Revelación Especial

Con revelación especial entendemos la manifestación que Dios hace de sí mismo a personas particulares y en momentos y lugares concretos, permitiendo a las personas entrar en una relación redentora con él. La palabra hebrea para “revelar” es 'galah'. Una palabra griega común para “revelar” es 'apokaluptō'. Ambas expresan la idea de descubrir lo que está oculto.

¿Por qué era necesaria la revelación especial? La respuesta está en el hecho de que los seres humanos habían perdido la relación de favor que tenían con Dios antes de la caída. Era necesario que ellos llegaran a conocer a Dios de una manera más concreta si las condiciones de comunión se iban a cumplir de nuevo. Este conocimiento tenía que ir más allá de la revelación inicial o general que todavía estaba a su disposición, ya que ahora, además de la limitación natural de la finitud humana, estaba la limitación moral del pecado humano. Era insuficiente conocer simplemente de la existencia de Dios y algo de cómo era. En el estado original de inocencia Adán y Eva habían estado positivamente inclinados (o al menos eran neutrales) hacia Dios y podían responder de manera directa. Pero después de la caída fueron separados de Dios y estaban en rebelión contra él; su comprensión de los asuntos espirituales se obscureció. Su relación con Dios no fue meramente inactiva; se perdió y necesitaba ser reconstruida. Por lo tanto la situación humana era más complicada que la original y en consecuencia se necesitaba una instrucción más completa.

Debemos señalar que el objetivo de la revelación especial era relacional. El propósito principal de esta revelación no era ampliar el ámbito general del conocimiento. El conocimiento sobre tenía el fin del conocimiento de. La información tenía que conducir al conocimiento; en consecuencia, la información revelada a menudo era bastante selectiva. Por ejemplo, sabemos relativamente poco sobre Jesús desde un punto de vista biográfico. No se nos dice nada de su apariencia, sus actividades características, sus intereses, o sus gustos. Detalles de este tipo, que se encuentran con frecuencia en las biografías, se omitieron porque no eran significativos para la fe. Cómo nos relacionemos con Jesús es bastante independiente del hecho de si él era alto o bajo, si hablaba con voz de tenor o de bajo. Los meramente curiosos no quedarán muy satisfechos con la revelación especial de Dios.

Es necesario un comentario introductorio adicional en lo que se refiere a la relación de la revelación general con la revelación especial. Normalmente se asume que la revelación especial es un fenómeno necesario posterior a la caída debido al pecado humano. Con frecuencia se la considera un remedio. Por supuesto, no nos es posible saber el estatus exacto de la relación entre Dios y la humanidad antes de la caída. Simplemente no se nos ha dicho mucho acerca de ello. Puede que Adán y Eva tuvieran una conciencia tan clara de Dios que fueran conscientes de él en cualquier parte, en su propia experiencia interna y en su percepción de la naturaleza. Si es así, esta concienciación se podría considerar como una revelación general. Sin embargo, no hay ninguna indicación de que este fuera el caso. El relato de Dios buscando a Adán y Eva en el Jardín después de su pecado (Gn. 3:8) da la impresión de que era uno dentro de una serie de encuentros. Es más, las instrucciones dadas a los humanos (Gn. 1:28) sobre su puesto y actividad en la creación sugieren una comunicación particular del Creador con su criatura; no parece que estas instrucciones se puedan sacar simplemente de la observación del orden creado. Si es este el caso, la revelación especial precedió a la caída.

Sin embargo, cuando el pecado entró en la raza humana, la necesidad de una revelación especial se hizo más aguda. La presencia directa de Dios, la forma más directa y completa de la revelación especial, se perdió. Además, Dios tenía que hablar ahora de temas que no tenían importancia antes. Los problemas del pecado, la culpa y la depravación tenían que ser resueltos; se tenían que proporcionar los medios de expiación, redención y reconciliación. Y ahora el pecado había disminuido la comprensión humana de la revelación general, disminuyendo así su eficacia. Por tanto, la revelación especial tenía que convertirse en correctivo con respecto al conocimiento de Dios y a su relación con él.

Comúnmente se señala que la revelación general es inferior a la revelación especial, tanto en la claridad de su tratamiento como en la variedad de temas a considerar. La insuficiencia de la revelación general por lo tanto hace necesaria la revelación especial. Sin embargo, la revelación especial también necesita de la revelación general. Sin la revelación general, los humanos no poseerían los conceptos de Dios que les permiten conocer y entender al Dios de la revelación especial. La revelación especial se construye sobre la revelación general. La relación entre ellas es en cierto modo paralela a lo que Immanuel Kant encontró entre las categorías del entendimiento y el sentido de la percepción: “Los conceptos sin las percepciones están vacíos; las percepciones sin los conceptos están ciegas.” Los dos se necesitan mutuamente y están en armonía. Parece que hay conflicto entre ellos sólo si se desarrollan de forma aislada uno de otro. Tienen un tema y una perspectiva comunes, ofreciendo un entendimiento armonioso y complementario.

 

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