La condición humana y Cristo
Otro factor crucial en nuestra forma de entender la expiación es la naturaleza y condición de la humanidad. Hemos señalado antes algunas teorías sobre el pecado original, con lo que no queremos decir que los humanos sean tan perversos como sea posible, sino que al final son incapaces de hacer nada para salvarse o salir por sí mismos de su situación de pecadores. Al ser esto así, era necesario que la expiación, hacer por la humanidad lo que era necesario hacer, fuera llevada a cabo por alguien en nombre de la humanidad.
Nuestra manera de entender la naturaleza de Cristo es crucial aquí. Señalamos que Cristo es a la vez Dios y hombre . Es la eterna, preexistente, Segunda Persona de la Trinidad. Es Dios en el mismo sentido y en el mismo grado que el Padre, un sentido en el que ningún otro humano ha sido ni será divino nunca. A su deidad añadió humanidad. No abandonó su deidad en ningún aspecto, únicamente el ejercicio independiente de sus atributos divinos.
Para nosotros la humanidad de Jesús significa que su muerte expiatoria es aplicable a los seres humanos. Como Jesús era realmente uno de nosotros, pudo redimirnos. No era uno de fuera intentando hacer algo por nosotros. Era un genuino ser humano representándonos al resto de seres humanos. Esto queda implícito en lo que Pablo dice en Gálatas 4:4-5: “Dios envió a su Hijo.... nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley.”
No es sólo que Jesús sea humano; es que es completamente humano. No sólo tomó la naturaleza física de un ser humano, sino también toda su composición psicológica. Sintió toda la extensión de las emociones humanas normales. Por tanto, fue capaz de redimir a toda la naturaleza humana, porque asumió todo lo que significa ser realmente humano.
Además, la muerte de Jesús tiene valor suficiente para redimir a toda la humanidad. La muerte de un humano normal y corriente casi no tiene valor suficiente para cubrir sus propios pecados, mucho menos los de toda la humanidad. Pero la muerte de Jesús tiene un valor infinito. Como Dios, Jesús no tenía por qué morir. Al morir hizo algo que Dios nunca hubiera tenido que hacer. Como no tenía pecado alguno, no tenía que morir para pagar por sus propios pecados. Por tanto su muerte puede redimir los pecados de toda la humanidad.
Crea tu propia página web con Webador