Las potestades
Una consideración adicional sobre el tema general del pecado colectivo es el concepto paulino de los “potestades.” Aunque se ha descuidado durante mucho tiempo, recientemente se le ha tomado en bastante consideración. Hendrikus Berkhof realizó el primer tratamiento importante sobre el tema, que desde entonces ha sido seguido por los estudios de varios otros eruditos.
La idea de que el mundo y lo que ocurre allí son el resultado de ciertas fuerzas invisibles que hay en él recibió bastante atención en el mundo helenístico del tiempo de Pablo. En los escritos apocalípticos judíos esta idea tomó la forma de un amplio esquema de angelología. Según este esquema, hay varias clases de ángeles (por ejemplo, principados y tronos), cada clase ocupa un nivel diferente del cielo. Algunos pensadores judíos acabaron preocupándose casi en exclusiva por los ángeles y su influencia en los eventos terrenales. Como resultado de ello, había dos creencias bastante comunes en la cultura de Pablo en cuanto a los ángeles (“potestades”):
(1) Eran seres personales, espirituales
(2) Influían en los eventos terrenales, especialmente en la naturaleza.
Pablo trabajó con este contexto judío, pero hizo cambios significativos, yendo más allá de las concepciones normales adaptándolas (en lugar de adoptándolas). Aunque los términos que utilizaba eran familiares para sus lectores, no debemos asumir que utilizara esos términos con el sentido acostumbrado. Por ejemplo, en Romanos 8:38-39 distingue entre potestades y ángeles: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Ángeles, principados y potestades se tratan aquí como entidades separadas. Todas ellas son aparentemente realidades creadas capaces de controlar o dominar nuestras vidas.
El uso que Pablo hace del término 'stoicheia' (“principios básicos”) en Colosenses 2:8 y 20 es una indicación de que su concepto de las potestades es hasta cierto punto más impersonal que el concepto judío, que mantiene que son ángeles. Aquí en Colosenses 2 el término, que literalmente hace referencia a las letras del alfabeto, designa principios elementales o rudimentarios del orden del universo. Estas “potestades y autoridades” (v. 15) ejercen control sobre las personas del mundo (v. 14). Parecen ser regulaciones (a menudo religiosas) de conducta. Aunque es difícil determinar si Pablo pensaba que estas potestades eran de alguna manera entidades personales, está claro que no los identificó como ángeles. Son realidades creadas que dan un orden a la sociedad y que son capaces de tener un efecto constructivo o perjudicial.
Como realidades creadas los principados y las potestades no son malos en sí. Se los menciona específicamente en Colosenses 1:16 entre “todas las cosas” creadas por Cristo y para Cristo. Por tanto forman parte del plan de Dios para su creación. Berkhof habla de que la creación tiene un primer plano visible de cosas físicas y un plano invisible, las potestades, que fueron creadas como instrumentos del amor de Dios, como lazos de unión entre Dios y el hombre. “Como ayudas e indicadores hacia el servicio de Dios, forman el marco en el cual se debe llevar a cabo ese servicio.” Son principios de ordenamiento que intentan impedir que la creación caiga en el caos.
Sin embargo, la caída ha afectado a la creación entera. No sólo los miembros humanos individuales de la creación están ahora separados y apartados de Dios, también las potestades que organizan e influyen en ellos. Pablo considera que ahora las potestades están aliadas con Satanás, llevando a cabo sus propósitos en el mundo. Esto se expresa de forma bastante clara y directa en Efesios 6:12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Detrás de las estructuras e instituciones visibles de la sociedad y la cultura, las fuerzas del mal están obrando utilizando a estas potestades invisibles para esclavizar y oprimir a los creyentes, para atacarlos y hacerles daño.
Cuando Pablo en Colosenses 2 discute las relaciones humanas con las potestades y los principados, enfatiza que Cristo es el Creador y el Señor incluso de esas realidades. Sin embargo, los colosenses, han mostrado inclinación a considerar estas estructuras y regulaciones como fines en sí mismos, ídolos por así decirlo, y no como medios para facilitar sus relaciones con Cristo. Esta es la idea principal de la discusión de Pablo sobre la práctica de la comida y la bebida, los cultos y los días festivos (vv. 16-19). Podría ser la expresión de un código moral, una ideología política o filosófica, una agrupación nacional o racial, o algo similar. El problema es que lo que originalmente se pretendía que fuera un medio para relacionar a los hombres con Dios ha acabado convirtiéndose en un obstáculo que les separa de Dios.
