La glorificación del creyente
Es importante darse cuenta de que no sólo Cristo, todos los creyentes auténticos también serán glorificados. El Nuevo Testamento contiene varias caracterizaciones de esta futura dimensión de la salvación cristiana. Pablo dice: “nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Ro. 8:23). Esta es la etapa final en el proceso de la salvación, es una herencia garantizada por el Espíritu Santo: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13-14). Pedro también habla de una herencia: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo final” (1 P. 1:3-5). Es más, el Nuevo Testamento promete que nos salvaremos de la ira de Dios en el momento del juicio: “Con mucha más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira, porque, si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Ro. 5:9-10). En resumen, el creyente puede tener esperanza de una experiencia mucho más grande, que se describe como la adopción por Dios, la redención del cuerpo, una herencia no contaminada garantizada por el Espíritu Santo y el salvarse de la ira de Dios.
Pero ¿qué implica exactamente la glorificación del creyente? Uno de sus aspectos es la reivindicación total y final del creyente. La justificación que se produjo en el momento de la conversión se manifestará o se hará obvia en el futuro. Este es el significado de Romanos 5:9-10, que citamos en el párrafo anterior. En el capítulo 8, Pablo contempla el juicio futuro y pregunta quién acusará a los elegidos; como Cristo murió por nosotros y ahora intercede por nosotros, nadie lo hará (vv. 33-34). Ni lo presente ni lo por venir pueden separarnos del amor de Dios en Jesucristo (vv. 38-39). El juicio será la declaración final del estatus justificado del creyente (Mt. 25:31-46). Como un estudiante que está totalmente preparado para su examen, el cristiano se enfrenta al juicio final, no con temor, sino con expectación, sabiendo que el resultado será positivo.
En la glorificación el individuo también será perfeccionado, moral y espiritualmente. Varias referencias bíblicas apuntan hacia una finalización futura del proceso que se inició con la regeneración y continuó con la santificación. Uno de los textos más directos es Colosenses 1:22: “Ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprochables delante de él.” El concepto de estar sin mancha e irreprochables en un futuro lo encontramos también en Efesios 1:4 y Judas 24. La inocencia se menciona en 1 Corintios 1:8. Pablo ora por los filipenses para: “que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en toda comprensión, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprochables para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Fil. 1:9-11). Nuestra perfección moral y espiritual se obtendrá en parte mediante la eliminación de la tentación, porque la fuente del pecado, el mal y la tentación habrá sido vencida completamente (Apoc. 20:7-10).
La glorificación futura también traerá el conocimiento completo. En 1 Corintios 13:12, Pablo contrasta el conocimiento imperfecto que tenemos ahora con el conocimiento perfecto que vamos a tener: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido.” Nuestro conocimiento incompleto será reemplazado por una comprensión mucho más completa. Nuestro conocimiento se incrementará porque veremos al Señor; no tendremos que conformarnos simplemente con leer relatos escritos por los que le conocieron durante su ministerio en la tierra. Como dice Juan: “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).
Lo que hemos descrito hasta ahora podría denominarse la glorificación del alma (el aspecto espiritual de la naturaleza humana). También habrá una glorificación del cuerpo (el aspecto físico), en conexión con la resurrección del creyente. En la segunda venida de Cristo, todos los que murieron en el Señor resucitarán; y ellos, junto con los creyentes supervivientes, serán transformados. Tres pasajes en particular resaltan el cambio que se va a producir en el cuerpo del creyente. En Filipenses 3:20-21 Pablo dice: “Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso semejante al suyo, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. La palabra 'summorphon' (“como”) indica que nuestros cuerpos serán “similares en forma” al de Cristo. En 2 Corintios 5:1-5 Pablo visualiza el cuerpo que tendremos, un cuerpo eterno en naturaleza, no hecho por manos humanas, sino procedente de Dios. Será nuestra habitación celestial. Lo que es mortal quedará absorbido por la vida (v. 4). El tercer pasaje es 1 Corintios 15:38-50. Pablo compara el cuerpo que tendremos con el que tenemos actualmente:
1. El cuerpo presente es mortal, sujeto a enfermedades y a la muerte; el cuerpo de la resurrección será incorruptible, inmune a la enfermedad y a la decadencia.
2. El cuerpo actual está sembrado en deshonra; el cuerpo de la resurrección será glorioso.
3. El cuerpo actual es débil; el cuerpo de la resurrección será poderoso.
4. El cuerpo actual es físico ('psuchikon'); el cuerpo de la resurrección será espiritual.
Pablo señala que el gran cambio que sucederá en el momento de la llegada de Cristo será instantáneo: “Os digo un misterio: No todos moriremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados” (vv. 51-52). Bernard Ramm comenta: “En resumen, los cuatro atributos positivos del cuerpo resucitado se pueden identificar con la glorificación de ese cuerpo. Esta glorificación no es un proceso, no es un asunto de maduración, sino que ocurre de repente, de forma dramática, al fin del tiempo”.
Finalmente deberíamos señalar la relación entre la glorificación del creyente y la renovación de la creación. Como los humanos forman parte de la creación, su pecado y caída trajo ciertas consecuencias sobre ella como sobre ellos mismos también (Gn. 3:14-19). La creación en la actualidad está sujeta a vanidad (Ro. 8:18-25). Sin embargo, Pablo nos dice que “la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (v. 21). La naturaleza de la transformación que se va a producir se explica de forma más específica en Apocalipsis 21:1-2: “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo.” En ese momento Dios declarará: “Yo hago nuevas todas las cosas” (v. 5). La humanidad vivía originalmente en el lugar paradisiaco llamado el jardín del Edén; su residencia final será también un lugar perfecto: la nueva Jerusalén. Parte de la glorificación del hombre será la provisión de un ambiente perfecto en el que vivir. Será perfecto porque la gloria de Dios estará presente.
En esta vida los creyentes a veces lloran y sufren porque se sienten incompletos. Sin embargo, tienen una esperanza segura. La doctrina de la perseverancia les garantiza que nunca perderán la salvación que poseen. Y la doctrina de la glorificación promete que más adelante nos espera algo mejor. Seremos todo lo que Dios siempre pretendió que fuéramos. En parte nuestra glorificación se producirá con la muerte y la superación de las limitaciones de esta existencia terrenal; y en parte ocurrirá con la segunda venida de Cristo. Que después de eso seremos perfectos y completos es seguro.
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