Construyendo un sistema de gobierno de iglesia actual
Los intentos para desarrollar una estructura de gobierno que se adhiera a la autoridad de la Biblia encuentran dificultades en dos puntos:
1. La falta de material didáctico. No existe una exposición descriptiva de cómo debería ser el gobierno de la iglesia que se pueda comparar con, por ejemplo, las explicaciones de Pablo sobre las doctrinas del pecado humano y la justificación por la fe. A las iglesias no se las ordenaba que adoptaran una forma particular de orden en la iglesia. Los únicos pasajes didácticos sobre el gobierno de la iglesia son las enumeraciones de Pablo de las características básicas de los oficios que ya existían (1 Ti. 3:1-13; Tit. 1:5-9). Aunque es preferible edificar algo sobre una base didáctica o prescriptiva, en lugar de sobre unos pasajes narrativos o descriptivos, en este caso tenemos poca opción.
2. No existe un patrón unitario. Por una parte, hay elementos democráticos muy fuertes, un hecho que señalan los defensores de la forma congregacional. También hay muchos elementos monárquicos, en particular los que muestran a los apóstoles eligiendo y ordenando ministros e instruyendo a las iglesias; pasajes que resaltan los que están a favor del enfoque episcopal. De otros pasajes todavía podríamos concluir que los ancianos tenían un papel destacado.
Probablemente es seguro decir que la evidencia del Nuevo Testamento es no es concluyente; en ningún lugar del Nuevo Testamento encontramos una imagen que refleje claramente ninguno de los sistemas que han sido desarrollados completamente en la actualidad. Es probable que en aquellos días el gobierno de la iglesia no estuviera muy desarrollado, incluso que las congregaciones locales fueran grupos bastante informales. Podrían haber tenido formas de gobierno muy variadas. Cada grupo adoptó el patrón que mejor se adaptaba a su situación individual.
Deberíamos tener en cuenta que en ese momento la iglesia sólo estaba comenzando; no estaba todavía completamente diferenciada del judaísmo. Las necesidades pragmáticas en un periodo de establecimiento son, naturalmente, un tanto diferentes a las que se tienen en una etapa posterior de desarrollo. Cualquiera que haya servido como el primer pastor de una iglesia, particularmente una formada por nuevos cristianos, se habrá encontrado ocasiones en las que el trabajo de delegaciones y comités simplemente no es práctico.
La mayoría de las iglesias en el Nuevo Testamento se establecieron gracias a misioneros itinerantes. Por tanto, no había un ministro fijo y permanente. En estas circunstancias, era natural que los apóstoles ejercieran una autoridad inmensa y unilateral. Sin embargo, más tarde fue posible y necesario establecer un ministerio residente permanente. En cierto sentido, esto no debería haber sido necesario. Lo ideal es que el sacerdocio de todos los creyentes hubiera hecho innecesario los oficios de autoridad, pero el ideal en este momento no era práctico.
Inicialmente, tal como sería de esperar, se adoptó el patrón de la sinagoga, o sea, un sistema de ancianos. Sin embargo, este patrón no se hizo universal. En las zonas griegas, tendió a predominar el oficio de obispo. Además, algunos factores modificadores estaban ya funcionando para producir un patrón más democrático.
Incluso aunque estuviese claro que había un patrón exclusivo de organización en el Nuevo Testamento, ese patrón no necesariamente sería normativo para nosotros hoy en día. Podría ser únicamente el patrón que fue, no el patrón que debe ser. Pero tal como están las cosas, hay tal variación en las descripciones de las iglesias del Nuevo Testamento que no podemos descubrir un patrón autoritativo. Por lo tanto debemos volver a los principios que encontramos en el Nuevo Testamento e intentar construir nuestro sistema de gobierno según ellos.
Tenemos que hacer dos preguntas para construir nuestro sistema de esta manera. Primera, ¿en qué dirección se movía el gobierno de la iglesia en el periodo del Nuevo Testamento? ¿Hay algo que indique el fin último? En el Nuevo Testamento podemos discernir los inicios de un movimiento para mejorar la situación de las mujeres y los esclavos. ¿Existe un movimiento similar para mejorar el gobierno de la iglesia? Si es así, podríamos deducir hacia qué ideal se iba dirigiendo la iglesia, aunque podríamos tener dificultades para saber lo lejos que quería llegar. Desgraciadamente en esto tenemos poco con lo que trabajar. Sabemos que la iglesia originalmente tomó el patrón de la sinagoga judía: un grupo de ancianos que actuaban como dirigentes. También sabemos que aunque la iglesia estaba en su infancia, el apóstol Pablo a veces tenía que actuar de forma directiva. No sabemos mucho más que eso. No existe indicación alguna de que la iglesia se dirigiese hacia una forma específica de gobierno.
