conocer como el “Sínodo ladrón.”

Sin embargo, el Sínodo ladrón no se había llevado a cabo bajo la autoridad imperial adecuada. La sucesión de un nuevo emperador más afín con la posición de que Jesús tenía dos naturalezas condujo a la convocatoria de otro concilio, en Calcedonia en 451. Este concilio confirmaba el Credo de Nicea y emitía una declaración que iba a convertirse en estándar para toda la cristiandad. Sobre la relación entre las dos naturalezas, esta declaración habla de:

 

"uno y el mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, y el Credo de los Santos Padres que nos ha sido dado".

Esta declaración evita tanto la herejía del nestorianismo como la del eutiquianismo. Se insiste tanto en la unidad de la persona y la integridad como en la separación de las dos naturalezas. Pero esto sólo sirve para aumentar la tensión. Porque ¿cuál es la relación precisa entre las dos naturalezas? ¿Cómo se pueden mantener ambas sin dividir a Jesús en dos personas, cada una de ellas con un conjunto de atributos separados y especiales? Y ¿cómo podemos mantener que Jesús es una persona, con un centro de conciencia, sin fundir las dos naturalezas en una mezcla o híbrido?

 

Hipóstasis

En teología, la unión hipostática hace referencia a un término que designa la unión de las dos naturalezas que existen en la persona de Jesús, la divina y la humana. De esta manera, Cristo es Dios en la carne (Juan 1:14, 8:58, 10:30-34; Colosenses 1:15, 2:9; Hebreos 1:3), y es plenamente Dios y plenamente hombre (Colosenses 2:9). Así, tiene dos naturalezas, la de Dios y la humana (Filipenses 2:5-8). Por así decirlo, no es "mitad Dios y mitad hombre", sino "100% Dios y 100% hombre". Nunca perdió su divinidad, ni su humanidad, y tampoco hubiese podido hacerlo. Todo un reto al intelecto humano, imposible de descifrar (Romanos 11:33-34; 1 Corintios 2:16).

Cuando Dios se encarnó y agregó la naturaleza humana a su eterna naturaleza divina, continuó existiendo como Dios. Consecuentemente, en Jesucristo está la unión, en una sola persona, de una plena naturaleza humana y una plena naturaleza divina:

1. Jesús como Dios: es adorado (Mateo 2:2, 11; 14:33), se le ora (Hechos 7:59), no tuvo pecado (1 Pedro 2:22; Hebreos 4:15; 1 Juan 3:5), es omnisciente (Juan 21:17; Hechos 1:24), da vida eterna (Juan 10:28; Romanos 6:22; Tito 1:2) y en él habita la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9; 1 Timoteo 3:16).

 

2. Jesús como hombre: adoró y oró al Padre (Juan 17), fue tentado a pecar (Mateo 4:1), creció en sabiduría (Lucas 2:52), murió por nosotros (Romanos 5:8) y tiene un cuerpo de carne y hueso (Lucas 24:39). Como cualquiera de nosotros también tuvo sed (Juan 29:28) y lloró (Juan 11:35).

La unión de las naturalezas, constituye una hipóstasis, de tal forma que no se puede decir que hay dos personas, sino sólo una. Las dos naturalezas son realidades que no se superponen ni se confunden con la unión hipostática, ambas constituyen la única hipóstasis o persona de Cristo.

Por ello, el error fundamental del Monofisismo o Eutiquianismo, es la enseñanza de que Cristo tenía una sola naturaleza. La doctrina de la naturaleza de Cristo es decisiva cuando se trata de la expiación. Si Jesús no hubiera sido verdadera y plenamente hombre, entonces no habría podido ser un verdadero sustituto de la humanidad; si no hubiera sido verdadera y plenamente Dios, entonces Su muerte no habría podido expiar nuestros pecados. Si el Monofisismo estuviera en lo cierto, Jesucristo no podría ser nuestro salvador o mediador al no tener una naturaleza humana con la que identificarse como hombre: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:14-15).