Rebelión

Algunas palabras del Antiguo Testamento describen el pecado como rebelión, una idea bastante destacada en el pensamiento hebreo. La más común de estas palabras es 'pasha’ junto con su nombre 'pesha. El verbo a menudo se traduce por “transgredir,” pero la raíz significa “rebelarse.” Se utiliza a veces para la rebelión contra un rey humano (por ejemplo en 1 R. 12:19), pero con más frecuencia se refiere a la rebelión contra Dios. Uno de los usos más vívidos de este último es el que encontramos en Isaías 1:2: “Crié hijos y los engrandecí, pero ellos se rebelaron contra mí.”

Entre otras palabras que comunican la idea de rebelión está 'marah'. Traducida normalmente por “rebelarse,” denota “carácter refractario.” Isaías 1:20 dice: “Si no queréis y sois rebeldes, seréis consumidos a espada. La boca de Jehová lo ha dicho.” Otra palabra que describe el pecado como rebelión es 'marad'. Dios dice a Ezequiel: “Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una nación de rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día” (Ez. 2:3). También deberíamos mencionar 'sararque representa la idea de la obstinación además de la rebeldía (Dt. 21:18; Sal. 78:8). Los hebreos tienen un extenso vocabulario para rebelión, prueba de que era una práctica demasiado común entre ellos. Los profetas en particular hablaban en contra de este tipo de comportamiento, porque en su tiempo la tentación de eludir la soberanía del Señor era bastante acusada.
 
El Nuevo Testamento también caracteriza al pecado como rebelión y desobediencia. Los términos más comunes son el nombre 'apeitheia', el verbo 'apeitheōy el adjetivo 'apeithēsrelacionados con él. En total, estos términos aparecen veintinueve veces. En dos casos (Ro. 1:30; 2 Ti. 3:2), se refieren a desobediencia a los padres, pero en la gran mayoría de los casos se refieren a la desobediencia a Dios. Los judíos en los tiempos de Moisés no pudieron entrar en la Tierra prometida por su desobediencia (He. 3:18; 4:6). Juan el Bautista fue enviado para volver la desobediencia de los judíos de su tiempo en sabiduría (Lc. 1:17). También se dice que los antiguos gentiles (He. 11:31; 1 P. 3:20) eran desobedientes como lo eran los contemporáneos (Ro. 1:30). Los gentiles eran responsables ya que aparentemente tenían la ley de Dios escrita en sus corazones. Pablo incluso utiliza la expresión “hijos de la desobediencia” en Efesios 2:2 y 5:6, y quizá en Colosenses 3:6 (depende del texto que se lea). No son sólo los creyentes los que desobedecen, también hay numerosos pasajes en los que se hace referencia a personas de fuera que son desobedientes (por ejemplo, Jn. 3:36; Hch. 14:2; 19:9; 1 P. 2:8; 3:1; 4:17). Rechazar el evangelio se considera “desobediencia” porque se asume que los que acepten el evangelio obedecerán.

Otros dos términos del Nuevo Testamento que representan más concretamente la idea de rebelión son 'aphistemiy 'apostasia'. El primero se utiliza en 1 Timoteo 4:1 y Hebreos 3:12 para hablar de cristianos que se han alejado de la fe. En 2 Tesalonicenses 2:3 Pablo habla de una apostasía final, y en Hechos 21:21 los hermanos de Jerusalén le informan que se rumorea que ha enseñado a los judíos para abandonar a Moisés (sus enseñanzas). El verbo 'pikrainōy sus derivados, que se utilizan con frecuencia en la Septuaginta  para traducir los términos hebreos de rebelión, normalmente se utilizaban en el Nuevo Testamento para hablar de provocar a los hombres en lugar de a Dios. La excepción más destacada la encontramos en Hebreos 3:8-16.

Para resumir: se asume que todas las personas están en contacto con la verdad de Dios, incluso los gentiles, que no tienen su revelación especial. No creer en el mensaje, en particular cuando se presenta de forma especial y abierta, es desobediencia o rebelión. Cualquiera que desobedezca a un rey es considerado enemigo. Lo mismo ocurre con las multitudes que desobedecen la Palabra de Dios.

 

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