La segunda pregunta que debemos hacer es, ¿qué razones hay para el gobierno de la iglesia? ¿Qué valores se intentan promover y conservar? Una vez que se haya determinado lo que las Escrituras tienen que decir sobre el tema, seremos capaces de construir, de acuerdo con nuestras directrices para contemporizar el mensaje bíblico, un modelo de gobierno de iglesia adecuado para hoy en día.
Un principio que es evidente en el Nuevo Testamento, y particularmente en 1 Corintios, es el valor del orden. La situación de Corinto, donde la individualidad total tendía a controlarlo todo, no era muy deseable. En el peor de los casos era completamente destructivo. Era necesario, pues, controlar algo las tan individualizadas maneras en las que se estaba expresando la espiritualidad (1 Co. 14:40). También era de desear que ciertas personas se hicieran responsables de algunos ministerios específicos. Se nos recuerda aquí la situación de Hechos 6, donde se nos dice que siete hombres fueron elegidos para hacerse cargo del ministerio con las viudas.
Otro principio es el sacerdocio de todos los creyentes. Todas las personas son capaces de relacionarse directamente con Dios. Algunos textos enseñan esta verdad ya sea de forma explícita o implícita (Ro. 5:1-5; 1 Ti.2:5; He. 4:14-16). No se necesita un intermediario especial. Todos tienen acceso redentor al Señor. Y lo que es cierto para el inicio de la vida cristiana también lo es para su continuación. Todo creyente puede discernir la voluntad de Dios directamente.
Finalmente la idea de que cada persona es importante para todo el cuerpo está implícita a lo largo de todo el Nuevo Testamento y explícita en pasajes como Romanos 12 y 1 Corintios 12. La multiplicidad de dones sugiere que las decisiones que tomamos deberían tener una base amplia. El libro de los Hechos resalta el consenso de grupo (Hch. 4:32; 15:22). Hay un sentido especial de hermandad y de implicación cada vez que los miembros de una comunidad creen que han jugado un papel significativo en determinar lo que debe de hacerse.
Según mi punto de vista, la forma congregacional de gobierno de la iglesia es la que más se acerca a cumplir los principios que han sido expuestos. Toma en serio el principio de sacerdocio y de competencia espiritual de todos los creyentes. También se toma en serio la promesa de que el Espíritu que reside en todos los creyentes los guiará.
Al mismo tiempo, la necesidad de que haya un orden sugiere que es necesario un gobierno representativo. En algunas situaciones, se debe escoger a los líderes para que actúen en representación del grupo. Estos elegidos, siempre deben ser conscientes de que son responsables ante aquellos a los que representan; y siempre que sea posible, los temas importantes deben ser debatidos por todos los miembros para que decidan.
Podemos pensar que el sistema episcopal es como una manera de estructurar la iglesia con unos toques monárquicos o imperiales. La forma presbiteriana es como una democracia representativa, la congregacional como una democracia directa. No es sorprendente que el sistema episcopal surgiera y se desarrollara en los tiempos de las monarquías. La monarquía era un sistema de gobierno al que
la gente estaba acostumbrada y con el que probablemente se sentía más cómoda. Sin embargo, en un tiempo en el que la educación y la política se ha extendido más, la gente funciona mejor con un sistema presbiteriano o congregacional.
Se podría concluir que, como la mayoría de las democracias de hoy en día son representativas, el sistema presbiteriano sería la forma más adecuada de gobierno. Pero las iglesias locales se parecen menos a gobiernos nacionales que a gobiernos locales que realizan concejos y foros comunitarios. El valor de la implicación directa de la gente bien informada es considerable. Y el principio de que las decisiones las toman mejor los que están más afectados por ellas igualmente argumenta a favor del patrón congregacional de la autonomía local.
Dos situaciones exigen algunas puntualizaciones en nuestra conclusión:
(1) En una iglesia muy grande muchos miembros puede que no tengan conocimiento suficiente de los temas y los candidatos para los oficios como para tomar decisiones bien informadas, y las reuniones congregacionales grandes puede que no resulten prácticas. En estos casos hacer uso del enfoque representativo será probablemente necesario. No obstante, incluso en esta situación los siervos elegidos deben de ser muy conscientes de que son responsables ante todo el cuerpo.
(2) En un grupo de cristianos inmaduros donde no hay un liderazgo laico competente y entrenado, puede que se necesite que el pastor tome más iniciativa de lo que sería más normal en un caso ordinario. Pero el pastor debería estar constantemente instruyendo y formando a la congregación para que cada vez se impliquen más en los asuntos de la iglesia.
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