Teología de la liberación
Uno de los movimientos vitales que actualmente proponen su especial punto de vista sobre la salvación es el grupo de las teologías a las que en su conjunto se ha denominado “Teologías de la liberación”. Podríamos subdividir este movimiento en teologías negras, feministas y del tercer mundo. Especialmente esta última es a la que se ha denominado teología de la liberación. Aunque algunas diferencias significativas ocasionalmente han producido conflicto entre estos grupos, hay suficientes puntos en común entre ellos como para permitirnos trazar algunas características básicas sobre su idea de la naturaleza de la salvación.
Una de las cosas en las que suelen hacer hincapié es en que el problema básico de la sociedad es la opresión y la explotación de las clases menos favorecidas por parte de aquellas que tienen el poder. La salvación consiste en rescatar (o liberar) de esa opresión. El método de la liberación se adecuará a la naturaleza de la situación específica.
El análisis que las teologías de la liberación hacen de la condición humana surge de dos fuentes:
1. Por una parte, existe un consenso de que el enfoque capitalista o “de desarrollo” de asuntos económicos y políticos es inherentemente equivocado e inadecuado. Los capitalistas mantienen que existe un proceso por el cual todas las sociedades deberían pasar. El problema con las naciones subdesarrolladas simplemente es que no han llegado tan lejos en el proceso como las naciones más industrializadas. Cuando las naciones subdesarrolladas vayan avanzando, sus problemas se irán resolviendo. Sin embargo, para los teólogos de la liberación está cada vez más claro que el desarrollo económico de las naciones más avanzadas, así como la prosperidad de las clases sociales altas, se consigue a expensas de los menos afortunados. Se puede ver en los países latinoamericanos el marcado contraste entre los lujosos edificios de apartamentos construidos al lado de los barrios de chabolas. Las corporaciones internacionales tienen éxito porque explotan la mano de obra barata en las repúblicas bananeras o en lugares similares. Las naciones ricas utilizan el poder militar para mantener subordinados a los países pobres. Si los países pobres imitaran las prácticas de los ricos, eso no daría como resultado la prosperidad para todos. La razón subyacente es que las naciones prósperas son prósperas precisamente porque mantienen a otras en la pobreza. La brecha entre los pobres y los ricos continúa creciendo. No sólo hay una gran cantidad de gente (incluso en Estados Unidos) viviendo en condiciones de pobreza; es que hay una gran cantidad de personas que literalmente no puede vivir. Además, hay millones que trabajan en condiciones degradantes e injustas.
2. La otra motivación para ver la salvación como la liberación de una explotación es la sensación que se tiene de que la Biblia se identifica con los oprimidos. Los teólogos de la liberación reconocen que su teología es parcial en su enfoque bíblico, pero responden que los escritores bíblicos comparten esta parcialidad. La historia de la obra redentora de Dios es una historia de grupos de gente oprimida. Desde luego el pueblo de Israel estaba oprimido por Egipto. Por supuesto el libro del Éxodo es una de las partes favoritas de la Palabra de Dios para los teólogos de la liberación. En la historia posterior, Israel también estuvo bajo el yugo de naciones más poderosas. Pensemos en los ataques de los filisteos y en la cautividad a manos de los asirios y los babilonios. La iglesia, en particular a medida que se iba extendiendo hacia territorio gentil, se iba llenando de personas sin poder, pobres y sin importancia en lugar de estar compuesta por personas de clase social alta. Justo y Catherine González resumen: “En primer lugar, ¿es cierto que la mayor parte de la Biblia está escrita desde la perspectiva de los que no tienen poder? Seguramente es así”.
La teología de la liberación, por la inclinación de Dios a hablar a través de los que carecen de poder, concluye que su mensaje de salvación les afecta a ellos en particular. Jesús confirmó esto en Lucas 10:21: “Yo te alabo, Padre, ...porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños”. Los sabios y los poderosos deben escuchar la palabra de Dios a través de personas sin poder como Natán, Amós, Pedro y Jesús o quedarse sin oírla.
Pero ¿cómo ven la naturaleza de la salvación específicamente las teologías de la liberación? Estas teologías no afirman ser teorías universales, sino que están muy unidas a realidades políticas concretas. Las teorías universales suelen resultar ser los conceptos teológicos de los varones blancos de clase media. Por el contrario, la teología negra dice ser una manera de romper con las influencias corruptas del pensamiento blanco para formular una teología que se construye sobre normas y surge de fuentes adecuadas para la comunidad negra.
De forma correlativa, las teologías de la liberación no consideran la Biblia universal en su naturaleza. Cuando se examina con atención, no parece ser un libro de reglas y verdades eternas, sino de historia específica. Y la historia específica de la Biblia no es sólo una mera narración de sucesos del pasado. También es un plan para la redención de la creación de Dios, una tarea política que hay que llevar a cabo.
