El Jesús histórico

La búsqueda para descubrir cómo era realmente Jesús y lo que hizo viene a conocerse como la “búsqueda del Jesús histórico.” Bajo esta búsqueda subyace la esperanza de que el Jesús real demuestre ser diferente incluso del Cristo que aparece en las Escrituras y que es en cierto sentido el producto de la teologización de Pablo y otros. Entre las “vidas de Jesús” tempranas más famosas están las elaboradas por David Strauss y Ernest Renan. Cada vez más, el Jesús terrenal se describía como un hombre básicamente bueno, un maestro de grandes verdades espirituales, pero no la preexistente segunda persona de la Trinidad que obraba milagros.

Quizá la imagen más conocida e influyente de Jesús es la de Adolf von Harnack, que en muchos aspectos representa la cumbre y el final de la búsqueda de Jesús. Él señala que los Evangelios no nos dan los medios para construir una biografía completa de Jesús, porque nos cuentan poco de los primeros años de su vida. Sin embargo, nos proporcionan hechos esenciales. Cuatro observaciones generales conducen a Harnack a establecer un Jesús no milagroso:
 

1. En los tiempos de Jesús, un tiempo en el que no había una perspectiva razonable de lo que era posible y lo que no, la gente se sentía rodeada de milagros.

2. Los milagros se adscribían a las personas famosas casi inmediatamente después de su muerte.

3. Sabemos que lo que pasa en nuestro mundo está gobernado por leyes naturales. Por tanto, no hay cosas tales como los “milagros,” si por ellos entendemos interrupciones del orden de la naturaleza.

4. Hay muchas cosas que no entendemos, pero se deben ver como cosas maravillosas y, de momento, inexplicables, pero no como milagros.

La evaluación que Harnack hace del mensaje de Jesús se ha considerado la declaración clásica de la posición teológica liberal. Señala que el mensaje de Jesús principalmente no era sobre sí mismo, sino sobre el Padre y el reino. Sin embargo, si echamos un vistazo general a las enseñanzas de Jesús, veremos que se pueden agrupar en tres categorías. Cada una de ellas de tal naturaleza que contienen el todo, y por tanto se pueden exhibir en su totalidad bajo todos ellos:

(1) El Reino de Dios y su venida.

(2) Dios el Padre y el valor infinito del alma humana.

(3) La rectitud superior y el mandamiento del amor.

Mientras continuaba la búsqueda del Jesús histórico, crecía el malestar de que el Jesús que se encontraba en los relatos de los Evangelios lo fabricaron de forma inconsciente los que lo buscaban, y se parecía sorprendentemente a los buscadores. George Tyrrell, un erudito católico, posiblemente lo expresó mejor que nadie: “El Cristo que Harnack ve, mirando hacia atrás a través de diecinueve siglos de oscuridad católica, es sólo el reflejo de la cara de un protestante liberal, vista en el fondo de un pozo profundo.”

Dos escritos en particular anunciaron el fin de la búsqueda liberal de Jesús. Una fue "The Quest of the Historical Jesus" de Albert Schweitzer. Schweitzer compartió el método histórico básico y los objetivos de los buscadores liberales pero difería con sus conclusiones, cuestionando seriamente su objetividad. Él creía que enfocaban el estudio de la vida de Jesús con sus propias concepciones previas y después procedían a aceptar o rechazar el material según se ajustase o no a estas concepciones previas. Cuando Schweitzer examinó los Evangelios, no encontró el reflejo de un típico liberal del siglo XIX. Más bien lo que encontró en Jesús fue una figura completamente escatológica que creía y enseñaba que el fin del mundo iba a llegar pronto, y que su propia segunda venida tendría lugar en conexión con ese final. Sin embargo, Jesús estaba equivocado, según Schweitzer. El punto principal para nuestros propósitos aquí es la idea de Schweitzer de que como figura escatológica a Jesús no se le tiene que rehacer en forma de persona totalmente moderna.

"So-Called Historical Jesus and the Historic Biblical Christ" de Martin Kähler abre una nueva perspectiva en su análisis del problema. Kähler dudaba de la utilidad de los esfuerzos que se habían hecho para desarrollar una imagen de Jesús. No sólo es que la búsqueda del Jesús histórico no tuviera éxito; es que en realidad era contraproducente. Kähler resumió su “grito de aviso de una forma intencionadamente audaz: El Jesús histórico de los autores modernos nos oculta al Cristo vivo. Uno está tan alejado del verdadero Cristo como el otro.” En respuesta a la búsqueda del Jesús histórico, Kähler propuso una distinción principal. Señaló que el Jesús de la historia, el Jesús tras los Evangelios, tenía relativamente poca influencia. Sólo era capaz de conseguir unos cuantos discípulos y con una fe poco segura. Sin embargo, el Cristo de la fe, ha ejercido una influencia muy significativa. Este es el Cristo resucitado, el Cristo en el que creían los apóstoles y el que predicaban. Este Cristo histórico y no el Jesús de la historia, es la base de nuestra fe y nuestra vida de hoy. En los relatos de los Evangelios nunca debemos quedarnos en la Historia, en los sucesos objetivos, lo que sucedió realmente. Debemos construir nuestras creencias sobre la historia significativa, que pertenece al impacto que Jesús tuvo sobre sus discípulos.

Esta distinción fue en muchas maneras la influencia más grande que tuvo la cristología durante la primera mitad del siglo XX. Cada vez más, el estudio se centraba no en los sucesos reales de la vida del Jesús de la historia, sino en la fe de la iglesia. Este cambio se ve más claro y completamente en la desmitologización de Rudolf Bultmann, pero también se aprecia en las cristologías escritas por Karl Barth y Emil Brunner.

Se produjo una reacción en contra del enfoque escéptico de Bultmann. Por tanto empezó una nueva búsqueda del Jesús histórico en el siglo XX. Ernst Käsemann oficialmente hizo sonar la trompeta que señalaba este cambio. Otros también han estado y están trabajando para intentar formular un esquema de lo que Jesús dijo e hizo en realidad. Ethelbert Stauffer y Joachim Jeremias son de las personas más destacadas que han estado implicadas en esta nueva búsqueda.

 

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