Pablo no nos dice mucho sobre las formas específicas en las que aparecen las potestades. Sin embargo, lo que está claro es que las fuerzas del mal pueden utilizar cualquiera de los patrones de una sociedad para influir en los pensamientos y acciones de los miembros de esa sociedad. John Yoder ha sugerido que estos patrones incluyen tanto las estructuras intelectuales (logías o ismos) como las morales (la tiranía, el mercado, el colegio, los juzgados, la raza y la nación). Siempre que controlen o al menos influyan en los humanos, son potestades. El término estructuras es apropiado, porque el patrón utilizado por las fuerzas del mal forma y constituye el mismo marco dentro del cual funciona una persona. Tienen su influencia antes o a un nivel por debajo de la influencia y elección consciente. Esencialmente, el individuo no es realmente consciente de su influencia. Podría no tenerse conciencia de que existen otras opciones viables.
Es esencial que señalemos lo que se dice en la Biblia sobre la manera en que Cristo y su obra han tratado con las potestades. Pablo es muy claro sobre este tema en Colosenses 2:13-15: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz. Y despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” Cristo ha ganado una victoria sobre las potestades, anulándolas a ellas y su habilidad para dominar a los humanos. Cristo ha hecho esto de tres maneras:
1. Cristo ha desarmado a las potestades; su fuerza está ahora neutralizada. Las pretensiones de estas regulaciones de lo que los humanos deben ser y hacer ya no tienen ninguna fuerza. Porque con su muerte y resurrección Cristo ha hecho por cada uno lo que se pide de nosotros. La ley por lo tanto no puede requerir nada más. Mucha de la fuerza del mal reside en un engaño sobre lo que los seres humanos deben hacer, y ahora ese engaño ha quedado al descubierto.
2. Cristo ha hecho un ejemplo público de las potestades. Ha revelado su verdadera naturaleza y función. Anteriormente parecían ser realidades últimas del universo, los dioses que rigen el mundo. Su victoria ha dejado claro que esto es un gran engaño. Es obvio que las potestades en realidad están en contra del plan de Dios y obran en contra del mismo. La capacidad del pecado para pervertir es tan grande que los humanos pueden creer que están cumpliendo la voluntad de Dios cuando en realidad sus acciones están en contra de ella. Mantener la ley, que una vez se creyó que era la esencia de la voluntad de Dios para nuestras vidas, ahora se ve como comprometer potencialmente nuestra confianza en la gracia de Dios (cf. Gá. 3:1-5 ).
3. Cristo ha triunfado sobre las potestades. Hay dos dimensiones en este triunfo. Primero, la misma muerte de Cristo, que fue la expresión última de las malas intenciones y esfuerzos de las potestades, se ha convertido ahora, irónicamente, en el medio para su fracaso. Segundo, triunfó sobre las potestades desarmándolas y exhibiéndolas públicamente.
Sin embargo, todo esto no sugiere que la victoria sobre las potestades y su destierro se haya producido totalmente. Todavía queda mucho por hacer en el futuro. Como Pablo escribe en 1 Corintios 15:24: “Luego [en la venida de Cristo] el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y todo potestad.” El último enemigo en ser destruido será la muerte (v. 26). No obstante Pablo también afirma que la muerte ha sido sorbida por la victoria (vv. 54-57). Y lo que es cierto para la muerte lo es también para el resto de los enemigos. La liberación venidera de la creación de sus ataduras ya está en marcha (Ro. 8:18-25). Podríamos pensar en la victoria sobre las potestades como algo “que ya está, pero no todavía.” Con su muerte Cristo ya ha vencido y destruido a estos enemigos. Sin embargo, la aplicación completa del hecho todavía no se ha realizado o experimentado.
Se podrían utilizar numerosas analogías. Berkhof, que vivió en los Países Bajos durante la Segunda Guerra Mundial, recuerda que durante el “invierno del hambre” de 1944-45 los nazis ya habían sido derrotados, sin embargo todavía eran capaces de oprimir a los holandeses. Así que aunque la caída de las potestades ya se ha asegurado, todavía oprimen a los creyentes.
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