Aunque la teología de la liberación se relaciona en particular con asuntos históricos y políticos concretos, no se considera a sí misma como simplemente una teología fragmentaria. Se preocupa y trata de toda la teología cristiana. No sólo de la liberación. Está diseñada para hacer un tratamiento de todas las doctrinas o temas de la teología tradicional, pero desde la perspectiva de la liberación.
La teología de la liberación no entiende que Dios sea el ser impasible, inmutable, no reconocible en el que tradicionalmente han creído la mayoría de los cristianos. Más bien, Dios es activo. Se implica en los padecimientos de los pobres. Una prueba de esto es su encarnación, mediante la cual Dios, en lugar de permanecer distante y seguro, vino a la tierra en la persona de Jesucristo y participó de los problemas humanos. En la teología de la liberación, el Dios permanente e inmutable del teísmo tradicional es en realidad un ídolo elaborado por aquellos que más tenían que perder con el cambio. Pero, al contrario, Dios está implicado activamente en el cambio. Esto significa que no es neutral. Ya que está a favor de la igualdad, Dios no puede ni debe trabajar igualmente por todas las personas. Si su justicia pretende la igualdad, tiene que obrar de forma desigual o compensatoria en un mundo que ya es desigual. Quizá la declaración más enfática a este respecto sea la hecha por James Cone: “La teología negra no puede aceptar una idea de Dios que no le represente a favor de los negros y en contra de los blancos. Viviendo en un mundo de opresores blancos, la gente negra no tiene tiempo para un Dios neutral”.
La idea que la teología de la liberación tiene de la salvación asume una visión particular de la humanidad y del pecado. La teología tradicional a menudo ha resaltado la humildad y la humillación propia como virtudes principales de la humanidad diseñada por Dios. El orgullo, por el contrario, se considera el pecado fundamental. El pecado a menudo se considera un asunto de actitud interna o de maldad privada. Sin embargo, según los liberacionistas, la Biblia no resalta la humildad, un atributo que a menudo conduce a la aceptación de la opresión. Más bien, en pasajes como Salmos 8, la Biblia exalta al ser humano. Es más, la Biblia no considera el orgullo interno como el pecado principal. Sirviendo al interés del poderoso a este respecto como en tantos otros, la teología y la predicación cristiana han tendido a ignorar el tipo de pecado que más a menudo condena la Biblia: “¡Ay de los que juntan casa a casa y añaden hacienda a hacienda hasta ocuparlo todo!” (Is. 5:8).
Los teólogos de la liberación dicen que no hay que considerar la salvación principalmente como la vida del individuo después de la muerte. La Biblia se preocupa mucho más del reino de Dios. Incluso la vida eterna se suele colocar en el contexto de un nuevo orden social y no se considera tanto sacarle a uno de la historia como hacerle que forme parte de su culminación. Entender que el objetivo de la historia es hacer justicia nunca ha sido muy popular entre los poderosos. Si, como dice la formulación tradicional, la historia y la eternidad son dos realidades paralelas (esto es, nunca llegan a cruzarse), nuestro objetivo en la historia es conseguir el acceso a la eternidad. La mejor manera de conseguir eso es ser humildes y aceptar. Como la principal preocupación del ser humano es que su alma vaya al cielo, en realidad los que explotan el cuerpo pueden estar ofreciendo un servicio. Pero como dicen González y González, si la historia y la eternidad se cruzan: “si la salvación ha de entrar en un nuevo orden que incluya a todos los seres humanos, entonces tenemos que luchar contra todo lo que en este momento niega ese orden”. Salvar a todas las personas de la opresión es el objetivo de la obra de Dios en la historia y por tanto debe ser la tarea a realizar por los que creen en él, utilizando todos los medios posibles, incluyendo los políticos e incluso la revolución si es necesario.
El medio de la salvación de la Teología de la Liberación
Para entender el concepto que tiene la teología de la liberación sobre los medios de la salvación debemos observar primero la idea que tiene de la naturaleza de la teología. En su "Teología de la liberación", que significativamente se subtitula "Historia, política y salvación", Gustavo Gutiérrez observa que la idea básica de la naturaleza de la teología ha sufrido una transformación radical. Originalmente, la teología era simplemente meditar sobre la Biblia; su objetivo era la sabiduría y el crecimiento espiritual. Después la teología se empezó a ver como un conocimiento racional, una reflexión sistemática y crítica del contenido de la fe cristiana. Sin embargo, en los últimos tiempos ha habido un cambio considerable en la manera de entender la fe. La fe ya no se considera la afirmación de las verdades, sino un compromiso total de uno mismo con los demás. El amor es el centro de la vida cristiana y de la teología. La espiritualidad no es una contemplación monástica, sino una actividad que se desarrolla en el mundo, poniéndose el énfasis en las dimensiones profanas de la vida.
Gutiérrez define la salvación como la liberación a tres niveles diferentes. El primer nivel de liberación tiene que ver con “las aspiraciones de la gente y las clases sociales oprimidas, resaltando los aspectos conflictivos de los procesos económicos, sociales y políticos que les ponen en conflicto con las naciones ricas y las clases sociales opresoras”. Gutiérrez se opone con vehemencia a aquellos que mantienen que el desarrollo natural dentro de un marco básicamente capitalista resolverá todos los problemas del mundo. El segundo nivel tiene que ver con que el hombre asuma “la responsabilidad consciente de su propio destino”. El tercer nivel es Cristo el Salvador liberando al hombre del pecado.
Gutiérrez considera que la salvación tiene naturaleza escatológica. Sin embargo, no tiene en mente una liberación sobrenatural de las condiciones de la vida aquí. Más bien, piensa en la apertura de la historia al futuro. No un escape de la historia, sino la consecución de los ideales fundamentales en la historia futura; ese es el objetivo hacia el que nos dirigimos. Es más, aunque los teólogos de la liberación se toman muy en serio la dimensión escatológica del mensaje cristiano y la Biblia, no debemos asumir que su interés en la escatología signifique que su enfoque básico sea aplicar el mensaje bíblico a las situaciones históricas. Más bien, es lo contrario: pasan de su experiencia de la realidad a la teología. Esto es lo que Juan Luis Segundo ha descrito como “el círculo hermenéutico”. Su experiencia de la realidad lleva a los teólogos de la liberación a cuestionar las teologías predominantes, después las suposiciones teológicas que hay tras esas ideologías y finalmente a la hermenéutica. Los teólogos de la liberación rechazan la teología ortodoxa occidental porque esta no es capaz de encajar con su experiencia de la vida, no por los nuevos desarrollos en la exégesis.
¿Cómo se produciría la necesaria liberación económica? Una solución que se ha venido proponiendo es el desarrollo. La idea de que trabajando dentro de una estructura básicamente capitalista sería posible mejorar las condiciones de los pobres. Sin embargo, Gutiérrez considera esta una medida tímida. No funcionaría intentar provocar cambios en el orden existente. Más bien, dice: “una ruptura radical con el estado actual de las cosas, o sea, una profunda transformación del sistema de propiedad privada, el acceso al poder de las clases explotadas y la revolución social que rompería esta dependencia permitiría el cambio hacia una nueva sociedad, una sociedad socialista; o al menos haría posible un tipo de sociedad así”.
Por el énfasis en la transformación de los sistemas actuales, está claro que la teología de la liberación ve la salvación como una liberación para todas las personas. La salvación significa la igualdad económica, política y racial para todos. La obra de Dios en esta dirección se consigue por varios medios, no sólo con la iglesia y la práctica de la religión. De hecho, la salvación se efectúa principalmente por medio de los procesos políticos, e incluso en ocasiones a través de la revolución y la violencia.
Al evaluar el concepto de salvación que tiene la teología de la liberación, hay que concederle que, de los tres niveles, Gutiérrez identifica como el más básico el de que Jesús nos libera del pecado. Sin embargo, en la práctica el énfasis lo pone en los aspectos político y económico. Nadie pone en duda, por supuesto, que a Dios le preocupen estos aspectos de la vida, como una lectura de los profetas menores (por ejemplo Amós) nos indica. Sin embargo, lo que se puede cuestionar más seriamente es si estos aspectos tienen tanta importancia como la que le dan los teólogos de la liberación. Es más, el tema crucial de las Escrituras es nuestra atadura al pecado, y la separación y distanciamiento de Dios que el pecado ha provocado. Incluso el éxodo, la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, no era principalmente un asunto político. De hecho, si examinamos los relatos bíblicos detenidamente, veremos que el propósito principal del éxodo era que Dios estableciese una relación especial con Israel para que pudieran disfrutar de las bendiciones espirituales que él tenía reservadas para su pueblo especial. La libertad política, la suficiencia económica y la salud física, por importantes que sean, son secundarias para el destino espiritual. Esta es una implicación que se extrae de las palabras de Jesús: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno” (Mt. 5:29-30). Si nuestro análisis es correcto, el defecto de la teología de la liberación no es tanto lo que dice, sino como lo que no dice. No se dice nada en absoluto de lo que indica claramente el Nuevo Testamento que es la principal dimensión de la salvación.
También debemos comentar sobre la defensa que la teología de la liberación hace de la violencia por parte de los pobres y oprimidos. Es de destacar que esta posición parece estar en conflicto con algunas de las declaraciones hechas por Jesús, tales como las exhortaciones a poner la otra mejilla (Mt. 5:39; Lc. 6:29) y amar a los enemigos (Mt. 5:44; Lc. 6:27, 35). Aunque es posible argumentar de forma sólida en cuanto al uso de la fuerza en alguna ocasión (por ejemplo en una guerra justa), los teólogos de la liberación no han establecido un argumento adecuado para utilizar la fuerza en esta situación.
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